Perfil defensivo, la clave para sobrevivir en Bolsa en agosto

La crisis turca y la guerra comercial aceleran las ventas en un mercado que quedará huérfano de estímulos monetarios

Los gestores siguen recomendando cautela y la rotación de la cartera hacia posiciones más conservadoras

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Agosto acaba de confirmarse como un mes plagado de curvas para los inversores. El caldo de cultivo ya era de por sí inquietante, con la guerra comercial sobrevolando de forma continua el mercado, convertida en el riesgo más acuciante para los gestores. La buena campaña de resultados empresariales había ayudado a enderezar el rumbo bursátil en el mes de julio, pero las ventas han vuelto con fuerza a la Bolsa europea y el Ibex ha regresado esta semana a los mínimos anuales. Quien decidiera comprar en febrero tras la corrección se encuentra ahora su inversión en punto muerto.

El mes de agosto ha reavivado el temor al estallido del conflicto comercial entre Estados Unidos y China, que han subido un peldaño más en su escalada de aranceles mientras, en paralelo, han anunciado un encuentro en Washington a finales de mes para abordar su tensa relación comercial. El mercado lleva meses moviéndose como un péndulo en función de si esa relación se complica más o menos ya que la amenaza de guerra comercial no es sino la punta del iceberg de un movimiento que puede ser mucho más profundo.

No en vano, el desafío proteccionista lanzado por Donald Trump está creando un efecto bola de nieve y tiene la capacidad de amplificar su impacto en un momento de vulnerabilidad como el actual. Así, un conflicto comercial capaz de ralentizar el crecimiento económico global puede sorprender a los inversores encajando la retirada de estímulos de los bancos centrales, algo que ya ha empezado a sufrir de primera mano Turquía.

La crisis de la lira turca ha puesto en evidencia estos días las debilidades que presentan algunos países emergentes y que empiezan a aflorar de forma traumática a medida que suben los tipos de interés en Estados Unidos. En economías con un fuerte peso de deuda en dólares, ese alza de tipos y el encarecimiento del dólar complican los pagos y acentúan la retirada de capitales si hay otros desequilibrios, como es el caso de Turquía, con un elevado déficit exterior, alta inflación y un banco central bajo una fuerte influencia política.

Comprar ahora aprovechando la caída no está tan claro como en la corrección de febrero. Quien compró entonces está en tablas

La lira turca terminó por estallar hace una semana ante la presión que el alza del dólar está inyectando en el conjunto de los emergentes y presa también de sus propias debilidades internas. Y el detonante vino también desde EE UU, con nuevos aranceles y sanciones por parte de Donald Trump. Así, la política de la Casa Blanca está enturbiando de forma intensa e imprevisible un contexto de mercado ya vulnerable, que explica el castigo generalizado que han sufrido estos días las divisas emergentes.

Los expertos coinciden en que la crisis turca no es un riesgo sistémico, aunque sí ha sido la gota que ha colmado el vaso en un mercado sobre el que pesan múltiples factores. “Mientras Turquía lucha con sus propios desafíos internos, el contexto exógeno para todos los mercados emergentes sigue siendo problemático. El retiro de liquidez por parte de los bancos centrales es el problema más pertinente para todos los mercados en la actualidad, y hay pocas probabilidades de que este viento en contra varíe su rumbo en el corto plazo. Las tensiones comerciales actuales entre EE UU y China son un obstáculo adicional para los emergentes dada la sensibilidad de éstos al comercio mundial”, explica Paul Greer, gestor de fondos en Fidelity International.

Turquía y Argentina, que ha terminado por pedir un rescate al FMI, son por el momento los ejemplos más claros del impacto de la nueva era de alza de tipos que se avecina. Pero ¿cómo puede influir el fin de los estímulos de los bancos centrales en la inversión? ¿Es momento de aprovechar para comprar o es preferible vender si la situación termina por estallar por el eslabón más débil, el de los países emergentes?

Turquía no tiene capacidad para desestabilizar el crecimiento global. Yo estaría más preocupado ante la retirada de las compras del BCE (que se reducen a la mitad a partir de septiembre) y la menor liquidez global”, explica Mario Lafuente, de atlCapital. La posición de la firma en Bolsa es neutral , después de haber aprovechado la corrección del pasado febrero para comprar. “Ahora no hemos modificado posiciones, únicamente hemos rebajado un poco la posición larga en dólares a raíz de la crisis turca”, explica Lafuente.

La crisis turca y los nuevos episodios de tensión comercial ya han encontrado a los inversores con una visión del mercado mucho cautelosa que a principios de año. La apuesta por la renta variable se mantiene de forma generalizada, pero de una manera mucho más selectiva y cada vez más sesgada hacia los valores defensivos.

Acontecimientos como el contagio causado por Turquía al conjunto de los emergentes –y ya sofocado en gran medida– confirman la validez de esta medida. Así, el temor por Turquía se cebó con BBVA, el banco europeo más expuesto al país, y contagió al resto del sector. La gran banca española se juega de hecho en mercados emergentes como Turquía, Brasil o México buena parte de sus resultados. Y la inquietud sobre el crecimiento mundial que crea la guerra comercial afecta en especial a los sectores más ligados al ciclo económico, como la banca.

“Bancos y sector financiero se mantienen como el único activo barato, pero el horizonte de resultados puede ser aún duro”, apunta Dave Lafferty, estratega jefe de mercados de Natixis IM. En su opinión, y a pesar de los obstáculos, “hay todavía una ventana para los retornos positivos en Bolsa pero sospechamos que el trayecto supondrá un desgaste, con dos pasos adelante y uno atrás. Esa ha sido la tónica del mercado desde la corrección de febrero”.

Otro de los factores que pesan estos días sobre el mercado es China y las señales de desaceleración de su economía, que podría acentuarse con la guerra comercial. Según advierte Juan Fernández-Figares, director de análisis de Link Securities, “todo parece indicar que los inversores, ejerciendo la crisis turca como toque de atención, han comenzado a temer por la ralentización del crecimiento mundial, siendo China la principal preocupación”. El gigante asiático publicó esta semana datos de ventas minoristas, inversión en capital y producción industrial de julio por debajo de lo esperado, que apuntan a una ralentización del crecimiento, que los inversores temen puede ir a más si la tensión comercial con EE UU no se reconduce en el corto plazo.

Una de las fechas clave que los gestores tienen en el calendario son las elecciones legislativas de noviembre en Estados Unidos, tras las que se espera que Donald Trump pueda rebajar la dureza de su discurso sobre guerra comercial o las sanciones a Rusia, Irán o Turquía. “Esperamos que la tensión comercial se vaya suavizando con las legislativas en EE UU”, señala Beatriz Catalán, gestora de Ibercaja Gestión, quien también reconoce que “ahora no está tan claro comprar como en febrero”.

La gestora ya tomó de cara al verano la decisión de rebajar ligeramente posiciones de inversión y si bien en el momento actual observa oportunidades de compra –especialmente evidentes en el sector bancario– también insiste en hacerlo de manera muy selectiva. “Este año no es tanto de inversión en índices o zonas geográficas sino de sectores y valores. La rotación entre sectores está siendo lo más importante y el mercado ofrece ahora la oportunidad de cambiar a posiciones más defensivas”, añade.

En opinión de Catalán, todavía queda recorrido alcista, con fortaleza en la economía y en los resultados empresariales, si bien hay que apurar ese potencial de modo mucho más selectivo. Así, el Ibex pierde en lo que va de año el 6,24%, mientras que el Ibex Small Cap repunta el 14%, prueba de la ganancia que encierran los pequeños valores ajenos al selectivo. Y el ejemplo indiscutible de sector que sube contra viento y marea es el tecnológico, que continúa acaparando la predilección de los inversores.

En definitiva, la inversión selectiva y la aceptación de rentabilidades menores a las del pasado son la consigna para mantener la inversión en Bolsa. “No hay probabilidad alguna de que los bancos centrales sean capaces de regresar a la normalidad monetaria sin causar ningún dolor”, advierte Lafferty.

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