Elecciones italianas a la vista: ¿Qué deben esperar los inversores?

Los comicios del día 4 auguran dificultades para formar gobierno aunque no se prevé impacto notable en mercado

El Movimiento 5 Estrellas, el más temido por los inversores, tendría muy difícil triunfar con la nueva ley electoral

Elecciones italianas
Un mitín del partido de extrema derecha Liga Norta, en Milán.

Italia celebrará el próximo domingo 4 de marzo elecciones generales, sin que en esta ocasión los inversores estén especialmente inquietos con los resultados y ello a pesar de que las encuestas y el enrevesado tablero político no auguran un país fácil de gobernar. El riesgo político no está en este momento en la primera línea de las preocupaciones de los inversores, centrados en la velocidad a la que subirán los tipos de interés en EE UU y en anticiparse a la fecha de caducidad del largo ciclo alcista actual.

Pero lo que suceda en la tercera mayor economía de la zona euro es siempre motivo de atención, aunque sea como elemento secundario y aunque Italia esté muy lejos de acaparar los focos del parqué como lo hizo en otras épocas. Ni la Bolsa ni la deuda soberana italianas sufren la inestabilidad de los tiempos en que más se temía por la elevada carga tóxica de sus bancos –con capacidad para agitar el conjunto del mercado europeo en el otoño de 2016– ni mucho menos la convulsión de cuando Silvio Berlusconi abandonó el gobierno de forma abrupta para ser sustituido por el tecnócrata Mario Monti, allá por noviembre de 2011.

Aun así, sobre Italia sigue pesando una cierta penalización por su constante incertidumbre política. La ola de populismo que recorre Europa a consecuencia de la crisis también ha anidado con fuerza en Italia y el avance del Movimiento 5 Estrellas, que cosechó granes éxitos en las municipales de 2016, es visto con recelo por los inversores. De hecho, si las elecciones italianas del próximo domingo no presiden la agenda inversora de estos días es porque, pese a su apoyo electoral, no se espera que 5 Estrellas pueda llegar a formar gobierno. Además, la formación ha renunciado a la idea de someter a referéndum la permanencia en el euro, para alivio de los parqués.

“Las elecciones en Italia pueden ser notoriamente difíciles de predecir, pero el resultado más probable sería un nuevo gobierno de la actual coalición de centroderecha o una nueva coalición de PD (Partido Democrático) y el centro derecha”, prevé Mauro Vittorangeli, director de inversiones de renta fija de Allianz Global Investors. El experto va más allá y afirma que “los mercados deberían absorber cualquier evento con calma. Incluso si los diferenciales de los bonos se amplían, creemos que Italia sigue ofreciendo buenas oportunidades de inversión, siempre y cuando el centro se mantenga”. El secreto de la tranquilidad con que se observa la proximidad de las elecciones italianas está por tanto en esa expectativa de continuidad y en que una gran coalición de centro acabe formando gobierno, favorecida por la reforma electoral pactada entre Berlusconi y Renzi y aprobada en octubre del año pasado.

El gobierno italiano tiene pendiente presentar a Bruselas un ajuste presupuestario para evitar un expediente por el déficit

Así, pese a contar con un respaldo electoral cercano al 30% del voto, el Movimiento 5 Estrellas difícilmente podrá obtener los votos suficientes que, de acuerdo con esa nueva ley, le permitirían gobernar en solitario. “La nueva ley electoral de Italia favorece a las fuerzas políticas establecidas, que pueden formar coaliciones más grandes”, reconoce Vittorangeli. A esto se añade que la formación que ahora lidera Luigi di Maio –con el carismático Beppe Grillo ausente de la campaña– ha lanzado a su electorado la promesa de alcanzar el 40% del voto con tal de evitar un gobierno en coalición –supuesto improbable en cualquier caso ante la previsible dificultad de encontrar un socio dispuesto–. Y según los sondeos, las cuentas no salen para alcanzar ese 40%.

UBS también advierte de la elevada incertidumbre que rodea el resultado de las elecciones italianas, a la vista de que las encuestas no dan una mayoría rotunda a ninguna formación. El escenario principal que contempla el banco suizo es el de la creación de una gran coalición de centro de los grandes partidos (que incluya a la formación de centro izquierda de Renzi y a la Forza Italia de Berlusconi) bajo el liderazgo de un tecnócrata o del mismo primer ministro actual, Paolo Gentiloni. “Este escenario sería del agrado del mercado, garantizaría estabilidad”, explica.

Cita también con Alemania

Es la fecha para las elecciones generales italianas y también para conocer el resultado de la consulta lanzada a las bases del SPD sobre el acuerdo de gran coalición alcanzado por su cúpula con la formación conservadora de Angela Merkel.

Los más de 460.000 socios del SPD está llamados a votar si respaldan o no el acuerdo hasta el 2 de marzo.  En caso de una mayoría contraria a volver a pactar con Merkel, la mayor economía de la zona euro se sumergería en una incierta situación política, cinco meses después de la celebración de las elecciones. Las opciones de Merkel pasarían por gobernar en minoría o por unos nuevos comicios.

“En caso de que las elecciones no sean concluyentes, esperamos que los partidos y las instituciones trabajen para formar una gran coalición. El riesgo de unas segundas elecciones, sin embargo, no debe subestimarse”, añaden desde Deutsche Bank, que pone además el foco en el desafío económico que tiene pendiente Italia una vez pasen los comicios.

El gobierno italiano, según establece la legislación nacional, deberá presentar ante el Parlamento un presupuesto para los próximos tres años que servirá de base para las cuentas públicas que debe enviar a la Comisión Europea a finales de ese mes. Bruselas ya advirtió en noviembre que Italia estaba en el grupo de países que podían incumplir este año con las normas presupuestarias europeas, arriesgándose por tanto a la apertura de un expediente por déficit excesivo.

“Tal como están las cosas, Italia no cumple con las normativas fiscales de la UE y, sin algunos ajustes, Roma estaría en camino de colisionar con Bruselas. De momento, la brecha no es muy grande y se espera que haya acuerdo entre las partes”, puntualizan desde Deutsche Bank. El ajuste fiscal necesario para cumplir con Bruselas es de alrededor de 3.000 millones de euros, el equivalente al 0,2% del PIB de 2017 y 2018, que no figura precisamente en ninguno de los programas electorales. “Cualquiera que sea el resultado de las elecciones, la posición fiscal estará en el centro de atención. Por ahora, todas las partes prometen políticas expansionistas”, advierte Deutsche.

México y Brasil, focos de tensión en próximos meses

Elecciones italianas a la vista: ¿Qué deben esperar los inversores?
Efe

Aún no ha aflorado como riesgo para la Bolsa española, pero los inversores van a seguir muy de cerca las elecciones que se celebrarán en los próximos meses en México y Brasil, donde las empresas españolas se juegan buena parte de su exposición internacional.

México celebra elecciones presidenciales el 1 de julio y Brasil, la primera vuelta de las suyas el 7 de octubre. Y aunque aún es pronto para anticipar resultados, los líderes populistas lideran las encuestas y amenazan con alejar a ambos países de la senda de reformas estructurales tan del gusto de los inversores. “En los próximos meses será relevante seguir la evolución del panorama electoral en estos países, donde muchos valores españoles tienen una exposición relevante”, advierten en MacroYield.

En México, lidera los sondeos la coalición de izquierdas de López Obrador, cuya victoria “es la opción que, en principio, tendría peor acogida en el mercado”, añaden en MacroYield. En la cuenta atrás para los comicios –la campaña electoral comienza el 30 de marzo–, la economía mexicana afronta un desafío mucho más inmediato, la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que comienza la próxima semana la séptima y última ronda de conversaciones, en el objetivo de cerrar un acuerdo en marzo. “Los resultados de ambos desarrollos pueden estar correlacionados: un trato exitoso del TLCAN reduciría la probabilidad de victoria de López Obrador y viceversa”, apuntan desde UBS. El banco suizo advierte que “con tanta ambigüedad, los inversores deben permanecer ágiles y selectivos en su exposición a activos de México”.

Hasta el momento, según apuntan en MacroYield, la Bolsa mexicana y el peso están cotizando más el curso de las negociaciones del TLCAN que las elecciones. “De hecho, el principal determinante de lo que le ocurre al tipo de cambio peso-dólar desde hace un año y medio es Trump”, zanjan en BBVA. Y pese a las incertidumbres, en UBS también destacan la resistencia de la economía mexicana, para la que prevén un crecimiento del 2,2% en 2018 tras el 2,3% de 2017.

En Brasil, “la victoria de un candidato populista en las elecciones presidenciales podría descarrilar el progreso de las reformas y llevar a un deterioro de la situación fiscal”, en opinión de UBS. Por el momento, la Bolsa brasileña vive un momento de euforia, con el Bovespa en máximos históricos y una ganancia en lo que va de año de más del 13%, aunque el riesgo político está latente. BBVA prevé que las tensiones políticas aumenten en el mercado a medida que se acerquen las elecciones de octubre. El escenario base del banco es que la economía se seguirá recuperando –con alzas del PIB en 2018 del 2,1% y del 3% en 2019– y se afrontará el problema fiscal con una reforma de la seguridad social y otras medidas a partir del inicio del próximo gobierno. Pero apunta que “no se puede descartar que los riesgos políticos y fiscales se materialicen, frenando la recuperación e incluso generando un nuevo episodio de retroceso económico”.

El gran temor de los inversores es Lula da Silva, condenado recientemente a 12 años de cárcel por corrupción y con mínimas opciones de ser candidato. Un líder alternativo de su partido, el Partido de los Trabajadores, bien podría beneficiarse de su popularidad para llegar a la presidencia. Y entre las alternativas populistas aparece también el exmilitar ultraderechista Jair Bolsorano, de perfil proteccionista y considerado una suerte de Trump a la brasileña.

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