El gas lucha por desplazar al carbón en el camino hacia las energías limpias

Enagás estima que la demanda total de gas en España subirá este año entre el 4,5% y el 5%

Bloomberg New Energy Finance prevé el mayor crecimiento anual desde Fukushima

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El mundo camina de manera inevitable hacia la producción de energía limpia. La cumbre de París estableció que el 80% de la energía final consumida en 2050 debía proceder de fuentes renovables. La cuestión es cómo y a qué velocidad se hace ese recorrido.

La mala imagen que arrastra la energía nuclear por los residuos y las catástrofes, así como las grandes emisiones de las plantas de carbón, han puesto el foco sobre el gas, cuya demanda se ha visto incrementada de manera consecutiva en los últimos tres años. La compañía de infraestructuras Enagás estima que este año la demanda total en España se incremente entre el 4,5% y el 5%.

La renovación del parque automovilístico es un paso en el camino de la descarbonización energética

Antonio LLardén (Enagás)

Aunque no se trata de un fenómeno únicamente español. Los investigadores de Bloomberg New Energy Finance predicen que la demanda mundial anual de gas natural licuado alcance las 280 millones de toneladas este año. “Este aumento del 8,8% representa el mayor crecimiento interanual desde el desastre de Fukushima en 2011”, se explica en el informe Global LNG Outlook 2017.

Asimismo, el equipo de BNEF estima que la solicitud de esta fuente energética crecerá durante los próximos siete años y podría alcanzar los 479 millones de toneladas en 2030, lo que significa un alza media anual del 4,5%.

Las estrategias de cómo afrontar la transición energética difieren según el país. “El proceso de descarbonización es imparable. No hay ningún país que pueda ser autárquico en materia de energía”, sostuvo Antonio Llardén, presidente de Enagás, en el congreso de Ceapi.

El sector gasista pide que el gas sustituya progesivamente al carbón y a la nuclear como energía de respaldo de las renovables en la transición energética. “Con la sustitución por gas de otras tecnologías más contaminantes se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero de forma económicamente sostenible; es fácil a corto plazo y con impacto inmediato”, apunta Antoni Peris, presidente de Sedigas, asociación española del gas. “Hay que desplazar al carbón y eso implica apostar por el gas natural”, coincide Alejandro Bulgheroni, presidente de la petrolera Bridas.

Un desplazamiento del carbón por el que también apuestan desde el sector de los combustibles limpios. “De las fuentes de energía convencionales, el gas es el más compatible con las renovables. Es preferible quemar gas a carbón, tiene la mitad de emisiones. Será la última en cerrar”, pronostica el ingeniero industrial Jorge Morales de Labra, vicepresidente de la Fundación Renovables.

Largo plazo

Las diferencias surgen en la estrategia a seguir en el largo plazo. El sector gasista defiende la continuidad del gas en el futuro como energía de respaldo cuando no haya viento o sol. “Hoy por hoy, el gas natural es la única energía capaz de ser pieza angular en el mix y una solución a largo plazo”, difiere Peris.

Por otro lado, desde las renovables señalan que el gas no será necesario a largo plazo. “Si hablamos de 2050 no habrá gas, no hará falta”, afirma Morales de Labra. El ingeniero explica que existen energías renovables que se pueden gestionar, como la geotermia o la biomasa.

El almacenamiento de energía ha mejorado en los últimos años y la digitalización permitirá una mejor gestión de la demanda. “Las baterías están teniendo una evolución muy grande con el coche eléctrico. Los costes de almacenamiento empiezan a ser muy competitivos”, resalta Morales de Labra.

¿Qué cambios se producen?


Reino Unido. Este país encabeza la reducción de emisiones en Europa. La producción de electricidad en Reino Unido ha cambiado significativamente gracias a la introducción del sistema Carbon Price Floor, que establece un precio mínimo para el carbono para los generadores de energía. Mientras que en 2012 un 40% de la electricidad procedía del carbón y un 28% del gas, el año pasado el 43% provino del gas y solo un 9% del carbón.

España. Las energías renovables generaron el 41% de la electricidad en 2016, según Red Eléctrica. Las fuentes de energía restantes fueron un 21% de la nuclear, un 14% del carbón y un 20% del gas (un 10% de ciclos combinados y un 10% de cogeneración).

Inversión. “Se deben priorizar las acciones con tecnologías probadas y de coste asumible, promocionando la sustitución de combustibles por otros menos contaminantes y aprovechando al máximo las infraestructuras existentes. España ya ha acometido inversiones en infraestructuras gasistas que permiten a día de hoy la diversidad de suministro”, defiende Antoni Peris, de Sedigas.

Baleares. Existen iniciativas a nivel autonómico, como el Plan de Transición Energética de Islas Baleares, que plantea cerrar la central térmica de Es Murterar (Mallorca). El objetivo es reducir la dependencia del carbón, lo que implicará una mayor generación de gas y el despliegue de renovables.

El refuerzo en las interconexiones que promueve la Unión Europea (al menos un 10% de la potencia instalada para 2020) puede suavizar las limitaciones requeridas en escenarios de elevado nivel de producción de energía de origen renovable, comentan desde Red Eléctrica. En la actualidad, cuando hay exceso de viento se paran los parques eólicos, cuando se podría exportar hacia otros países.

Transporte urbano

Uno de los sectores donde el gas puede jugar un papel fundamental es en el transporte, donde actualmente predomina el petróleo. Muchos ayuntamientos han renovado sus flotas de autobuses con vehículos propulsados por gas. “El gas natural, por sus características intrínsecas de energía limpia, debe tener un papel primordial en sectores como el transporte y el residencial, responsables ambos de la mayoría de emisiones”, apunta Peris.

Madrid acogió el pasado fin de semana la feria Expo Autogás 2017, en la que marcas como Fiat, Opel y Peugeot mostraron sus productos propulsados por gas licuado de petróleo (GLP), conocido como autogás. Este combustible ya lo usan más de 50.000 vehículos en las carreteras españolas.

Estos autos ahorran hasta un 40% en el coste por kilómetro recorrido y cuentan con la etiqueta Eco que otorga la Dirección General de Tráfico (DGT) . “En el camino largo de avanzar hacia la transición, no conviene olvidar pasos que se pueden dar, como la renovación del parque automovilístico”, concluye Llardén.

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