¿Cómo garantizar la rentabilidad de los bosques?

Los incendios, el abandono rural y el cambio climático son las principales amenazas forestales

Bosque de hayas y robles en el municipio de Pesaguero, en la comarca de Liébana (Cantabria)
Bosque de hayas y robles en el municipio de Pesaguero, en la comarca de Liébana (Cantabria)

El hayedo de Montejo (sierra norte de Madrid) está superpoblado. Su densidad es excesiva, hasta 9.000 árboles por hectárea; muchos son grandes, viejos y no dejan pasar la luz, cuenta Luis Gil, profesor de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM).

Las encinas, que suponen el 45% de la superficie arbolada, están en peor situación, añade. La seca (un hongo que obstaculiza la absorción de agua) afecta sobre todo a las dehesas extremeñas, aunque se extiende a Andalucía, Castilla y León y Castilla-La Mancha. La falta de gestión forestal, con el consecuente abandono rural, es la principal problemática que afecta a los bosques españoles, junto con el cambio climático.

Pero, a diferencia de otros países, no hay una presión excesiva sobre los recursos ni deforestación, aclara Sergio de Miguel, investigador de la Universidad de Lleida (UDL). “España es uno de los países europeos con mayor superficie forestal (el 54%), y aumenta progresivamente desde hace décadas precisamente por el abandono de la actividad agrícola. Es un problema de calidad, no de cantidad”, explica.

Esa falta de gestión y de éxodo rural hacen, por ejemplo, que los montes almacenen grandes cantidades de combustibles –como se denomina técnicamente–, es decir, un cúmulo de vegetación que puede provocar incendios más intensos, hasta el punto de que superen las capacidades de los cuerpos de extinción, apuntan Luis Gil, de la UPM, y Sergio de Miguel, de la UDL.

La falta de gestión forestal puede provocar incendios más intensos por la acumulación de vegetación, advierten los expertos  

O que reduzcan su biodiversidad, al impedir que se desarrollen otras plantas o especies que equilibran el ecosistema, como sucede en el hayedo de Montejo o en el pirineo con el urogallo, en extinción por la proliferación del jabalí y la disminución de los frutos silvestres.

“Nos gustaría que los bosques estuvieran más gestionados de lo que están. En eso está trabajando el ministerio”, reconoce José Manuel Jaquotot, subdirector general de Silvicultura y Montes del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente.

Este organismo acaba de crear un grupo de trabajo –autonomías afectadas, universidades y científicos– para “buscar una solución a la enfermedad de la seca”. También impulsa una campaña de concienciación: “Hay que cambiar esa idea de que cortar un árbol es malo. Lo es si se hace sin sentido”, aduce.

Las cifras

27 millones de hectáreas (ha) ocupan los bosques y terrenos forestales. Y crecen a un ritmo anual de 180.000 ha, según los datos de la plataforma Juntos por los Bosques.

1,7% del PIB supone el sector forestal; crea 300.000 empleos y genera el 5% de la energía consumida y el 40% del total renovable.

20% de absorción de CO2 compensan los bosques españoles al total de emisiones.

Además, Jaquotot asegura que la nueva Ley de Montes facilitará el mantenimiento sin que suponga “un coste gravoso” para el propietario (el 70% de los bosques es de propiedad privada y el otro 30%, pública). Por eso, recuerda que las competencias son de las autonomías. “Desde el ministerio hacemos política, coordinamos e intentamos redireccionar a las comunidades”.

Más allá de la madera

Recuperar la rentabilidad perdida es precisamente el reclamo fundamental del sector. La causa: “El aumento durante décadas de los costes de producción, mientras el precio de la madera no ha seguido la misma evolución”, señala De Miguel. Solo se explota en torno al 30% de la madera, cuando en la UE se sitúa en el 60%, agrega. De ahí las peticiones de que haya un incentivo claro –no ayudas (dicen que no es lo ideal), sino que la actividad deje beneficios– y reducciones fiscales.

Bosque de secuoyas en Cabezón de la Sal (Cantabria).
Bosque de secuoyas en Cabezón de la Sal (Cantabria).

Se trata de aprovechar los recursos más allá de la leña, como la vuelta de resinación de pinares, que antes se hacía en Segovia o Teruel para la fabricación de pintura o chicle, pero que hoy se extrae en Valladolid; o la recolección de setas en Cataluña, ambos gracias al proyecto paneuropeo Star Tree, que promueve la explotación sostenible y el desarrollo rural. “Hablamos de utilizar el monte. Un monte utilizado es uno sano y que no arde”, cree Jaquotot.

Pero los expertos advierten de la falta de políticas decididas de largo plazo, de leyes que apuesten por esta actividad. “Las setas y los piñones, cuyos beneficios difícilmente revierten en los montes y sus propietarios, también se enfrentan al furtivismo y aprovechamiento masivo con fines comerciales de escasa regulación”, indica De Miguel. “A los políticos no les interesa, cuando puede crear empleo rural”, completa Gil.

La idea es devolver a los bosques un poco de lo que dan: productos madereros o no, biodiversidad, regulación de la erosión del suelo, del ciclo del agua, absorción de carbono, ocio...

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