El Foco

Tipos negativos y rentabilidad bancaria

El FMI ya ha lanzado la voz de alarma de las consecuencias de las políticas del BCE

Tipos negativos y rentabilidad bancaria

El hecho de que una gran parte de los bancos europeos coticen muy por debajo de su valor contable es una clara demostración de que el negocio bancario no despierta el interés de los inversores. El motivo fundamental que lo justifica es la dificultad de recuperar la rentabilidad como consecuencia de que se anticipa un escenario de reducidos e incluso negativos tipos de interés durante mucho tiempo.

No hay más que ver el elevado porcentaje de la deuda a largo plazo que ahora mismo cotiza a tipos negativos en la eurozona (casi el 60%) para mostrar la excepcionalidad en la que nos encontramos. Varios son los motivos que se esgrimen para justificar estos tipos tan bajos y que, en el fondo, reflejan un exceso de ahorro sobre una inversión deprimida (estancamiento secular): demográficos (como el envejecimiento de la población que deprime el consumo), una menor tasa de progreso técnico (con el consiguiente estancamiento de las economías), mayor demanda de activos seguros (que presiona al alza su precio y a la baja su rentabilidad), etc. Si a esos tipos naturales a largo plazo muy reducidos se une en la eurozona una baja tasa de inflación (muy alejada del objetivo del 2% del Banco Central Europeo) y de crecimiento del PIB, la agresividad de la política monetaria ha situado el tipo de intervención del BCE a corto plazo en un nivel del 0% y la facilidad marginal de depósito y el exceso de reservas líquidas en un tipo negativo del -0,4%, lo que unido al programa ampliado de compra de activos presiona aún más a la baja los tipos de interés.

¿Cómo afecta esta intensa caída de tipos sobre la rentabilidad bancaria? Es importante distinguir entre el impacto hasta ahora de la caída que ha tenido lugar y el impacto de la persistencia en el tiempo de este escenario de tipos tan bajos e incluso negativos. En el primer caso, como justifica el BCE, el efecto ha sido positivo por varios motivos: por las ganancias de capital asociadas a la caída de tipos; por el aumento del margen de intermediación conforme los tipos de interés de la financiación que obtienen los bancos caen más deprisa que los de los préstamos que conceden; por el aumento de la actividad crediticia; y por la caída de la morosidad como consecuencia de la recuperación de la economía que propicia la política monetaria expansiva.

"En esta situación, el sector tiene todavía pendiente una pesada digestión de activos improductivos en sus balances”

Pero una persistencia durante más tiempo de este escenario de tipos reducidos/negativos afecta negativamente a la rentabilidad bancaria por varios motivos: por la caída del margen de las nuevas operaciones, dado que mientras que el tipo de interés de los préstamos sigue cayendo, no lo hace el de los depósitos, debido a la existencia de un suelo en el 0% en el caso de las familias; por el aplanamiento de la curva de tipos, es decir, el recorte en el diferencial entre los tipos a largo y a corto plazo; y por la menor probabilidad de realizar ganancias de capital una vez los tipos ya no tienen recorrido a la baja. En este escenario, es el FMI el que ha lanzado la voz de alarma de las consecuencias negativas sobre la rentabilidad bancaria de que el BCE vaya más allá en los tipos negativos.

Ante estos malos tiempos para la banca, que además de tener que lidiar en el terreno hostil de los tipos negativos, tiene todavía pendiente una pesada digestión de activos improductivos en sus balances, solo caben dos estrategias: reorientar su negocio y estructura de ingresos hacia actividades que generen ingresos distintos al cobro de intereses (dado el estrechamiento del margen de intermediación) y aumentar la eficiencia en la gestión reduciendo gastos de explotación.

En el caso de la banca española, si bien alcanza una rentabilidad por encima de la media europea, se sitúa por debajo del coste de captar capital, lo que es indicativo de la prima de riesgo que exige el inversor para colocar su dinero en activos bancarios. El escenario de tipos tan reducidos es un auténtico quebradero de cabeza, teniendo en cuenta el elevado porcentaje de los préstamos a tipo variable (que ha hundido los ingresos financieros) y de la importancia de los depósitos de la clientela como fuente de financiación (cuyo tipo es más difícil de reducir).

En este complicado puzzle, no es de extrañar los anuncios que estamos viendo estos días de cierre de sucursales y reducción de empleo, como vía necesaria para mejorar la eficiencia. Hay que tener en cuenta que a pesar del intenso ajuste de capacidad hasta ahora realizado (un 33% en la red de oficinas y un 27% en el empleo), la eficiencia de la banca española en su negocio doméstico es en la actualidad 6,5 puntos porcentuales peor a la que tenía antes del estallido de la crisis en 2008, ya que el recorte de los gastos de explotación (un 11% hasta 2015) ha sido inferior a la caída del margen bruto (un 22%). Hoy, generar 100 euros de margen bruto le cuesta a la banca más que en 2008, y los costes operativos por unidad de activo son prácticamente los mismos que entonces, ya que el recorte de gastos ha discurrido en paralelo a la caída del activo.

"La banca debe reorientar su negocio para aumentar el peso de ingresos distintos al cobro de intereses"

Además de reducir costes, la banca debe reorientar su negocio para aumentar el peso de los ingresos distintos al cobro de intereses, ya que el margen de intermediación en nuevas operaciones cada vez es más reducido. Me temo que, como clientes bancarios, nos vamos a tener que acostumbrar a pagar más comisiones que por otra parte, en los años del boom crediticio las pagábamos de forma implícita en los mayores márgenes que nos aplicaban los bancos. Lo que ahora pagamos de forma explícita (comisión de mantenimiento de una cuenta, por transferencia, por ingreso de un cheque, etc.), antes lo pagábamos sin darnos cuenta en forma del mayor margen de intermediación que fijaba la banca.

Joaquín Maudos es catedrático de Economía de la Universidad de Valencia, Director adjunto del Ivie y colaborador del Cunef.

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