El Foco

Malos tiempos para la rentabilidad bancaria

El FMI acaba de publicar el Global Financial Stability Report y señala los retos a los que se enfrenta el sector bancario y que condicionan la recuperación de la rentabilidad. En el caso de las economías avanzadas, el exceso de capacidad, el elevado volumen de activos problemáticos y la falta de adaptación de los modelos de negocio al nuevo marco regulatorio y macroeconómico (bajos tipos de interés) presionan a la baja la rentabilidad.

Joaquín Maudos, Catedrático de Economía de la Universidad de Valencia, Director Adjunto del Ivie y colaborador de CUNEF
Joaquín Maudos, Catedrático de Economía de la Universidad de Valencia, Director Adjunto del Ivie y colaborador de CUNEF

En el caso concreto de la banca europea, la fuerte caída de las cotizaciones bursátiles que ha tenido lugar desde verano de 2015 es la prueba del algodón del descuento de la rentabilidad que anticipan los inversores como consecuencia de los factores señalados. En el caso de los activos problemáticos, los 900.000 millones de préstamos morosos de la banca del área del euro es un lastre para recuperar la rentabilidad, y de hecho la corrección bursátil ha sido mayor precisamente en los países con tasas de morosidad más altas. En el caso de la presión regulatoria (que exige más recursos propios y de más calidad), muchos bancos tienen que emitir pasivos con capacidad de absorber pérdidas, lo que no es fácil además de costoso.

El FMI da un dato preocupante: un tercio de los bancos europeos que cotizan en Bolsa necesitan que su margen de interés crezca más de 50 puntos básicos para que su rentabilidad (sobre recursos propios, ROE) aumente un 10% sin realizar reformas. La baja rentabilidad y el elevado volumen de activos improductivos de algunos bancos les abocan a un coste de captar capital elevado, dada la prima de riesgo que exige el inversor.

La corrección bursátil ha sido mayor precisamente en los países con tasas de morosidad más altas

Un elemento de especial preocupación es el impacto de los reducidos tipos de interés sobre la rentabilidad bancaria. Es tal la preocupación que tanto el FMI en el citado informe como el BCE en su Informe anual 2015, han dedicado una sección especial a este tema.
A priori, el impacto del actual escenario de bajos tipos de interés es incierto. Así, por un lado, afecta positivamente a la rentabilidad bancaria ya que reduce la tasa de morosidad (al impulsar el crecimiento económico), la necesidad de provisiones, aumenta el valor de los activos (con las consiguientes plusvalías) y reduce el coste de la financiación. Pero por otro lado, afecta negativamente al margen de intereses, sobre todo cuando se entra en el terreno negativo de los tipos de interés que penaliza el exceso de reservas bancarias y de depósitos en los bancos centrales (como es el caso del -0,4% de la facilidad marginal de depósitos del BCE).

El efecto neto de los costes y beneficios depende de la capacidad de un banco de trasladar al activo y al pasivo la reducción de tipos (lo que se conoce como repreciación), de la importancia que tenga el margen de interés en el total de ingresos y de la capacidad que tenga el banco de generar ingresos distintos al cobro de intereses. En el primer caso, la caída de tipos se tropieza con el suelo natural de un tipo de interés nulo en los depósitos, muy difícil de traspasar aunque los tipos que soporta la banca sean negativos. Entre los países más vulnerables en este sentido, el FMI sitúa a España, dado el peso que tienen los depósitos a plazo como fuente de financiación. Y en el caso del activo, el impacto negativo sobre la rentabilidad es mayor cuanto mayor sea el volumen de préstamos a tipo variable (98% en España en el caso de las hipotecas) y con vencimientos cortos, ya que más rápida será la caída del tipo de interés de esos préstamos.

España es el país que más tendría que aumentar los préstamos, algo difícil dada su baja tasa de crecimiento

Obviamente, el impacto negativo sobre la rentabilidad de un recorte del margen financiero será mayor cuanto mayor sea el peso relativo de los ingresos financieros en el total de ingresos. Así, si bien la caída en los ingresos financieros netos es similar en muchos países ante un recorte de los márgenes, hay enormes diferencias en la caída de la rentabilidad, siendo mayor en los bancos europeos como consecuencia del reducido peso relativo de los ingresos no financieros (comisiones, resultados de operaciones financieras, dividendos, etc.).

Finalmente, el tercer factor que señala el FMI como condicionante del impacto de la caída de tipos sobre la rentabilidad es la capacidad de los bancos de generar ingresos distintos al cobro de intereses. Dada esta reducida capacidad en la banca europea, la única alternativa es compensar la reducción del margen con un aumento del volumen de préstamos. La simulación que hace el FMI muestra que España es el país que más tendría que aumentar los préstamos (un 6% por año), algo muy difícil de conseguir teniendo en cuenta que todavía está en tasas de crecimiento negativas.
Algo más optimista es la visión del BCE sobre el efecto de los bajos tipos de interés sobre la rentabilidad bancaria. Así, si bien señala el efecto negativo vía reducción de márgenes, advierte de la necesidad de no olvidar otros efectos positivos como la mejora en la capacidad de los prestamistas para hacer frente a su deuda, que conlleva menores provisiones en la cuenta de resultados de los bancos. También destaca las plusvalías que generan los bancos como consecuencia del aumento del precio de los activos, aunque me temo que ya son reducidas dado el escaso recorrido a la baja que le queda al tipo de interés. El balance que hace el BCE es que hasta ahora no parece que predominen los efectos negativos, dada la recuperación de la rentabilidad de los bancos.

En resumen, la visión que se desprende de la lectura conjunta de los informes del FMI y del BCE no permite llegar a un resultado concluyente respecto al efecto de los bajos e incluso negativos tipos de interés sobre la rentabilidad bancaria. Solo el tiempo y la evolución de la rentabilidad en los próximos meses nos darán la respuesta, porque al menos en la eurozona, los reducidos tipos han venido para quedarse. Pero simplemente escuchando la opinión de los banqueros que muestran su enorme preocupación por el actual escenario de tipos reducidos, me temo que son bastante más pesimistas que el BCE.

Joaquín Maudos es Catedrático de Economía de la Universidad de Valencia, Director Adjunto del Ivie y colaborador de CUNEF