Salir de un fondo precipitadamente puede hacer perder futuras subidas

La importancia de mantener un rumbo fijo en la inversión

En momentos de máxima volatilidad hay que intentar evitar decisiones de inversión drásticas

Es muy difícil predecir cuál es el momento idóneo para entrar o salir del mercado

Panorámica de la Bolsa de Fráncfort.
Panorámica de la Bolsa de Fráncfort.

En épocas de extrema volatilidad como la que estamos viviendo en arranque de 2016, siempre salen a relucir estudios sobre el comportamiento de la renta variable en determinados ciclos. Recibimos estos días muchos análisis sobre qué rentabilidad hubiera conseguido un inversor si se hubiera perdido los mejores días de mercado en los últimos años, o la que hubiera tenido uno que se hubiera ahorrado los peores. Las diferencias en ambos casos frente a haber estado invertido todos los días, con sus alegrías y sus penas, son impresionantes.

Por poner un ejemplo que siempre sale a relucir, tomando un periodo de 62 años del S&P, un inversor que se hubiera perdido los 10 mejores días habría tenido una rentabilidad un 53% peor que el índice, mientras que el inversor que se hubiera ahorrado los 10 peores, hubiera tenido un 146% más de rentabilidad. Para más complicación, resulta que estos días, los mejores y los peores, suelen ocurrir con muy pocos días de diferencia entre sí.

El ejercicio, si bien es revelador, no deja de ser teórico. Dudo que ningún inversor tenga el nivel de acierto necesario como para evitar precisamente los peores días del año varios años consecutivos. Ni que exista alguien con semejante mala suerte como para perderse los mejores días de mercado una y otra vez.

Sin embargo, hay estudios más prácticos y reales que demuestran que esta circunstancia se da en el mercado aunque de forma menos extrema. Hay herramientas de análisis capaces de demostrar que los flujos de entrada y salida en mercado coinciden en muchas ocasiones con los picos y valles del mercado (y casi siempre en sentido contrario al más rentable).

Se tiende a relacionar esto únicamente con el “pobre” inversor particular y su menor conocimiento del mercado. Siempre se habla de comportamiento financiero de los inversores particulares y su falta de acierto a la hora de gestionar las entradas y salidas en mercados de riesgo. Sin embargo, no es exclusivo de este tipo de inversores. Aunque en menor medida, es una circunstancia que se da también entre los gestores profesionales.

Merece la pena analizar con más detalle cómo afecta este tipo de situaciones en los fondos mixtos, donde los gestores suelen tener mayor flexibilidad a la hora de invertir el riesgo de la cartera en uno u otro activo.

Si bien hay estudios como los que comentaba anteriormente que demuestran que de largo plazo es más conveniente no intentar predecir los movimientos de mercado y permanecer invertidos, esto no siempre se puede llevar a cabo. Hay muchos gestores de fondos mixtos que tienen un presupuesto de riesgo máximo, o un límite de volatilidad, o un mandato de preservación de capital, que les obliga a reducir riesgo tras fuertes caídas del valor de su fondo.

Entonces, ¿quién dormirá mejor estos días? ¿El gestor que se ha visto obligado por las circunstancias del mercado y las características de su mandato a reducir riesgo? ¿O aquel que permanece invertido y acumula ya unas pérdidas considerables? Uno se enfrenta a la posibilidad de perderse el rebote, y el otro a incrementar los números rojos de rentabilidad de su fondo.

Desafortunadamente no creo que se pueda dar una respuesta categórica a esta pregunta, o al menos, no una que valga para todos los escenarios. Lógicamente ante un escenario de recesión, aquel gestor que reduzca el riesgo de su cartera será capaz de evitar mayores pérdidas y de proteger capital.

Sin embargo, no todos los periodos de caídas continuadas y acusadas en los mercados terminan en recesión. Decía el premio Nobel de economía Paul Samuelson que “el mercado ha anticipado 16 de las últimas 9 recesiones”

Ante un escenario como este, lo más habitual es que se dé algún tipo de noticia o catalizador que disipe los miedos del mercado a una recesión y se produzca una recuperación rápida de los activos que se habían visto más castigados. En este contexto, los gestores que salieron de mercado tendrán pérdidas acumuladas hasta el momento de la reducción, y se perderán al menos parte de la recuperación.

Difícil decisión, que siempre es mucho más fácil de comentar mirando por el retrovisor. Pero lo que parece demostrado es que en momentos de alta volatilidad es más conveniente evitar reaccionar en contra de la propia visión de los fundamentos del mercado y de la estrategia definida, únicamente guiado por la dirección del mercado en ese momento.