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Pinchar la burbuja de la deuda

Los bancos pueden tratar la mayor parte del papel del estado como libre de riesgos. En el caso de los miembros de la zona euro, se trata de algo deshonesto, ya que es posible que los países que no pueden imprimir su propio dinero no cumplan.

Jens Weidmann, presidente del Bundesbank, reiteró en su columna del el 30 de septiembre en el Financial Times la creencia que lleva tiempo sosteniendo de que los reguladores europeos deben exigir a los bancos provisionar capital frente a las posibles pérdidas ocasionadas por los préstamos a los gobiernos de la zona euro. En su forma actual, las exenciones europeas implican que la deuda soberana de España e Italia puede tener la misma consideración de riesgo cero que los bonos alemanes.

Las normas alientan a los bancos a adquirir una gran cantidad de deuda de los estados más débiles, lo que permite a los gobiernos gastar por encima de sus medios. El riesgo de un exceso de gasto es universal, pero muchos pueden introducir la suficiente inflación como para huir de un impago. Los miembros de la zona euro no tienen esa vía de escape.

Algunos países pueden introducir inflación para huir de un impago, pero la zona euro no tiene esa vía

Cuanta más deuda de la zona euro tengan las entidades, más daño haría a sus balances cualquier incumplimiento del gobierno.

Las autoridades de la zona euro no saben qué hacer. En 2010, Alemania empujó a realizar impagos soberanos de forma ordenada, y en 2011 los reguladores trataron sin éxito de obligar a los bancos a incluir las exposiciones a la deuda soberana en sus pruebas de estrés. Desde 2012, las autoridades han abandonado. Los bancos de la zona euro aumentaron las tenencias de bonos del gobierno en un 25%, hasta a cerca de 1,8 billones de euros. Mario Draghi, presidente del BCE, se comprometió a comprar bonos si era necesario. Los bancos hicieron el trabajo por él.

Weidmann propone un periodo de transición para ponderar los riesgos, pero incluso esto provocaría que los rendimientos a largo plazo aumentaran de forma inmediata, lo que elevaría los costes de endeudamiento de los gobiernos, y provocaría un agujero en los balances de algunos bancos.

Esas consecuencias podrían ser manejadas si el banco central ofreciera gran cantidad de fondos ultrabaratos a largo plazo para facilitar el crédito, y abriera la puerta a compras controladas y limitadas de bonos emitidos por gobiernos solventes.

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