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A fondo
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

No hay motivos para el alarmismo con la deuda pública de EE UU

Aunque se haya duplicado el coste medio de sus bonos, los inversores acabarán volviendo a invertir en ellos

Juan Ignacio Crespo
Billetes 10 dólares
Billetes de 10 dólares.Reuters

El Fondo Monetario Internacional, por boca de su primera subdirectora general, Gita Gopinath, acaba de llamar la atención a EE UU, recomendándole que reduzca su déficit presupuestario, que gaste menos y que ingrese más. Es de suponer que hará oídos sordos.

La semana pasada mencionábamos el enorme volumen de deuda pública viva que está acumulando el Tesoro en USA: casi 35 billones (trillions) de dólares. Pronto se va a enfrentar a una gran dificultad, pues, a lo largo de los doce próximos meses, vencerán títulos de deuda por valor de 9,3 billones de dólares (27% del total). Con el problema añadido de que esa renovación se va a producir a tipos de interés más altos que los de la deuda que vence.

Para hacerse una idea de cuál está siendo el impacto de la subida de los tipos de interés que ha tenido lugar desde hace 26 meses, baste señalar que, si en 2021 el tipo de interés medio que pagaba la deuda pública en USA fue del 1,61%, en 2023 había subido al 2,97%. Casi se duplicó en esos dos años. Con lo emitido en 2024 ya lo habrá duplicado.

La reducción del balance de la Reserva Federal ha devuelto, para que circule en el mercado, la deuda pública por valor de 1,7 billones de dólares que previamente se había dedicado a comprar a los principales agentes financieros, bancos y fondos de inversión (en momentos en los que el mercado estaba necesitado de liquidez o el Tesoro de financiación).

Las emisiones nuevas han sido tan abundantes recientemente que el exceso de liquidez diario que se acogía al repo inverso para rentabilizarse en la Reserva Federal ha disminuido en casi 2,2 billones. Esa reducción se ha llevado a cabo o bien mediante la inversión directa en deuda pública o bien mediante la suscripción de fondos de inversión que también compran deuda del Tesoro.

Siendo consciente de la dificultad que va a provocar la renovación a tipos de interés más elevados, el Tesoro de EE UU ha estado emitiendo deuda a plazos cortos, inferiores a un año, con la esperanza de que la esperada bajada de los tipos de interés, que hasta hace poco se consideraba, equivocadamente, que habría de empezar en este mes de junio en el que estamos, permitiría renovar la deuda de corto plazo que fuera venciendo, a tipos de interés decrecientes y a plazos más largos.

La situación se complica a la hora de renovar la deuda que irá venciendo, por la disminución de la demanda exterior de deuda pública de EE UU, por razones variadas que van desde la simple y creciente desconfianza en su capacidad de pagarla en el futuro (seguramente la razón más esgrimida y, a la vez, menos real), hasta los propios problemas y altibajos de la liquidez que tienen los inversores extranjeros para seguir acumulando deuda pública de USA.

Entre los problemas que se suelen argüir para explicar el atractivo decreciente de la deuda USA está el temor al papel preponderante que tiene EE UU en el sistema financiero mundial y que ha permitido que los activos de Rusia depositados en el exterior pudieran ser bloqueados tras la invasión de Ucrania.

Ese es un temor que desde la propia Rusia hasta China, pasando por ese conjunto de países que son aliados más o menos vergonzantes de alguno de los dos, se comprende que pueda tener un impacto negativo en el entusiasmo por comprar la deuda norteamericana.

Pero el problema es que, precisamente por esa preponderancia financiera de EE UU y de sus bancos en el circuito mundial, es muy difícil escapar al atractivo que tienen tanto su mercado de deuda pública como el de renta fija privada. No hay en el mundo nada alternativo comparable a la hora de poder realizar inversiones importantes. Y como los déficits comerciales de EE UU siguen siendo ingentes, qué mejor manera que invertir la acumulación de reservas en dólares que acudiendo a los mercados norteamericanos.

Desde hace 20 años se ha esgrimido el argumento de que, en algún momento, China podría dejar de comprar o, incluso, empezar a vender deuda de EE UU como una manera de presionarle políticamente. Han ido pasando los años y eso (que, en mi caso, siempre negué que fuera a ocurrir) no ha sucedido.

¿Qué haría China con sus enormes reservas centrales sin acudir a la deuda pública norteamericana?

Es verdad que China ha hecho una diversificación que incluye desde aumentar sus reservas de oro hasta acumular materias primas de todo tipo, pero que, a pesar de lo llamativo del hecho, más parece que sean decisiones circunstanciales y transitorias que el que obedezcan a motivos estratégicos agigantados. Es cierto que ha reducido su stock de deuda americana, pero también lo es que su nivel de reservas ha disminuido.

El alarmismo con la deuda pública de EE UU se suele olvidar de dos cosas. La primera es que la deuda que vence hay que reinvertirla. ¿Y dónde irán que mejor estén los inversores que renovándola en USA? La segunda tiene que ver con que la inflación de deuda norteamericana ha ido en paralelo a la de los activos mundiales, de modo que hay fuentes de financiación que acudirán por necesidad a ella.

Solo un tropezón de una entidad financiera sistémica podría agitar las aguas. Pero mientras eso no suceda, la nave va.

Juan Ignacio Crespo es economista y estadístico del Estado

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