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Breakingviews
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Los objetivos de hidrógeno de Biden son como el agua y el aceite... de roca

Las petroleras quieren participar en los incentivos fiscales a la producción de hidrógeno verde

Joe Biden, en 2022, explicando las iniciativas de la Casa Blanca para bajar el precio del combustible, en Washington DC.
Joe Biden, en 2022, explicando las iniciativas de la Casa Blanca para bajar el precio del combustible, en Washington DC.JIM WATSON (AFP)

La administración del presidente Joe Biden quiere que la industria energética empiece a invertir en la producción de hidrógeno verde y ofrece incentivos fiscales para que lo haga. Pero ya hay un dilema: dejar que los productores de combustibles fósiles entren en acción. La Casa Blanca no tiene más remedio que dejarles participar, pero debe asegurarse de que cumplen su parte del trato.

La disyuntiva se centra en un crédito fiscal, conocido como 45V, creado por la Ley de Reducción de la Inflación (IRA) de 2022, de Biden. El año pasado, el Departamento del Tesoro dio algunas orientaciones sobre su uso que sugerían que las petroleras, que obtienen el hidrógeno del gas natural que bombean, no podrían acogerse a él. Las grandes del petróleo dicen que eso es un error. Son las principales productoras y usuarias de hidrógeno industrial, la mayor parte del cual se produce a partir de gas natural. La creación de una industria más grande y limpia debe empezar por sus conocimientos técnicos y su cuota de mercado, argumentan.

La oposición de las petroleras se basa en la idea de que pueden producir hidrógeno de forma relativamente limpia, utilizando tecnologías como la prevención de fugas de metano y la captura y el almacenamiento de carbono. El American Petroleum Institute, grupo de presión de la industria petrolera en Washington, ha argumentado que esas tecnologías reducirían las emisiones globales en términos netos.

Los partidarios de las empresas de hidrógeno que no utilizan combustibles fósiles, como la asociación American Clean Power, no están de acuerdo y consideran que se trata de un caballo de Troya para mantener el flujo de gas natural. Quieren flexibilidad para las empresas que desarrollan hidrógeno no fósil, no para las petroleras con vagas promesas de limpieza.

No es la primera vez que Biden intenta conciliar la política industrial y la climática. Impuso aranceles elevados al acero chino y a los coches eléctricos para proteger industrias estratégicas estadounidenses, lo cual enfadó a los ecologistas, cuya prioridad es reducir las emisiones de carbono, no impulsar a General Motors. A la inversa, molestó a las empresas petroleras y gasísticas al detener la concesión de nuevos permisos de exportación de gas natural licuado, una decisión aplaudida por los grupos ambientalistas.

Esta vez, las grandes petroleras parecen tener las de ganar. El Departamento de Energía ya ha concedido subvenciones por valor de 7.000 millones de dólares (6.400 millones de euros) para el desarrollo de nodos de hidrógeno, algunos de los cuales cuentan con la participación de Exxon Mobil y Chevron.

Exxon podría retirarse de al menos una empresa de hidrógeno si no obtiene el crédito 45V. Si otros socios petroleros o industriales también lo hacen, el plan podría verse obstaculizado. Y lo que es más importante, aún no existe un mercado de hidrógeno limpio, y Biden tiene prisa. Ello exige un compromiso constructivo y mucha vigilancia.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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