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El Foco
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

El gran dilema: ¿invierto en oro o en plata?

El metal amarillo ha dejado atrás su mejor momento. Estamos en un cambio estructural hacia la energía verde y es previsible una mayor demanda de plata

Lingotes plata
Lingotes de plata en Fráncfort, Alemania.MICHAEL PROBST (AP)

El oro actúa como cobertura, aunque no precisa, contra la aceleración de las expectativas de inflación y almacenamiento y protección de valor, especialmente en situaciones adversas en la economía y los mercados financieros, hasta el punto de considerarse moneda refugio. Su precio depende principalmente de su demanda como inversión. En este sentido, es clave su coste de oportunidad, pues a diferencia de otros activos, mantenerlo no genera ingresos. Este coste ha aumentado con el interés real de los bonos del Tesoro de EE UU. Pero su demanda como inversión aumenta con las incertidumbres globales, económicas y geopolíticas. A ello se añade la demanda de los bancos centrales. De hecho, la fuerte demanda oficial, que no se da en la plata, platino ni paladio, ha favorecido que el oro se haya comportado mejor que otros metales preciosos en 2023.

Este año los bancos centrales de las economías desarrolladas pueden pasar de tener que luchar contra la inflación a poder apoyar el crecimiento económico, lo que debe limitar los tipos de interés a largo plazo y disminuir el coste de oportunidad de mantener oro. Efectivamente, es probable que el oro se beneficie de las expectativas de debilitamiento de la actividad económica mundial y unos menores tipos de interés reales, con una posición monetaria menos restrictiva de la Reserva Federal.

De todas formas, hay presiones inflacionarias estructurales, que incluyen la reconfiguración de las cadenas de suministros mundiales y las tendencias demográficas, que hacen poco probable que los bancos centrales vuelvan a unos niveles extremadamente bajos de tipos de interés, de manera que pueden mantenerse más altos que en la última década, afectando negativamente a la demanda de oro como inversión. Así, aunque la disminución de presiones inflacionistas erosiona el atractivo del oro como cobertura contra la misma, unos tipos interés a largo plazo relativamente altos pueden generar preocupaciones sobre la capacidad de los países altamente endeudados para financiar su deuda y generar demanda de oro, que carece de riesgo crediticio.

El caso es que desde 2022 se ha producido lo que probablemente sea un cambio estructural de la demanda oficial del oro -principalmente bancos centrales y fondos soberanos-, la cual puede estabilizarse a mayor nivel. Efectivamente, la militarización del dólar en forma de sanciones y guerras comerciales tras la invasión rusa de Ucrania, creciente erosión del orden internacional y persistencia de tensiones geopolíticas, ha llevado a varios países con relación tensa con EE UU a aumentar la proporción de oro para diversificar sus reservas estratégicas de divisas, con una mayor demanda como refugio seguro y alternativa al dólar.

A ello se añade que los bancos centrales pueden no informar públicamente sus compras de oro. China tiene el hábito de no revelarlas, y ya en 2022, el Banco de Rusia dejó de informar de sus compras de oro ante la congelación por Occidente de sus reservas de divisas. Además, los fondos soberanos suelen ser bastante reservados respecto a la asignación de sus activos, que incluyen oro. Efectivamente, la demanda oficial no declarada sigue alta en términos históricos, aunque los datos del Consejo Mundial del Oro sugieren que esta puede disminuir en 2024, dado el alto precio del oro.

Con todo, la demanda de este metal precioso como inversión probablemente sea menor que en la última década.

Por su parte, la joyería supone 70% de la demanda de oro y puede verse afectada por los precios relativamente altos de este. Hay que tener en cuenta que esta demanda es sensible a la asequibilidad en China e India, que en el pasado han llegado a sumar algo más de 50 % de la demanda mundial de joyas.

En conjunto, el oro puede apreciarse moderadamente este 2024, pero su mejor comportamiento en relación con otros metales preciosos probablemente no se repita. Estimamos que el oro, que actualmente cotiza en el entorno de 2.040 dólares/onza, puede situarse en 2.100 dólares /onza para finales de año. La plata es más atractiva.

A corto plazo, el debilitamiento de la actividad mundial este primer semestre puede afectar la demanda industrial de metales preciosos, pero las perspectivas económicas pueden mejorar la última parte de 2024 con una moderada recuperación y un entorno más favorable para dicha demanda, lo que es positivo para la plata. Adicionalmente, estamos en un cambio estructural hacia la energía verde y es previsible una mayor demanda de plata los próximos años. También hay que tener en cuenta que la plata parece algo barata respecto al oro en términos históricos. Ahora bien, los inventarios de plata son altos y tendrían que reducirse para que se produzca un aumento sostenido de su precio. A doce meses vista puede cotizar a 27 dólares la onza.

Por su parte, las perspectivas para el platino y paladio están muy vinculadas a la demanda de automóviles de combustión interna, cuya menor cuota de mercado frente al aumento de la de los eléctricos puede seguir pesando en los precios de ambos metales. El 85% de la demanda del paladio proviene de los catalizadores para automóviles de combustión interna, el 40 % en el caso del platino. Además, el platino está reemplazando al paladio, más caro, en otros usos industriales, incluyendo las pilas de combustible. Adicionalmente, el platino cuenta con una gama más amplia de salidas, pues la joyería representa más de 30 % de su demanda, frente a menos de 10 % del paladio. El platino es sustituto del oro en joyas, siendo algo menos volátil que el paladio. El caso es que el sentimiento de los inversores respecto a ambos metales preciosos, platino y paladio, es extremadamente negativo, lo que puede favorecer su potencial alcista. El platino puede alcanzar 1.030 dólares la onza en doce meses, mientras que el paladio puede llegar a 1.050 dólares la onza.

Luc Luyet es economista en Pictet WM

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