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Análisis
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Alemania: ¿es tonto el que trabaja?

Se cuestiona la moral laboral, mientras la máquina de empleo bate los 46 millones de ocupados, aunque faltan carniceros, fontaneros o cocineros

EFE

El mercado laboral alemán es una incógnita. A pesar de las crisis múltiples, nunca hubo tanta gente trabajando en Alemania: 46 millones de personas. Un récord. Por otro lado, la economía trata de movilizar reservas de personal porque dos millones de puestos de trabajo no se ocupan. Falta personal para oficios como carniceros, fontaneros o cocineros. Y se cuestiona la moral de los trabajadores. ¿Es tonto el que trabaja? ¿Es que no vale la pena trabajar? ¿Es la ayuda social (563 euros mensuales, 60 más que en 2023) tan elevada que desmotiva el trabajo? A ello se suma que el 39,2% de los trabajadores lo hace parcialmente. Nunca hasta ahora hubo en Alemania tanta gente trabajando a media jornada, según el Instituto de Investigación del Trabajo (IAB), de Nuremberg. Sobre todo las mujeres (una de cada dos), y lo justifican con razones de conciliación familiar. Al mismo tiempo, las empresas se quejan de que no encuentran a personal para formar dualmente, porque cada vez más chicos van a la universidad (pasando de 1,5 millones en los noventa a los casi 3 millones de estudiantes en la actualidad). El mercado de trabajo marcha a toda máquina en Alemania, pero precisa todavía más personal. Sobre todo teniendo en cuenta que los babyboomers se jubilan y que la generación Z no podrá sustituirlos en cantidad. 100.000 chicos menos terminan hoy la secundaria que hace 10 años.

Tampoco encaja la oferta y la demanda. 70.000 puestos de formación dual para el curso 23/24 quedaron sin cubrir el pasado mes de septiembre. Por otro lado, 26.000 jóvenes candidatos no obtuvieron ninguna plaza. La razón es que no encajan los deseos de los chicos con la oferta empresarial. Ellos quieren ser diseñadores de medios digitales, pero no carniceros ni trabajar en la gastronomía o en oficios tradicionales y poco atractivos en el mundo actual. O ir a la universidad. Aunque la formación profesional dual sigue siendo un modelo con prestigio internacional y con excelentes perspectivas laborales (el 94% trabaja tras la FP), muchos optan por seguir estudios universitarios tras concluir su formación profesional. Aunque también muchos, el 30%, rescinden sus contratos de formación dual antes de concluirla.

El mercado laboral sigue impermeable a las multicrisis. Las razones son múltiples. A pesar de la crisis económica, hay más gente trabajando. Las empresas se resisten a despedir, sabiendo que el cambio demográfico estrangulará la demanda de trabajo. Tras la pandemia, la gente vuelve a los establecimientos gastronómicos y de ocio. Hay sectores, como el de la educación infantil y la atención a mayores, que crecen y amplían su oferta por razones demográficas. Aunque cada vez más emigrantes acceden al mercado laboral, hay dos millones de puestos de trabajo que siguen sin ocupar. Se teme qué pasará cuando a partir del próximo año los babyboomers se despidan masivamente. De ahí que la economía contemple la media jornada como un lujo, y propone que las mujeres se reincorporen al mercado laboral a jornada completa, se recluten especialistas extranjeros y se reforme la ayuda social.

La incongruencia es que mientras se describe a la economía alemana como enferma, por su recesión, por su inflación, por sus elevados precios energéticos y la caída de perspectivas de la exportación, se registra un boom en el mercado laboral. Paradójicamente, también aumenta el desempleo: 2,6 millones de trabajadores no encuentran trabajo. De ahí la cuestión de si la política de integración laboral de los refugiados no avanza o si el llamado dinero ciudadano (la ayuda social) resta motivación para trabajar. Es decir, si vale la pena trabajar cuando el Estado te regala el dinero. A los 563 euros mensuales, se suman ayudas a la vivienda o prestaciones sociales por los hijos. La reforma que se plantea ahora es reducir estas ayudas cuando se trabaje por sueldos superiores a los 520 euros mensuales, pero no reducirlas tanto que salga más a cuenta vivir del Estado que trabajar. Desde la pandemia se ha disparado el número de parados de larga duración. La realidad es que quien no tiene trabajo desde hace tiempo, lo tiene difícil para reincorporarse al mercado laboral.

La economía alemana crecerá en 2024. Poco, 0,9%, pero ascendentemente (1,3% en 2025). En 2023 se empleó a casi 46 millones de personas, 300.000 más que en 2022. Dos terceras partes de los nuevos empleos son del sector servicios: comercio, gastronomía, salud, educación y servicios públicos. Los expertos relativizan estas cifras argumentando que los alemanes trabajan ahora menos horas, un promedio de 30 semanales. Además, se registran menos horas extras y más trabajo a media jornada. El Instituto Ifo pronostica que en 2024 aumentará todavía la cifra absoluta de personas que trabajan, y que 2025 caerá el desempleo al 5,6% (5,9% en 2024).

En ese sentido, Andreas Peichl, el jefe de macroeconomía del Instituto muniqués Ifo, critica: “La jubilación de los babyboomers va a provocar un déficit grave de personal”. Entre las medidas políticas que propone, destacan las que motivarían a las mujeres a trabajar más horas, como la mejora de las infraestructuras infantiles y la reforma fiscal para dejar de incentivar que la mujer con familia no trabaje o trabaje poco, y las medidas para alargar la vida laboral más allá de la edad legal de jubilación.

Y los extranjeros. Sin ellos, las empresas no hubieran encontrado en 2023 a la gente que necesita. Lo último que se debate es cómo incentivar la integración laboral de los refugiados procedentes de Ucrania. Mientras en Polonia, Chequia o Dinamarca, dos de cada tres ucranianos trabajan, en Alemania solo lo hace el 20%. Una razón es que aquí perciben el sueldo ciudadano y, además, se respeta la relación entre la profesión de procedencia y las posibilidades reales de trabajo en Alemania. Asimismo, Berlín insiste en el principio de aprender la lengua antes de entrar en el mercado laboral. Ahora el ministro de Trabajo, Hubertus Heil, se propone acelerar ese proceso. También se barajan programas de formaciones duales que aúnen el trabajo formativo y el aprendizaje simultáneo de la lengua. Por su parte, el presidente socialcristiano de Baviera, Markus Söder, quiere garantizar que valga la pena el trabajo en Alemania y pide sancionar a quienes perciben ayudas y se niegan a aceptar los puestos que se les ofrecen. Pide que Berlín recupere el equilibrio entre exigir y ayudar. El secretario general de los socialcristianos, Martin Huber, concluye que la subida del 12% de la ayuda social en 2024 es ilógico en un momento en que la gente piensa que el tonto es el que trabaja.

Lidia Conde es periodista y analista de economía alemana

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