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Las claves
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

El exitoso motín de OpenAI y el lobo climático de la UE

Como modelo de gobernanza, la cuna de ChatGPT es un desastre, pero como empresa donde las lealtades de la plantilla tienen peso parece lo contrario

FILE PHOTO: FILE PHOTO: Illustration shows ChatGPT logo
DADO RUVIC (REUTERS)

“OpenAI is a mess”, sentenciaba a principios de semana The Wall Street Journal al analizar las vicisitudes que ha vivido últimamente la compañía. Sin duda, la empresa se ha convertido en un enorme lío, después del despido de su cofundador, Sam Altman, de su efímero traslado a Microsoft y del anuncio de su regreso como consejero delegado, provocado por el amotinamiento de la mayoría de los casi 800 empleados de la startup. Altman vuelve con el otro cofundador de la compañía, Greg Brockman, destituido también en estos días frenéticos por un consejo de administración que ha pagado su osadía con bajas en su propia composición.

Lo interesante del lío de OpenAI, en cualquier caso, es que puede contemplarse desde dos puntos de vista muy distintos. Como modelo de gobernanza, la compañía creadora de ChatGPT se ha revelado como un desastre, no solo por la desafortunada decisión de prescindir de Altman y Brockman, sino por su debilidad frente a la plantilla. Sin embargo, como ejemplo de empresa donde la opinión y las lealtades de los trabajadores tienen peso, puede convertirse en un símbolo y un buen modelo de lugar donde vale la pena trabajar.

Rentabilidad y filantropía: a veces sí se puede tener todo

El atractivo de nadar y guardar la ropa se da en todos los órdenes de la vida humana, también en el del capital y la filantropía. Realizar una inversión y al tiempo contribuir a un bien social parece una fórmula mágica de tintes calvinistas que promete el todo en uno: tranquilizar la propia conciencia social, rentabilizar la inversión y ayudar a quienes lo necesitan. La socimi Techô, que prevé salir a Bolsa en febrero, es un ejemplo excelente de una tendencia denominada inversión de impacto. Su fin es arrendar viviendas a entidades sociales –encargadas de pagar la renta– que acogen a las personas sin hogar, que en España son de 30.000 a 40.000 almas.

Las divisiones en las familias empresarias también tienen final feliz

La historia de las empresas familiares, ya sean españolas o de cualquier otro lugar, está empedrada de rupturas y escisiones, ya se deban a buenas o a malas intenciones y tengan un feliz o infeliz resultado. Mientras en un buen número de negocios de familia los conflictos de sangre se llevan por delante a las empresas, en otras las diferencias inauguran inexploradas y prometedoras etapas.

Es lo que ha ocurrido con la decisión de una de las tres ramas familiares propietarias del Grupo Planeta, los Lara García, de deshacerse de su 33% de capital. La venta de esta participación, que podría alcanzar una valoración cercana a 900 millones de euros, daría entrada, por vez primera, a accionistas ajenos a la citada familia, e inauguraría una nueva era en la vida de la compañía.

La frase del día

“Bulgaria ha cumplido todos los criterios para su acceso al área Schengen. Cualquier nuevo retraso de nuestro acceso es inaceptable y no puede ser entendido por el pueblo búlgaro”.

Nikolay Denkov, primer ministro búlgaro

¿Quién teme de verdad al lobo climático de la UE entre la banca europea?

El BCE no sabe qué hacer ya con la tibieza climática de la banca. Pese a la multiplicidad de estudios, informes, normas y regulaciones sobre los efectos del fenómeno, el sector financiero se lo toma con calma. Tanto es así que Fráncfort ha amenazado con multar a unos 20 bancos por las deficiencias detectadas en la gestión de este tema. Y no se trata de una sanción cualquiera, sino de multas acumulativas que pueden ascender al 5% de los ingresos medios diarios. En 2022, el BCE realizó los primeros test climáticos y calculó que las entidades se juegan 70.000 euros en pérdidas. El problema es que una Europa que ha pasado de demonizar la energía nuclear a calificarla como verde a efectos de inversiones quizá no deba pretender que sus empresas se lo tomen en serio. ¿O sí?


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