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Breakingviews
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Los vientos deflacionistas de la IA se llevarán los beneficios corporativos

En las economías con mucho peso de los servicios, los bots pueden simplificar y abaratar la atención al cliente

ChatGPT
Web de ChatGPT.FLORENCE LO (REUTERS)

La expectativa predominante sobre el impacto de la inteligencia artificial (IA) en los seres humanos está cargada de fatalidad. Los robots desplazarán a los trabajadores, lo que permitirá a las empresas engrosar sus cuentas de resultados. Pero la historia de la nueva tecnología sugiere otra narrativa, en la que la nueva tecnología ayuda a los consumidores a encontrar mejores ofertas. Todo eso se traduce en precios más bajos.

“Tened miedo. Tened mucho miedo”. La famosa frase pronunciada por Geena Davis en el thriller de David Cronenberg La mosca es una acertada descripción de cómo los expertos presentan a los trabajadores el futuro teñido de inteligencia artificial. Los analistas de Goldman Sachs han estimado que el 18% de los empleos del mundo podrían automatizarse, y que los ordenadores impulsados por la IA podrían dejar sin empleo al 7% de la mano de obra estadounidense, especialmente en los sectores de cuello blanco.

En este escenario, el ascenso de las máquinas representa una victoria decisiva de los propietarios del capital empresarial sobre la mano de obra. Según McKinsey, la IA generativa, en la que algoritmos entrenados a partir de vastos conjuntos de datos y aportaciones de los usuarios aprenden a hacer tareas complejas, podría agregar al PIB mundial hasta 7,9 billones de dólares al año, es decir, alrededor de un 8%. Según la consultora, la reducción de costes, el aumento de los volúmenes y el incremento de la productividad supondrán un cambio radical en el crecimiento.

Estos beneficios no se distribuirán uniformemente. Nvidia, que suministra muchos de los chips necesarios para entrenar modelos de IA, entró en mayo en el club del billón de dólares en Bolsa, uniéndose a otros gigantes tecnológicos con un valor de mercado de 13 dígitos. La empresa de educación en línea Chegg, por su parte, vio desaparecer la mitad de su capitalización bursátil tras admitir que la IA reduciría el crecimiento de sus ingresos.

Fuera del mundo empresarial, el panorama es más confuso, entre otras cosas porque los Gobiernos y los reguladores acaban de empezar a debatir cómo intervenir para limitar el impacto de la IA en sectores concretos o cómo garantizar que los beneficios se compartan con otros sectores de la población.

Sin embargo, la historia de la innovación tecnológica sugiere que los humanos verán al menos un beneficio tangible de la IA: precios más bajos para lo que consumen. Ello se debe a que el desarrollo de nuevos conocimientos científicos reduce en última instancia los costes de los bienes y servicios. El precio de un televisor en EE UU cayó un 98% entre 1997 y 2022, mientras los artículos informáticos y de software son hoy un 74% más baratos que hace 25 años, según la Oficina de Estadísticas Laborales de EE UU.

La IA ya está reduciendo el coste de las aplicaciones tecnológicas. OpenAI, cuyo bot ChatGPT ayudó a desatar la última ola de entusiasmo por la IA, ofrece una versión prémium del agente interactivo, con tiempos de respuesta más rápidos y mejores funciones, por solo 20 dólares al mes. Pero la verdadera promesa –y amenaza– de la IA es reducir drásticamente el coste de los servicios intensivos en mano de obra, donde la competencia ha sido limitada. Desde 1997, el coste de las matrículas y tasas universitarias en Estados Unidos ha aumentado más de un 200%, mientras la atención médica en ese país es ahora un 133% más cara que hace un cuarto de siglo, según la Oficina de Estadísticas Laborales. Como demuestra la cotización de Chegg, la IA puede reducir rápidamente las barreras de entrada.

Estas presiones sugieren que la IA tiene un claro potencial deflacionista, sobre todo en economías en las que los servicios desempeñan un papel importante, como EE UU y la zona euro. Los servicios médicos, por ejemplo, representan en torno al 6% del índice de precios al consumo de Estados Unidos, por lo que un descenso del 20% en el coste de la asistencia sanitaria reduciría la inflación general en torno al 1,2%.

A medida que evolucionen las capacidades de la IA, se harán patentes sus efectos sobre los beneficios de amplios sectores. Una innovación que podría dar ventaja a los consumidores frente a las empresas son los agentes de IA. A diferencia de los bots y aplicaciones actuales, que arrojan resultados basados en las indicaciones de los usuarios, estos agentes prometen ser asistentes de pleno derecho capaces de averiguar cómo hacer una tarea específica. Por ejemplo, un agente de viajes potenciado por la IA podría diseñar un desplazamiento perfecto a Mallorca dentro de un presupuesto determinado y, a continuación, reservar vuelos y hoteles con una aportación mínima por parte de los clientes.

Los negocios basados en suscripciones parecen especialmente maduros para este tipo de disrupción. Por ejemplo, las operadoras de telecomunicaciones. Alrededor del 18% de los clientes europeos de telefonía móvil cambian de proveedor cada año, según los analistas de Morgan Stanley. La captación de nuevos clientes es un gran coste para las telecos: representa en torno al 25% de los gastos operativos. Ahora imaginemos que los agentes virtuales buscan mejores contratos y ayudan a los clientes a cambiar de proveedor con las mínimas molestias. Según Morgan Stanley, si la churn rate (tasa de abandono) aumentara en 10 puntos porcentuales, el flujo de caja libre del sector europeo de las telecomunicaciones caería un 15%.

Los proveedores de comida preparada, como HelloFresh, también podrían ser un blanco. Estas empresas suelen pedir a los clientes que paguen una suscripción semanal renovable que puede cancelarse en cualquier momento. Y dado que HelloFresh gasta unos 80 dólares en captar a cada cliente, según Morgan Stanley, cualquier aumento de las deserciones elevaría los costes.

Los servicios de streaming, como Netflix y Disney+, también podrían sufrir si los agentes de IA despegan. De media, estos proveedores ven cómo el 44% de los abonados se dan de baja cada seis meses, según Deloitte. Para los consumidores de la Generación Z –los que tienen entre 8 y 23 años– y los llamados mileniales –de entre 27 y 42 años–, las cifras son del 57% y el 62%, respectivamente. Ello se debe a que estos consumidores tienden a inscribirse para ver un programa o serie concreto. Un asistente virtual que cancelara automáticamente una suscripción no utilizada ayudaría a esos usuarios más jóvenes a costa de los proveedores de streaming.

La IA sigue siendo una amenaza para los trabajadores y podría reducir los salarios. Los abogados júnior, los operadores de centros de llamadas y los redactores publicitarios, por nombrar solo a unos pocos, probablemente deberían tener miedo, mucho miedo de la amenaza inminente de la IA. Pero para muchos consumidores, la promesa de precios más bajos puede no resultar tanto una película de terror.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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