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El Foco
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Transacciones financieras instantáneas para una economía global

Reguladores y proveedores de tecnología deben seguir trabajando en la adopción de estándares comunes

Agencia Getty (Getty Images)

Para cualquier empresa que se plantee crecer, la opción a la internacionalización se presenta prácticamente como un requisito indispensable, sobre todo cuando hablamos de mercados locales de tamaño mediano o pequeño, como ocurre en el caso de España. Además de incrementar las ventas, constituye un modo de diversificar los riesgos e introduce un incentivo muy importante para mejorar la calidad de los productos y servicios e impulsar la innovación en todos los procesos. El corolario, por tanto, es que la internacionalización es un factor crucial para mejorar la competitividad de las empresas.

Sin embargo, la exposición de las empresas a los mercados internacionales también puede implicar múltiples desafíos y riesgos, como la adaptación a diferentes regulaciones y prácticas comerciales o la superación de barreras de tipo diverso, como pueden ser las culturales y lingüísticas o los riesgos políticos y económicos.

Si nos fijamos solo en el plano financiero, no es menor el riesgo para las empresas asociado a las fluctuaciones en los tipos de cambio, que pueden afectar al valor de los ingresos y los costes, con el consiguiente impacto negativo en la cuenta de resultados, amén de dificultades añadidas en la vertiente de la planificación financiera. A estas dificultades, habría que añadir el riesgo latente de crédito y cobro, derivado del hecho de que los clientes extranjeros no paguen a tiempo o no paguen en absoluto.

La gestión de los riesgos financieros ha sido de siempre un desafío para las empresas al que ha tratado de dar respuesta la industria financiera mediante diversos productos y servicios que han tratado de mitigarlos mediante estrategias de cobertura o el uso de diferentes instrumentos. Hablamos de una gama de productos especializados que, en la mayoría de los casos, solo era accesible a los grandes importadores y exportadores. Sin embargo, con la irrupción de los nuevos modelos financieros, representados en buena medida por las empresas fintech, estos servicios están hoy también a disposición de las pymes. Su propuesta de valor no solo ha consistido en mitigar en lo posible el riesgo de tipo de cambio, sino en proporcionar además una gestión de las transacciones internacionales mucho más eficiente, segura y regulada.

De hecho, el objetivo que se han impuesto estas compañías financieras de base tecnológica ha sido el logro de unas transacciones internacionales inmediatas y a bajo coste, un objetivo que en buena medida se ha conseguido ya en la mayoría de las monedas internacionales, con operaciones que se ejecutan en el mismo día. No en vano, la inmediatez en materia de pagos y cobros constituye para las empresas con actividad exterior una importante ventaja competitiva en la medida en que les proporciona una mayor liquidez, reduce el riesgo de crédito e incrementa su eficiencia operativa. Cuando una empresa puede realizar pagos a sus proveedores de forma inmediata, fortalece además las relaciones comerciales, lo que puede marcar la diferencia en un entorno cada vez más globalizado y competitivo.

A pesar de que diversos organismos internacionales llevan años promoviendo normativas y sistemas que tratan de impulsar la inmediatez y la eficiencia en las transacciones a nivel global, existen todavía algunos obstáculos que se interponen al logro de estos objetivos. Nos referimos a ciertas regulaciones específicas vigentes en algunos países que generan barreras y complejidad a la estandarización y armonización de los sistemas de pagos. Por ejemplo, un pago en dólares debe pasar siempre por un banco corresponsal en Estados Unidos, además de tener que cumplir una serie de normas que pueden diferir de una divisa a otra. Además, en cada pago también hay que comprobar si hay alguna entidad sancionada o si existe alguna restricción de la propia moneda o de algún banco central implicado. Muchas de estas comprobaciones requieren intervención humana, lo que dificulta la implantación de un sistema de pago inmediato.

Las empresas fintech especializadas en el campo de las transacciones internacionales llevan años realizando importantes esfuerzos e invirtiendo cuantiosos recursos financieros para acelerar sus procesos con la menor carga burocrática posible y de una manera compatible con el mantenimiento de los controles y los requisitos reglamentarios. Al mismo tiempo, gracias a su propuesta tecnológica se han convertido en catalizadores de la innovación con el lanzamiento de nuevos productos al mercado. Ocurre, por ejemplo, con el comercio electrónico, que se ha convertido para muchas pymes en el único canal accesible para vender en todo el mundo sus productos, lo que les obliga, por esta razón, a tener que cobrar en muchos casos en las divisas en circulación en los mercados en los que venden.

Previsiblemente, los avances que veremos a corto y medio plazo en el campo de los pagos y cobros internacionales incidirán en proporcionar al usuario una experiencia cada día más digital, mucho más ágil y menos burocrática, sin menoscabo de los aspectos normativos con el objetivo de dotar al sistema de unos estándares de seguridad cada vez mayores. Tecnologías como la inteligencia artificial o el big data están proporcionando ya herramientas que mejoran los sistemas de detección del fraude, ante operaciones sospechosas o sancionadas; aportan una gestión mucho más ajustada del riesgo e incluso ayudan a identificar y crear productos específicos para las empresas que los necesitan. En cambio, a pesar de lo mucho que se ha escrito sobre la tecnología blockchain en los sistemas de pagos internacionales, pensamos que su penetración en este mercado será mucho más lenta de lo que muchos presumen.

En suma, la realización de pagos y cobros de forma inmediata proporciona a las empresas internacionales una mayor liquidez, reduce su riesgo de crédito, mejora su eficiencia operativa y fortalece sus relaciones comerciales. Todas estas ventajas contribuyen al crecimiento y el éxito de la empresa en un entorno empresarial global, lo que justifica que, tanto los reguladores como las instituciones financieras y los proveedores de tecnología continúen trabajando en la adopción de unos estándares comunes que mejoren las operaciones de las empresas y proporcionen con ello importantes beneficios a la economía global.

Duarte Líbano Monterio es director general de Ebury para el Sur de Europa

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