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Breakingviews
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Warren Buffett invierte... ¡igual que todo el mundo!

La idea de que Berkshire Hathaway mantiene mucho tiempo sus acciones tiene buena parte de mito

El magnate Warren Buffett y su esposa, Astrid Menks, en la Casa Blanca.
El magnate Warren Buffett y su esposa, Astrid Menks, en la Casa Blanca.BENJAMIN MYERS (Reuters)

Haz lo que digo, no lo que hago suena como el tipo de frase concisa que Warren Buffett podría decir a su adorada multitud. Aunque el nonagenario multimillonario no puede reivindicar el aforismo, merece la pena tenerlo en cuenta cuando se trata de entender o emular su filosofía de inversión. A menudo hay una discrepancia entre lo que dice y lo que hace.

El jefe de Berkshire Hathaway dijo a sus accionistas en una misiva de 1988: “Nuestro periodo de tenencia favorito es para siempre”. La idea de Buffett como inversor a largo plazo ha perdurado a través de los tiempos. Algo perdido para la historia es que la frase tan citada incluía una referencia a “negocios sobresalientes con directivos sobresalientes”. También citaba específicamente grandes compras de ese año, de Coca-Cola y Federal Home Loan Mortgage, o Freddie Mac, valores que dijo que Berkshire tenía intención de poseer durante mucho tiempo.

Buffett fue fiel a su palabra. Freddie Mac, el prestamista hipotecario respaldado por el Gobierno de EE UU, llegaría a convertirse en el 10% de la cartera de acciones de Berkshire. El conglomerado fue inversor suyo durante una decena de años, hasta que Buffett se asustó por las proyecciones de crecimiento de beneficios demasiado optimistas. Y 35 años después, Berkshire sigue siendo propietaria de Coca-Cola. La participación de 1.300 millones de dólares que terminó de acumular en 1994 valía 25.000 millones el mes pasado. En su carta más reciente a los inversores, Buffett destacó cómo los 75 millones en dividendos en efectivo que Berkshire cobró ese año de Coca-Cola habían superado los 700 millones en 2022.

Este tipo de resistencia se ha convertido en parte del mito de Buffett, junto con su hábito de rebuscar en empresas que cotizan a menos de su valor intrínseco. Es cierto que Berkshire rara vez vende un negocio que ha comprado en su totalidad. Aunque se deshizo de una aseguradora hace unos años y más recientemente salió del negocio de los periódicos, hay muchos más ejemplos de que se aferra a compras como las pinturas Benjamin Moore, el operador ferroviario BNSF, la ropa Fruit of the Loom y See’s Candies (dulces).

Sin embargo, cuando se trata de acciones que cotizan, Freddie Mac y Coca-Cola son las anomalías. Más típico es el giro de Buffett en Taiwan Semiconductor Manufacturing, TSMC. Berkshire reveló una participación de 4.000 millones en noviembre, para deshacerse de ella meses después tras reevaluar los riesgos geopolíticos a los que se enfrenta la sede del fabricante de chips, valorado en 460.000 millones. La decisión puede haber conmocionado a los inversores, que habían hecho subir las acciones de TSMC un 4% después de que Buffett dijera por primera vez que había comprado el valor.

El episodio de TSMC también sirvió para comprender cómo los observadores de Buf­fett racionalizan sus movimientos para evitar perturbar sus percepciones de la doctrina para siempre. “Como Berkshire tiende a ser un inversor que compra y mantiene durante mucho tiempo, simplemente se sintió más cómodo con el capital que están invirtiendo en Japón que seguir invirtiendo en Taiwán, especialmente porque la mayoría de esas compras están financiadas con deuda japonesa denominada en yenes”, explicaron los analistas de Morningstar a los clientes.

En realidad, Buffett se parece más a un accionista estadounidense típico, aunque ultrarrico. Comprender este fenómeno es importante dado que la cartera de acciones de Berkshire ascendía a unos 325.000 millones el 15 de mayo, con otros 125.000 millones aproximadamente en efectivo y letras del Tesoro de EE UU a 31 de marzo, para una empresa con un valor de mercado de 725.000 millones.

Buffett compra y vende cantidades multimillonarias de acciones, no necesariamente por capricho, pero sí con gran regularidad. En un estudio de 2010 sobre cómo reaccionan los mercados a las operaciones de Berkshire, los investigadores descubrieron que de las 230 acciones diferentes que poseía la empresa entre 1980 y 2006, el 60% de ellas las mantuvo durante menos de un año, o bastante menos que para siempre. Solo mantuvo nueve de ellas durante al menos una década.

A lo largo de los decenios, los pequeños inversores también han reducido el tiempo de tenencia de sus acciones. La edad de oro fue la década de los cincuenta, cuando la retención media alcanzó un máximo de aproximadamente ocho años. Se desplomó a menos de seis meses en junio de 2020, según los cálculos hechos hace unos años por Reuters a partir de datos de la Bolsa de Nueva York.

Las partes más voluminosas de la cartera de Berkshire son hoy notablemente diferentes de las de hace una década. Coca-Cola y American Express han sido pilares fundamentales, pero otra participación importante y duradera, Wells Fargo, ha desaparecido. Una participación de 13.000 millones en IBM llegó y se fue, al igual que 8.000 millones en JP Morgan y casi 3.000 millones en la biofarmacéutica AbbVie. El desarrollador de videojuegos Activision Blizzard, Occidental Petroleum y el grupo de medios Paramount Global figuran entre las nuevas inversiones, al igual que Apple. Buffett no apostó por ella hasta 2015, unos 35 años después de su OPV. La posición ha aumentado rápidamente a 150.000 millones y representaba casi la mitad de las participaciones de Berkshire a mediados de mayo.

No es ninguna vergüenza reevaluar periódicamente las propias inversiones. De hecho, es una virtud, ya que la fidelidad obstinada puede salir cara. Además, las empresas son adquiridas o quiebran, lo que obliga a tomar nuevas decisiones de asignación de capital, incluso a aquellos que, como Berkshire, miran a horizontes lejanos. Entrar y salir de las acciones le ha funcionado a Buffett, aunque, como muchos inversores de menor nivel, ha llegado a arrepentirse de algunas de sus operaciones más precipitadas. Vender demasiado rápido una participación en McDonald’s en 1998 fue “un gran error”, admitió poco después de hacerlo.

Pero no por nada se le conoce como el Oráculo de Omaha. Desde 1965 hasta 2022, las ganancias compuestas anuales del 20% de Berkshire duplicaron las del S&P 500, incluidos los dividendos reinvertidos.

Casi 30 años después de manifestar su preferencia por el para siempre, Buffett trató de aclarar en 2016 su pensamiento sobre los periodos de tenencia añadiendo una línea a uno de los principios empresariales de Berkshire para enfatizar que la palabra solo se aplica a las empresas controladas. Incluso entonces, sin embargo, alimentó la idea de que la intención con las acciones es para siempre. Cada uno de sus valores negociables está disponible para la venta, dijo, “por improbable que tal venta parezca ahora”.

Basándose en el amplio historial de Berkshire, una venta realmente no es improbable en absoluto. En lo que respecta a la inversión en acciones, es mejor hacer lo que Buffett hace que lo que dice.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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