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Las alzas de tipos del BCE ponen en apuros a 600.000 hogares de rentas bajas endeudados

Hasta 1,5 millones de familias dedicarán más del 40% de su renta al pago de préstamos, según el Banco de España

Vulnerabilidad familias Subida de tipos Gráfico
Belén Trincado Aznar

La cifra de víctimas de la inflación sigue engordando. Ya no solo por lo que supone para el bolsillo de las familias mantener su nivel de gasto, sino también por el incremento de los costes financieros. El Banco Central Europeo (BCE), para hacer frente a una espiral alcista de precios desbocada, comenzó con las subidas de tipos de interés el pasado julio. Y este jueves han llegado al 4%, una cota nunca vista desde antes de la crisis de 2008, que tiene consecuencias a pie de calle. Según cifras del Banco de España, esta escalada pone a 600.000 familias con rentas bajas endeudadas en jaque: dedicarán más de 4 de cada 10 euros de sus ingresos a la devolución de créditos.

Los últimos meses han supuesto un jarro de agua fría para los hogares con deudas bancarias, principalmente los que tienen menos recursos, como recoge el último Informe de Estabilidad Financiera del supervisor. Los más castigados serán los que cuenten con una hipoteca a tipo variable, cuya cuota se actualiza en función del euríbor (habitualmente una vez al año), índice que crece sin freno a lomos de las subidas de tipos. En España hay unos cinco millones de préstamos para compra de vivienda, de los que 3,7 millones son a tipo variable, según las últimas cifras que maneja el organismo que dirige Pablo Hernández de Cos.

En total hay 10,8 millones de familias con algún tipo de deuda. Aquí entran no solo los hogares con hipoteca, también los que cuentan con cualquier tipo de crédito (por ejemplo, un préstamo al consumo). De estos, el supervisor considera vulnerables a un 13,9% —dedican más del 40% de su renta a la devolución de deudas— con el nuevo nivel de tipos de interés. Esto es, 1,5 millones de hogares, casi 400.000 más que antes de las dos últimas alzas del BCE.

Este es el dato global, aunque el zarpazo será más contundente en los endeudados con menos recursos: en las familias con ingresos bajos, ya asfixiadas por el incremento sin descanso de los precios. Según las cifras del Banco de España, hasta el percentil 20 —ordenados los datos de renta de menor a mayor, el valor de la variable por debajo del cual se encuentra el 20% del grupo— se contabilizan hasta 600.000 hogares en apuros (50.000 más que cuando los tipos estaban al 3,5%). Y entre el percentil 20 y el 40 hay que sumar otras 410.000 familias (110.000 más). Si se suman ambos guarismos, de los 1,5 millones de hogares vulnerables, dos tercios están en las rentas más bajas, los que menos capacidad financiera tienen para renegociar o reorganizar sus cuentas.

El Gobierno de coalición y el sector financiero eran conscientes de estos nubarrones que se vislumbraban en el horizonte desde hace meses. Para evitar el desastre, sobre todo con el recuerdo de lo que ocurrió tras el boom inmobiliario durante la Gran Recesión, el Ejecutivo y la banca pactaron una ampliación del Código de Buenas Prácticas, de forma preventiva, para socorrer a los hipotecados en apuros.

Cuando se anunció el acuerdo, a finales del año pasado, esperaban que este escudo social beneficiase a hasta un millón de familias endeudadas. Sin embargo, meses después, el Banco de España calculó que esa red podrá proteger a hasta unos 550.000 hogares, aunque la realidad será aún menor: si se toman los datos históricos de adhesión a este tipo de protocolos, el supervisor cree que finalmente se beneficiarán de estas medidas solo cerca de 200.000 familias. “No todos los endeudados que puedan acogerse lo harán según la experiencia de otros años, de ahí que las cifras queden muy alejadas de la primera estimación del Gobierno”, explica Joaquín Maudos, director adjunto del IVIE y catedrático de la Universidad de Valencia.

La morosidad, a raya

Por el momento, a pesar de las incertidumbres y del frenazo económico, la morosidad bancaria sigue sin aflorar. Todas las previsiones, desde hace más de un año, apuntaban a un aumento de los impagos que todavía no se ha producido. Pese a ello, el sector no quita a ojo a ese termómetro, una de las primeras alarmas que les pone en aviso de cuando vienen mal dadas. Por ahora, todos respiran: en abril (último dato disponible), la tasa de mora volvió a bajar, hasta el 3,51%, su mínimo desde diciembre de 2008 y muy lejos de las cotas que alcanzó durante la Gran Recesión (llegó al 13,62% en diciembre de 2013).

“Todavía no se vislumbra porque queda ahorro de la pandemia. Cuando se acabe, se verá el aumento de la morosidad”, argumenta David Echeverry, profesor de la Facultad de Económicas de la Universidad de Navarra. A esto hay que añadir la fortaleza del mercado laboral, clave para que los deudores cumplan con sus compromisos financieros. “La vivienda es lo último que se deja de pagar. Donde habrá impagos antes será en los préstamos al consumo”, añade Maudos.

Otro de los efectos de las subidas de tipos, así como de las turbulencias bancarias producidas en Estados Unidos y Suiza, es la restricción del crédito experimentada en el inicio de año, según el BCE. De hecho, el ritmo al que los bancos están endureciendo su concesión de préstamos es el más rápido desde la crisis de deuda soberana de 2011. Una restricción que afecta en mayor medida a las rentas más bajas. Es decir, a las que tienen una situación financiera menos holgada.

Además, la mayor parte de la factura de la inflación la han pagado los hogares. En concreto, los que tienen menos recursos, como se ve en la evolución de los márgenes empresariales. Según el organismo que preside Christine Lagarde, el impacto en 2022 de los beneficios en las presiones inflacionistas ha sido “excepcional desde una perspectiva histórica”. El Eurobanco señaló hace unos meses asimismo a varios sectores en los que el incremento de las ganancias supera el de los salarios: agricultura, energía, industria, construcción u hostelería y restauración.

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Sobre la firma

Hugo Gutiérrez

Es periodista de la sección de Economía, especializado en banca. Antes escribió sobre turismo, distribución y gran consumo. Ha desarrollado su carrera en EL PAÍS tras pasar por el diario gaditano Europa Sur. Es licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla, Máster de periodismo de EL PAÍS y Especialista en información económica de la UIMP.

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