El automóvil español se libra de la última bomba arancelaria de Trump: por qué dejó de vender coches a EE UU
La producción nacional está centrada principalmente en vehículos pequeños con destino Europa. Se tambalea el plan de Mercedes-Benz de vender a EE UU la nueva furgoneta eléctrica que hará en Vitoria a partir de 2026


La industria automovilística española está viendo los toros desde la barrera en el nuevo capítulo de la guerra arancelaria de Donald Trump contra el mundo. El presidente estadounidense anunció este miércoles un 25% de aranceles a la importación de vehículos, algo que ha hecho desmoronarse en Bolsa al sector, pero que no afectará a España, ya que el país no exportó ni un solo vehículo al mercado estadounidense en 2024 ni lo hará en 2025. Esto no siempre fue así: en 2023, España le vendió a Estados Unidos unos 51.700 vehículos procedentes de las plantas de Mercedes-Benz Vitoria y Ford Almussafes (Valencia).
Estos automóviles eran las furgonetas Ford Transit Connect y la Ford Tourneo Connect —la primera era para una actividad comercial, mientras que la segunda servía para el transporte de pasajeros—; y la Vito de Mercedes-Benz, que se comercializaba en EE UU bajo el nombre de Metris. La única diferencia entre la versión europea y la americana era que esta última tenía un motor de gasolina, mientras que la Vito lleva un motor diésel. La compañía de la estrella decidió dejar de vender este vehículo a EE UU tanto en su versión furgón como en la de pasajeros por un problema de homologación.
Lo de Ford, por su parte, se debió a un proceso de vaciamiento de la planta valenciana que dejó a Almussafes produciendo única y exclusivamente el Ford Kuga, tras perder la mencionada furgoneta, el Mondeo, el S-Max y la Galaxy. Esto derivó en que la compañía aprobara cuatro Expedientes de Regulación de Empleo (ERE) desde 2020 y que su plantilla esté actualmente sujeta al Mecanismo RED del Gobierno para evitar más despidos hasta que llegue un nuevo modelo multienergía a sus líneas de ensamblaje en 2027. Cabe destacar que el Kuga también se vende en EE UU, pero este se produce allí.
En el caso de Mercedes-Benz, el anuncio de Trump sí puede tener efectos en la estrategia de la marca de cara a futuro. La automovilística alemana anunció en 2022 que Vitoria acogería su nueva plataforma de producción de vehículos eléctricos comerciales VAN.EA, arquitectura de la que saldrán las primeras furgonetas eléctricas de Vitoria a partir de 2026, en su versión de pasajeros, mientras que en 2027 lanzará la dedicada a la actividad comercial. Ambas se supone que se exportarán también al mercado estadounidense, algo que corre peligro con la errática política arancelaria de Trump.
La plataforma VAN.EA, que fue pensada desde un inicio para la movilidad eléctrica, contará también con versiones de combustión, mientras que la Vito y la Clase V de diésel se seguirán haciendo en el País Vasco unos años más. Este giro en la estrategia de Mercedes-Benz se debe a los fallidos pronósticos en torno al vehículo eléctrico, cuya implementación está siendo más lenta de la esperada por el sector en un principio.
Más allá de lo que suceda con los planes de la automovilística alemana, las fábricas españolas están muy centradas en la producción de un tipo de vehículo que está pensado para los mercados europeos, de un tamaño menor al que se suele vender en EE UU. En torno al 90% de lo que hacen las plantas nacionales se exporta —de las fábricas españolas salieron 2,37 millones de vehículos el año pasado—, siendo Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y Turquía los países que aparecen normalmente en el top cinco de los compradores de vehículos made in Spain. El mayor fabricante del país es Stellantis, que el año pasado ensambló 980.000 unidades entre las plantas de Vigo, Zaragoza y Madrid. Buena parte de la producción de la factoría gallega son furgonetas pequeñas, pero ninguna va a parar a EE UU, mientras que Zaragoza y Madrid hacen turismos.
Por su parte, la industria de componentes del automóvil española sí que exportó piezas a EE UU el año pasado por unos 1.021 millones de euros, siendo este país el octavo destino mundial de este sector nacional. Sin embargo, los fabricantes de componentes españoles cuentan con plantas dentro de las fronteras del gigante estadounidense que podrían verse beneficiadas por el proteccionismo de Trump.
Otro factor que explica la inexistencia de ventas de coches a EE UU es la larga distancia que tienen que recorrer los barcos cargueros. Esto encarecería el precio final de unos vehículos que, por lo general, son de marcas generalistas y de tamaño pequeño, es decir, bastante ajustados en precio. Diferente es el caso alemán, que vende a EE UU modelos premium, los cuales aguantan mejor un incremento en su precio.
A pesar de que España ya no exporta vehículos a EE UU, el Departamento de Comercio de ese país informa en su página web que se vendieron coches en 2024 por valor de 178,5 millones de dólares (unos 165,3 millones de euros al cambio actual). Desde Anfac, la patronal española de automovilísticas, explican que esto puede deberse a vehículos que hayan sido producidos en otros países europeos, pero que partan hacia EE UU desde puertos españoles.
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