Los fantasmas de la deuda y el déficit público acechan España tras haber esquivado la recesión

A un año de la reactivación de las reglas fiscales europeas, la deuda española se eleva al 115%

Infografía: Belén Trincado

La economía española ha aparcado la recesión, como ratificó el Instituto Nacional de Estadística (INE) el pasado viernes. El crecimiento del último trimestre fue del 0,2% y 2022 cerró con un aumento del PIB del 5,5%. A corto plazo, la economía funciona, pero no todo está dicho. La incertidumbre seguirá presente en España, que tendrá que hacer frente al deterioro de otras variables ligadas entre sí: la deuda y el déficit público, que volverán a estar controlados por la Comisión Europea en 2024 con la reactivación de las reglas fiscales.

España ha aumentado su deuda un 80% en los últimos 15 años. A este problema, sistémico en los países del sur de Europa, se le sumó la pandemia. En 2020 la economía se contrajo un 11,3% y aumentó de manera sustancial el gasto público para hacer frente a las necesidades de la pandemia. España, junto a Canadá y Estados Unidos, registró de los mayores aumentos de los países industrializados en la relación gasto público social y PIB de 2019 a 2020, según apunta la OCDE.

Cuando todo apuntaba a que la pandemia había terminado, la guerra de Ucrania y la crisis energética empeoraron el panorama. España ha desembolsado más de 45.000 millones de euros en ayudas para paliar la crisis entre 2021 y 2022, más de un 3% del PIB, como afirmó el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en sede parlamentaria. El resultado de todo lo anterior es una deuda que alcanzó el 115,6% del PIB al cierre del año, según datos del Banco de España. Por otro lado, según las estimaciones de la Airef, el déficit estructural alcanzará cifras próximas al 4% en 2025, lo que supone 6 décimas más desde la pandemia, sin medidas correctoras.

Los analistas creen que los grandes esfuerzos financieros han sido necesario para evitar el colapso de la economía, pero también son un gran desembolso que agujerea la capacidad del Estado de volver a hacer frente a eventualidades futuras. "A día de hoy, prácticamente nos hemos quedado sin margen de actuación. Las cuentas públicas estarán preparadas para hacer frente a situaciones de shock si tienen espacio fiscal, que cada vez es más mínimo", explica María Jesús Valdemoro, Lecturer de IESE Business School.

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Deuda, ¿y qué?

La deuda elevada de España es un problema en dos sentidos, como explica Diego Martínez, profesor de la Universidad Pablo de Olavide e investigador asociado a Fedea: "Genera dudas sobre la credibilidad de los gobiernos a medio y largo plazo y hace más complicado que consigan financiación, lo que va en detrimento de otras políticas, como educación o sanidad". Por otra parte, si una economía está endeudada hay que aumentar ingresos para pagarla y la vía más común para hacerlo es a través de impuestos. "Deuda hoy significan impuestos mañana", concluye Martínez.

Los fondos europeos son una válvula de escape para España, merced a los más de 100.000 millones de euros adjudicados tras la pandemia entre préstamos blandos y trasferencias, para que la economía potencial española crezca y el crecimiento del PIB se coma parte de la deuda. Sin embargo, Fedea alertó la semana pasada de que la traslación de esos fondos a la economía "está tardando más de lo esperado".

Además, los expertos advierten que el gran agujero de las finanzas españolas está en el crecimiento del gasto sanitario y de pensiones, que no se pueden financiar con fondos europeos y que "debe ser modulado de una forma u otra", indica Martínez.

Beneficios coyunturales

Hay factores coyunturales que aminoran los efectos nocivos de la deuda, como la inflación. Los ingresos del Estado se encuentran en máximos históricos y la administración proyecta terminar el año con una recaudación de 244.000 millones de euros, frente a los 223.385 millones que se ingresaron vía impuestos en el año 2021, merced al aumento de precios. Valdemoro advierte de que estos efectos, aunque beneficiosos, son extraordinarios: "El aumento de la inflación no consolida las finanzas públicas", e indica que es necesario enfocarse sobre la deuda estructural, no sobre ingresos coyunturales.

El contexto ayuda en el corto plazo, incluso pese a la subida de tipos de cambio que afecta negativamente a los intereses que se pagan de la deuda. Ya se empieza a notar: España captó la semana pasada 13.000 millones en un bono a 10 años con un cupón del 3,15%, el más alto desde 2014, mientras que el año pasado, un cupón similar se situó en el 0,7%.

Por otra parte, los esfuerzos de anteriores ejercicios para ampliar la vida media de la cartera de deuda sirven de blindaje ante el alza de tipos. Además, reducen las necesidades de refinanciación, España se sigue beneficiando del efecto sustitución de emisiones hechas a precios más altos. Aunque los cupones de las nuevas operaciones hayan aumentado, estos continúan por debajo del precio de algunas referencias que siguen en circulación.

Vuelven las reglas fiscales

Reducir el déficit pasa por aminorar gastos o aumentar ingresos. Sin embargo, la cuestión fundamental es la de despejar dudas sobre la sostenibilidad de las cuentas públicas en el futuro. "Eso no significa que España tenga el año que viene un déficit al 0%, pero sí que el Gobierno tenga un plan a medio plazo en que haya ingresos permanentes que financien el gasto permanente", advierte Carlos Martínez Mongay, exdirector general adjunto de Economía de la Comisión Europea.

El pasado noviembre, la Comisión propuso una modificación de las reglas fiscales europeas, que seguirán en pausa hasta 2024. La senda seguirá encaminada a conseguir establecer la deuda en el 60% del PIB y el déficit no supere el 3%, pero las formas serán distintas.

La reforma busca aliviar el "corsé" sobre las finanzas públicas que imponían los modelos anteriores, además de fomentar los consensos entre los Estados miembros, la Comisión y las autoridades fiscales. De aprobarse esta reforma, la cuestión será "qué plan pone España sobre la mesa sobre sus ingresos y sus gastos en los próximos años para que la deuda no aumente. Una vez que no exista necesidad de endeudamiento, la deuda se reducirá por el crecimiento económico", indica Mongay.

Otra de las novedades de la propuesta de la Comisión es la de diseñar las políticas financieras de manera contra cíclica, es decir, que sean expansivas en periodos de contracción económica y viceversa. La ONU alertaba en una reciente publicación que no es momento de volver a la austeridad fiscal. Aunque en el corto plazo España está a salvo de los peligros de la deuda, los expertos concuerdan en que es el momento de consolidar las cuentas públicas para evitar males en el medio y largo plazo.

Contención del gasto público

200% de deuda.

Japón alcanzó el 216% de deuda sobre el PIB en 2020, pero no existen riesgos aparentes de la quiebra del país nipón por tener su economía endeudada en dos veces lo que produce en un año. Sin embargo, la comparación con España es perniciosa. Japón, explica Mongay, es una economía independiente y endeudada consigo mismo; España, por el contrario, es dependiente del Eurosistema que, además, posee el 33% de la deuda española, según el Tesoro.

Europa.

El problema del gasto es generalizado: Alemania, que llevaba en superávit desde mediados de 2013, encadena 10 trimestres de déficit desde la pandemia, aunque con prácticamente la mitad de deuda que España.

Propuestas

Las propuestas para reducir el gasto público son variopintas, el caso más reciente fue el del Círculo de Empresarios que propuso "racionalización de parte del gasto" de aquellos ayuntamientos de menos de 5.000 habitantes, para los que propone unificarlos a estructuras de mayor tamaño.

Con medidas de reducción de la administración, el Círculo calcula que se podrían ahorrar unos 14.000 millones de euros en el conjunto de las administraciones. Esta idea, “aunque sugerente y positiva, es como pedir la paz en el mundo”, explica Martínez, que aboga por incentivar servicios públicos mancomunados.

Sobre la firma

Pepe García

Redactor de la sección de Economía de Cinco Días. Estudió Ciencias Políticas y Sociología en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla y cursó el Máster de periodismo UAM - EL PAÍS.

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