Lo que nos puede ofrecer la movilidad conectada en 2023

Habrá más pliegos de licitación, nuevas formas de validación y rutas flexibles o a demanda en áreas de baja frecuencia

Desde la conceptualización de MaaS (Mobility as a Service/ movilidad como servicio) en el año 2015, el mercado ha ido poco a poco entendiendo la necesidad de soluciones de movilidad conectada y capturando el valor que representan los servicios orientados a una movilidad más sostenible, digital y eficiente. La pandemia supuso un parón a todos los efectos, también en este ámbito de actividad, pero en 2022 se recuperó el pulso gracias al lanzamiento de varios proyectos, que indican que 2023 será el año de cosechar resultados siguiendo detenidamente las métricas de uso.

Cada vez más y más los consorcios y autoridades de transportes públicos buscarán formas creativas de resolver el puzzle de la movilidad urbana. Ahora observamos una tendencia de los operadores públicos en incorporar nuevas tecnologías que expanden o complementan su operativa. Veremos más pliegos de licitaciones, nuevas formas de validación, rutas flexibles o a demanda en áreas de baja frecuencia e incorporaciones a la oferta pública de empresas de movilidad compartida para complementar la última milla. Concursos como la ampliación de bicing con nextbike o los pliegos que se esperan para renovar Bicimad, serán referentes para otras ciudades y observaremos si la gestión pública de estos modos es la vía para solucionar la falta de conexión de la movilidad.

Todo apunta a que los agentes públicos buscan mejorar la sostenibilidad de las ciudades mediante el apoyo a los vehículos eléctricos y el fomento de la movilidad activa. Esta última, a través del urbanismo táctico y con correcta implementación de las zonas de bajas emisiones, generará un cambio de paradigma de los desplazamientos. También, después de la pandemia, se han consolidado las propuestas laborales híbridas y esto ha conllevado una disminución de los desplazamientos o un cambio modal en el mejor de los casos. Esta nueva variable en la ecuación se acentuará en 2023 y habrá que explorar vías creativas de introducirla en la ecuación de la movilidad sostenible.

Aunque ya llevan siendo una realidad muchos años en Asia, llegan a Europa y a Estados Unidos los microcoches eléctricos. Dentro de las fiebre de convertir todo a eléctrico destacan por su utilidad y conveniencia en el entorno urbano y estarán más presentes en nuestras calles a lo largo de este año. No podemos olvidar que su competidor natural son los vehículos eléctricos ligeros, bicicletas y motocicletas, que ganarán la partida allí donde la infraestructura aporte seguridad y reduzca el número de accidentes.

El mundo de la primera y última milla continúa consolidándose, tanto de personas como de mercancías. Tanto como propuestas, suscripciones o servicios aislados, como con empresas que se mantienen operativas. La regulación y la falta de infraestructura muchas veces juegan en contra de las empresas disruptoras que quieren competir. Veremos nuevas propuestas, fusiones, escisiones, regulaciones nuevas, pero lamentablemente también cierres y cambios de rumbo. El 2023 va a suponer una prueba del nuevo para las propuestas que cuajen y puedan captar el mayor valor para el modo de uso al que van dirigidos.

Con el desarrollo de nuevas soluciones tecnológicas aplicadas a la movilidad se implementarán mejoras en la esfera del tratamiento de datos y la interrelación de los mismos con otras industrias. El avance en los digital twins es una consecuencia natural. Más datos de movilidad relacionados con otros datos de otras industrias con los que sacar conclusiones harán que mejore la calidad de vida de nuestras ciudades. Veremos en 2023 más datos en tiempo real y simulaciones que sean la base para tomar decisiones clave en movilidad.

Sin embargo, la limitada innovación en las opciones de pago en los distintos transportes sigue siendo una tarea pendiente para muchas metrópolis europeas y norteamericanas. Las nuevas tecnologías de pago –pago sin contacto, sistema ABT (billetes basados en cuentas) o monederos electrónicos– son herramientas que, aunque no son visibles para el usuario final, posibilitan una experiencia de uso diferencial. Diremos adiós a antiguas formas de pago como el efectivo y esto repercutirá en el aumento de uso de los medios de transporte que las implementen.

Otro aspecto sensible de la nueva movilidad son las ZBE (zonas de bajas emisiones), una realidad en muchas ciudades de Europa. Con mayor o menor éxito, se han consolidado como la vía principal para reducir el tráfico rodado en los congestionados centros urbanos. Gran parte de los fondos NextGen han ido destinados a implementar estas medidas en nuestro país o a reforzarlas para las ciudades pioneras como Londres. Queda por ver si una vez reducidos aquellos vehículos más contaminantes o menos ocupados se implementarán peajes de entrada en los centros urbanos.

Además de la sostenibilidad medioambiental y económica del transporte público, es necesario pensar en la accesibilidad y la inclusión. Por ello ya existen muchas iniciativas que promueven la accesibilidad para personas con necesidades especiales y la inclusión para ciertos colectivos. La innovación en movilidad actualmente viene promovida por empresas privadas del sector o por entidades públicas. Pero la asincronía de los ritmos hace que ciertos avances no lleguen en tiempo y forma.

Por ello crecen los proyectos de colaboración público-privada para la implementación de soluciones disruptivas. Este tipo de colaboraciones si se monitorizan bien y se destinan recursos generarán grandes beneficios para la sociedad. Expertos y analistas coinciden en que 2023 será un año apasionante para la movilidad conectada y para otras tendencias del sector. En pleno cambio de ciclo económico, veremos movimientos que condicionarán las décadas futuras para alcanzar el ideal de ciudad conectada, sostenible, accesible y más habitable.

Guillermo Campoamor es CEO de Meep