El fiasco de FTX evoca las grandes estafas financieras de la historia

En sus entrevistas, Sam Bankman-Fried mostraba conocimiento de la fragilidad de la criptoburbuja

Sam Bankman-Fried, fundador de FTX, en febrero.
Sam Bankman-Fried, fundador de FTX, en febrero. AFP

Sam Bankman-Fried afirma estar más interesado en el juego que en la literatura. No hace mucho, el fundador de FTX, la fallida bolsa de criptos, declaró: “No quiero decir que ningún libro merezca la pena ser leído, pero en realidad creo algo bastante cercano a eso. Creo que si has escrito un libro, la has cagado, y debería haber sido una entrada de blog de seis párrafos”.

Si SBF, como se le conoce, hubiera abierto el Oxford English Dictionary, habría descubierto que el significado original de la palabra burbuja es “cualquier cosa frágil, insustancial, vacía o sin valor, un espectáculo engañoso”. Eso describe bastante bien el ecosistema en el que operaba FTX. Profundizando en la historia financiera, Bankman-Fried podría haber identificado que sus actividades tenían muchas similitudes con algunos de los fraudes que acompañaron a las burbujas del pasado… con un posible giro.

El burbujeador se aprovecha de la credulidad de los inversores. No es difícil en los momentos de euforia del mercado. Como escribió Walter Bagehot en Lombard Street en 1873, “los buenos tiempos, también de precios altos, casi siempre engendran mucho fraude. Toda la gente es más crédula cuando está más contenta; y cuando se acaba de ganar mucho dinero, cuando algunas personas lo están ganando realmente, cuando la mayoría de la gente cree que lo está ganando, hay una feliz oportunidad para la mendacidad ingeniosa.”

SBF convenció a algunos de los inversores más reputados del mundo, como Sequoia Capital, el gestor de ­hedge funds Paul Tudor Jones, el Plan de Pensiones de los Profesores de Ontario y el fondo soberano de Singapur Temasek, para que inyectaran dinero. Fortune lo aclamó “el próximo Buffett”.

El siguiente truco es vender al público activos sin valor. Los burgueses holandeses cayeron en esto allá por 1630, cuando pagaron el valor equivalente a una mansión de Ámsterdam por un solo bulbo de tulipán. Pero en ningún lugar la riqueza ha sido tan virtual como en el ciberespacio, con sus criptomonedas y tokens. Para animar las cosas, es buena idea ofrecer apalancamiento. Una vez más, los holandeses fueron pioneros: la manía de los tulipanes se llevó a cabo con futuros, bien llamados windhandel (venta al descubierto; literalmente, negocio al aire). En 1719, el economista escocés John Law emitió acciones de la Compañía del Mississippi (que tenía el monopolio de los negocios de las colonias francesas en Norteamérica) sobre una base de pago parcial. FTX también ofrecía apalancamiento a sus clientes.

Los grandes estafadores cultivan las conexiones políticas. En el siglo XVIII, los responsables de la South Sea Company británica (que suministraba esclavos africanos) entregaron acciones al rey Jorge I y compraron a miembros del Parlamento, en la llamada burbuja de los mares del Sur. SBF hizo grandes contribuciones a la campaña de Joe Biden y otros candidatos demócratas. También contrató a un abogado que antes trabajó para Gary Gensler, ahora presidente de la SEC.

Por su naturaleza, los fraudes son opacos. La máxima declarada de Sir John Blunt, el cerebro de la burbuja de los mares del Sur, era: “Cuanta más confusión, mejor; la gente no debe saber lo que hace, lo que hará que estén más deseosos”. Las múltiples filiales de FTX hacen que Enron parezca simple.

Los estafadores suelen afirmar que su éxito en las inversiones se debe a explotar las ineficiencias del mercado. Nick Leeson, el trader que hundió Barings Bank en 1995, afirmaba que sus beneficios procedían del arbitraje. Del mismo modo, SBF comenzó arbitrando los mercados de criptos. Cuando las estafas se deshacen, el estafador puede recurrir a la compra de empresas cuyo inminente colapso amenaza con exponerlas. Cuando el valor de las criptos cayó, FTX dio una línea de crédito a BlockFi, un criptoprestamista en dificultades. También acordó comprar los activos de otro, Voyager Digital, tras su quiebra.

Por último, está la malversación de fondos de los clientes, una característica común de los escándalos financieros, desde el escocés Ayr Bank en 1772 hasta el de Bernie Madoff. SBF transfirió en secreto unos 10.000 millones de dólares de fondos de clientes a su vehículo de trading, Alameda Research. En un lanzamiento de marketing de 2018, Alameda ofreció préstamos con un interés anual del 15%. “Estos préstamos no tienen ningún inconveniente”, decía.

SBF atribuye el colapso a una “cuenta interna confusa” que subestimó el apalancamiento de Alameda, combinada con una crisis de liquidez cuando los clientes se apresuraron a retirar sus activos. Pero entrevistas anteriores muestran conocimiento de la fragilidad de la criptoburbuja. En abril, el columnista de Bloomberg Matt Levine le preguntó si la “agricultura de rendimiento” –la práctica de prestar y pedir prestado contra monedas digitales– era un esquema Ponzi. “Es una respuesta bastante razonable”, respondió SBF. El problema es que “al final te liquidan”.

En otra entrevista con Levine, SBF dijo que algunas firmas de criptos estaban echando mano de los fondos de los clientes y “valorando sus activos a lo que sea”. Estas empresas, decía, solo se preocupan por la liquidez, no por el valor neto de los activos. Operan con un apalancamiento muy alto y aceptan “basura aleatoria como garantía”. No hay transparencia: los inversores institucionales no ven los libros completos. Las recientes revelaciones sugieren que estas descripciones podrían aplicarse también a las operaciones de SBF.

Estas entrevistas, a las que solía ir vestido con sus característicos pantalones cortos, parecen ahora predecir su propia caída. Había otros presagios. Su firma lanzó un producto basado en una cesta de criptos que llamó Shitcoin Index Perpetual Futures, con el poco sutil ticker SHIT-PERP. Invitó a Michael Lewis, autor de clásicos como La gran apuesta, a seguirle la pista. Encargó un anuncio para la Super Bowl en el que el cómico Larry David pone en duda la viabilidad de FTX.

Los investigadores del Gobierno y los expertos en quiebras que están estudiando los restos de FTX establecerán si Bankman-Fried y sus colegas son responsables de una mala gestión o de un fraude total. Pero, en cierto modo, todo podría interpretarse como una broma. De ser así, sería la mayor broma jamás perpetrada.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías