Invertir bajo un nuevo ‘whatever it takes’, este contra la inflación

El enfriamiento de las tensiones de precios será la señal para replantearse la asignación de activos, en particular en la deuda

Las tres palabras con las que Mario Draghi activó los resortes para cerrar la dispersión de primas de riesgo en la eurozona en 2012 han quedado para la historia de los bancos centrales. “El BCE hará todo lo necesario para preservar el euro. Y, créanme, será suficiente”. La determinación intrínseca en esas dos frases provocó un viraje de 180 grados en el mercado y pusieron fin a una etapa de turbulencias.

Hoy el enemigo no es la descomposición de la eurozona, sino un villano de corte clásico pero con fuerzas renovadas, la inflación. Esta semana han aplicado subidas de tipos Suecia, Noruega, Suiza, Reino Unido y Estados Unidos. La determinación tanto de la Fed como del BCE, que han aclarado que no van a cambiar sus planes a causa del riesgo de recesión, es para los inversores una guía tan cristalina como las palabras en 2012 del luego primer ministro italiano. Los tipos han subido, van a seguir subiendo aunque por el camino se lleven el crecimiento económico y seguirán subiendo mientras no se contenga la inflación (o las expectativas de inflación).

Invertir bajo este whatever it takes inverso no es tan sencillo como en 2012, porque la situación no es simétrica. Entonces las palabras movieron a los inversores a anular el fantasma de la convertibilidad y, por tanto, a lanzarse sobre activos de riesgo. Ahora la única certeza es que los banqueros centrales no evitarán activamente una recesión, y la única respuesta en términos de inversión es la preferencia por la liquidez. A riesgo de perder (mucho) poder adquisitivo, el inversor al menos protege la cartera.

El Ibex tocó este viernes mínimo anual, pero la mayor parte de los analistas cree que el riesgo de recesión, y, por lo tanto, de revisiones a la baja de los beneficios, no está aún contenido en los precios de las acciones. Contribuye a ello la ausencia de alternativas de inversión claras. Como aún es una incógnita hasta dónde llegará la subida de las tasas de interés, cambiar Bolsa por bonos no protege al inversor. Si los tipos suben más, los bonos se deprecian y se sufren minusvalías. De hecho, Bolsa y bonos están mostrando una notable correlación en las últimas fechas, es decir, es imposible cubrirse del riesgo de un activo con otro, porque se mueven de la mano.

La forma de ganar dinero en la Bolsa es anticiparse. Por eso el foco de los inversores está en los próximos datos de inflación y en los precios de la energía. El enfriamiento de las tensiones de precios será la señal para replantearse la asignación de activos, en particular en la deuda. La Bolsa debe aún calibrar cómo ha digerido las primeras subidas de tipos antes de pensar en cuándo terminan.