España: última llamada a la transición energética

La eliminación de trabas administrativas para los proyectos de renovables es muy positiva, pero deja de lado a las plantas de tamaño mediano

El mundo rema atropellado ante la necesidad de acelerar la transición energética y la supervivencia en el contexto geopolítico actual. La independencia y seguridad energética son un valor en alza que ha venido a modificar algunas de las concepciones que se daban por seguras en la transición del sector. Nos encontramos en un punto de inflexión debido al contexto de guerra y a la inflación ante el que no queda más remedio que replantear la estrategia de generación de energía. Las renovables se hallan en la encrucijada: existe un amplio consenso de que son la solución –o al menos parte de ella–, pero necesitan un claro impulso y reducir las muchas trabas administrativas y burocráticas.

Los países más avanzados están adoptando medidas decisivas para asegurar su independencia y seguridad energética, aunque con ritmos diferentes en el camino hacia la neutralidad de emisiones. Alemania ha anunciado hace poco que, ante el riesgo de falta de suministro energético, va a reactivar sus viejas plantas de carbón, lo que amenaza con revertir una de las medidas más emblemáticas para la transición energética: la eliminación de plantas de generación de energía contaminantes.

Por otro lado, el 6 de junio, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, anunció una exención arancelaria de 24 meses para los paneles solares de cuatro naciones del sudeste asiático que estaban siendo investigadas por el Departamento de Comercio. Además, impulsó la aprobación de la ley Defense Production Act, con la que pretende movilizar recursos del sector privado a través del Pentágono para aumentar la fabricación de paneles solares dentro del país. Todo ello para cumplir un claro objetivo: que la energía solar produzca el 45% de la electricidad de EE UU para el año 2050.

Por su parte, la Comisión Europea ha anunciado recientemente su plan para independizar a Europa de los combustibles fósiles rusos. En él se apuesta claramente por la energía solar fotovoltaica como el camino seguro para lograr la transición y la independencia energética. Este plan incluye la Estrategia de Energía Solar de la UE, que impulsará su despliegue para alcanzar más de 320 GW de solar fotovoltaica de nueva instalación para el año 2025, y casi 600 GW de aquí a 2030; un objetivo ambicioso, pero necesario en una Europa en la que existe una clara desigualdad en cuanto a producción de energía solar.

Según REE, en España, hay aproximadamente una potencia total instalada de energía solar de 16 GW. Idealmente, sería deseable revisar el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) conforme a los nuevos y ambiciosos planes de la UE, aumentando de 37 GW a 60 GW de energía fotovoltaica los construidos para 2030. Según el último Barómetro FotoVoltaico de EurObserv’ER, el observatorio de las energías renovables de la Comisión Europea, Alemania produjo en 2021 más electricidad solar que Italia, Portugal y España juntas. Este dato nos pone sobre aviso de la posición de España en la carrera por la transición y refleja que no estamos haciendo lo suficiente por ocupar el espacio que le corresponde a nuestro país como polo energético, ni por ser la potencia solar que, como apuntaba Elon Musk recientemente en Twitter, podría alimentar a toda Europa.

El Gobierno ha adoptado medidas para acelerar la marcha de la transición energética, como la aprobación del Real Decreto 6/2022, mediante el cual se eliminan trabas administrativas con el objetivo de agilizar el desarrollo de proyectos de energías renovables, lo cual se aplicará a proyectos de más de 50 MW. Esto es muy positivo, ya que las plantas de mayor tamaño contarán con la aprobación para su construcción en un plazo de seis meses aproximadamente. Sin embargo, se dejan de lado las plantas de tamaño mediano, que corren el riesgo de seguir estancadas en trámites burocráticos, que dependen de cada Comunidad Autónoma.

La cuestión no es reclamar un espacio en la transición, sino ocuparlo apalancándonos en el liderazgo empresarial del país, en el impulso de la industria y en la apuesta por la innovación. España debe posicionarse como la potencia solar que es capaz de llegar a ser. Para ello, el apoyo a las empresas es crucial. Contamos con un sistema garantista que nos permite impulsar las renovables de forma segura y respetuosa con el medio ambiente, pero al ritmo actual el riesgo de quedarse atrás es latente.

El Gobierno debe definir la estrategia que permita dar estabilidad a los ingresos de la fotovoltaica a largo plazo e incentivar otras iniciativas industriales que permitan crear una cadena de valor más integrada, de forma que las compañías líderes de la industria renovable puedan proyectar un crecimiento en España acorde a las expectativas definidas en los Acuerdos de París. En definitiva, impulsar medidas que permitan a las energías renovables ser la solución real al problema de la independencia energética.

En esta línea, recientemente leíamos que España habría lanzado su candidatura para construir una gran fábrica de módulos solares. Esto marca un camino que, sumado a los avances legislativos, refleja hacia dónde queremos ir. Es un pequeño paso en el largo camino. Debemos plantear el crecimiento del sector renovable, proyectando España como líder impulsor de esta industria, tanto en Europa como en el resto del mundo. El momento de actuar y de adoptar medidas es ahora.

Raúl Morales es CEO de Soltec Power Holdings