La dependencia occidental frente a Rusia y la inflación

La guerra ha hecho crítico contar con una sólida cadena de suministros, algo que se complica con los nuevos brotes de Covid en China y el seísmo de Japón

Se ha hablado mucho del papel de Rusia como proveedor de petróleo y gas al resto del mundo, pero su condición de productor clave de productos agrícolas también conlleva que exista un riesgo real de escasez de alimentos en el futuro. Para sustituir su producción de petróleo y estabilizar el mercado sería necesario que Irán, la OPEP, Venezuela o el petróleo de esquisto de Estados Unidos pudiesen abastecer al menos 3 o 4 millones de barriles diarios adicionales. Las tres primeras opciones se antojan difíciles en el corto plazo, por las negociaciones necesarias para llegar a término, y la última opción también tardaría más de seis meses en dar respuesta al problema, por la falta actual de inversiones.

En este escenario, el precio del petróleo es posible que se mantenga tensionado y que se agrave el problema logístico que actualmente representa el coste de la gasolina, y que ha provocado protestas de los transportistas, que actualmente están ofreciendo un servicio a pérdidas.

Aunque la invasión finalizase pronto, es probable que las sanciones tarden en levantarse, por lo que, a medio plazo, Europa y las empresas tendrán que adaptarse a esta nueva realidad para poder obtener materias primas y establecer rutas comerciales alternativas. En lo que va de año, los precios de las materias primas suben de media más de un 25%, lo que se suma al incremento del 27% que experimentaron en 2021, cuando la escasez de oferta ya era generalizada. El shock en el precio, provocado por la invasión a Ucrania, pone contra las cuerdas a los Gobiernos de toda Europa, por lo que muchos países en Europa han empezado a tomar medidas vía rebajas fiscales y se habla de intervenir directamente el precio, algo que solo tiene sentido en una situación de crisis energética como la actual, pero que no soluciona un problema que viene de largo.

Los riesgos asociados a la dependencia de la energía rusa han estado ocultos durante décadas, pero la dependencia respecto a este país como proveedor de gas en particular ha aumentado con el tiempo. La UE parece dispuesta a acelerar su alejamiento de las importaciones de energía rusa, pero la velocidad de ese movimiento, el tamaño de las compensaciones fiscales y la relación con los objetivos de energía verde están aún por decidir.

Hace más de 50 años, el presidente Kennedy presionó a Alemania Occidental para que no se construyese el oleoducto de Druzhba y el presidente Reagan se opuso a la construcción del gasoducto Nord Stream, que conectaba Rusia y Alemania Occidental a principios de la década de 1980. Múltiples revisiones de política energética desde entonces han señalado los riesgos asociados a la dependencia de las importaciones de energía rusa; en la práctica, sin embargo, la proporción de energía de la región suministrada por este país ha ido aumentando con el tiempo. Cuanto más rápido se intenten reducir esas importaciones, más probable será que los precios mundiales de la energía suban y mayores serán las medidas fiscales necesarias para contrarrestar el lastre que supone para el crecimiento económico a corto plazo.

Dejando de lado la energía, la situación sigue generando nuevos problemas de suministro y que un creciente número de empresas europeas tengan que parar sus fábricas, reorganizar la producción y, finalmente, retirar sus previsiones de beneficios ante la falta de visibilidad, ya que los márgenes de diversos sectores podrían verse seriamente amenazados.

Ucrania representa solo un 3%-4% de la oferta mundial de maíz y trigo pero, en términos de comercio mundial, representa alrededor del 15% de las exportaciones de maíz y el 10% de las de trigo, y si le sumamos Rusia, superan el 30%. Por lo tanto, las interrupciones de la producción deberían generar aumentos de precios adicionales para ambos, y los precios de la soja seguirían a los del maíz, ya que ambos compiten por la superficie en el verano.

Además de todo esto, Rusia es un exportador clave de metales como el níquel, el aluminio y el paladio, por lo que las sanciones financieras impuestas al país también están ralentizando la exportación de muchas de estas materias primas y generando temores de déficit de suministro.

Si bien hay muy pocas sanciones impuestas directamente sobre las exportaciones de materias primas (con la notable excepción de Estados Unidos y el Reino Unido, que han sancionado las exportaciones de crudo ruso), muchos operadores del mercado se niegan a transportar, realizar transacciones o negociar con materias primas rusas. En este contexto, resulta crítico contar con una sólida cadena de suministros, algo que se ha complicado temporalmente por los nuevos brotes de Covid en China y el potente terremoto que ha sacudido Japón. La escasez volverá a empujar inevitablemente al alza una inflación que en marzo ya está a punto de alcanzar el doble dígito en España. Cuanto más dure la guerra de Ucrania, mayor será el riesgo de que se amplíe el alcance de las sanciones, mayores precios de las materias primas, mayor el riesgo de que se prolongue la situación de subida de precios y mayor revuelo social.

Miguel Ángel Rico es ‘Portfolio manager’ en España de Creand Asset Management (Gesalcalá, SGIIC, SAU)