El 17% de los españoles que crecieron en hogares adinerados viven en riesgo de pobreza

La cifra se dispara hasta el 30% en el caso de las familias desfavorecidas, según Eurostat

El nivel educativo de los padres duplica la probabilidad de exclusión

Pobreza intergeneracional Pulsar sobre el gráfico para ampliar

En España, la exclusión como condición hereditaria es un problema que va en aumento. La tasa de riesgo de pobreza en 2019 fue del 30% entre los adultos que vivieron una mala situación financiera de menores. Este porcentaje es 13,4 puntos porcentuales más alto que la tasa de riesgo entre aquellos españoles cuyo panorama económico fue bueno durante su infancia: el 16,6%. Se trata prácticamente del doble de personas, lo que sitúa al país como el cuarto miembro europeo con la mayor diferencia entre ambas escalas, solo por detrás de Italia, Rumanía y Bulgaria. También se queda muy lejos de la media europea, que incluso en el peor escenario registra una tasa de exclusión del 23%. Así se desprende de las últimas estadísticas publicadas por Eurostat sobre la transmisión intergeneracional de las desventajas. A esto se suma otro hecho: en el año de la pandemia, más de la cuarta parte de la población nacional (27%) vivía en riesgo de pobreza o exclusión social, un drama que solo aquejaba a otros tres países en la UE: Rumanía (35,8%), Bulgaria (33,6%) y Grecia (27,5%).

Durante los últimos ocho años la brecha social en España se ha hecho más grande. En 2011, en plena crisis económica, no solo había menos personas en riesgo de pobreza, también era menor la diferencia entre ambos extremos de hogares. En concreto, la tasa de riesgo de exclusión social era del 25,9% entre los adultos con un entorno económico negativo y del 15,4% entre los que crecieron con una buena situación financiera. Esto significa que en menos de una década e incluso antes del estallido de la pandemia había aumentado la precarización.

El análisis de la situación económica de los adultos de hoy cuando eran adolescentes muestra, según Eurostat, una correspondencia entre las condiciones de vida pasadas y actuales. Sobresale el hecho de que más de uno de cada cinco españoles que tuvieron un mal panorama financiero en el pasado estaba por debajo del nivel de riesgo de pobreza. Pese a estas malas condiciones, las asociaciones consideran que los distintos Gobiernos que ha tenido el país no han implementado políticas a largo plazo para evitar las causas estructurales de la pobreza. Así lo explica Juan Carlos Llano, responsable de investigación en España de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN). El investigador critica la ineficacia de “las medidas parciales” y pone de ejemplo las condiciones de precariedad laboral y el ingreso mínimo vital (IMV), que después de un año y medio de que entrara en vigor sigue con “serios problemas para implementarse”.

Esto sitúa a España en el lado negativo de la balanza, junto a Bélgica, Luxemburgo, Portugal, Lituania, Grecia, Italia, Rumanía y Bulgaria. Se suma otro dato: mientras en 2019 el 76,4% de la población de la UE consideraba que la economía familiar en su juventud era buena, en el caso español la cifra se sitúa tres puntos por debajo: en el 73,5%. La población restante consideró que tenía problemas para llegar con solvencia a fin de mes. Es más, un 2,3% admitió vivir una situación “muy mala”. El problema se replica al analizar los datos relacionados con la enseñanza: en 2019, la proporción de españoles en riesgo de pobreza que tenían padres con un bajo nivel educativo era del 22,4%, prácticamente el doble que el de aquellas familias con una instrucción superior, cuya tasa era del 11,4%. Desde 2011 se ha reducido en dos décimas la posibilidad de que un adulto con progenitores universitarios caiga en la exclusión social. En contraste, este porcentaje ha crecido en 2,3 puntos para el mismo colectivo con estudios básicos. Si se compara con el resto de Europa, se observa que España es el séptimo país con la mayor brecha de oportunidades por nivel educativo, muy lejos de Chequia y Dinamarca, que tienen la tasa más baja con un 9,3% y un 9,4%, respectivamente.

Las diferencias socieconómicas en las familias también se reflejan en la tasa de abandono escolar temprano. En 2019, el 29,7% de los jóvenes que dejaron los estudios pertenecían a familias con menor renta, mientras que solo el 4,1% eran hijos de padres con mayor poder adquisitivo. Esto se traduce en que el abandono afecta siete veces más a los descendientes de familias con menos recursos. Al respecto, tanto el centro de estadística europeo como el investigador de EAPN consideran que esta disparidad se debe esencialmente a que los progenitores con un nivel educativo alto tienen más recursos económicos para invertir en la educación de sus hijos.

2020 deja a más de 240 millones de personas necesitadas

El año 2020 registró un aumento de casi 244 millones de personas necesitadas de ayuda humanitaria de emergencia. Sin embargo, hubo un estancamiento de la financiación como consecuencia de la crisis económica desatada por la pandemia. Esto provocó que solo la mitad de las demandas fueran resueltas. Así lo señala el último informe publicado por Médicos Sin Fronteras (MSF) y el Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH). Según sus resultados, la cifra de personas necesitadas en 2020 aumentó en 19 millones respecto al año previo. Pero la ayuda se estancó en los 30.900 millones de dólares, cifra similar a la de 2019.

Del total de fondos requeridos por la ONU, solo llegó a financiarse un 52%. Según MSF, “nunca se había registrado una diferencia semejante”, y advirtió de que, en los llamamientos exclusivamente relacionados con la respuesta al Covid-19, el porcentaje de financiación resultó aún menor, con solo un 40% de los fondos asegurados. La Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) española se situó en 2020 en los 2.603 millones de euros, lo que supone un imperceptible aumento del 0,7% respecto al ejercicio anterior.

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