¿Qué necesita España para la nueva carrera espacial?

El sector cuenta con empresas sólidas y otras emergentes, pero falta el apoyo financiero, regulador y estructural

Viajes espaciales, misiones a Marte, satélites diminutos que democratizan internet o monitorizan la Tierra… Lo venimos escuchando desde hace meses: la nueva carrera espacial está en marcha. El sector ya conocido como new space vive una revolución similar hoy en día a la que ya se experimentó con el auge de internet, el negocio de los smartphones o, unos años antes, el de los ordenadores personales.

Se trata de un cambio de paradigma que pasa de los estándares tradicionales que se han venido desarrollando durante años, por ejemplo en el negocio satelital, a los avances tecnológicos que han permitido reducir tamaños, tiempos de desarrollo y costes. Esto permite ciclos de innovación competitivos y, en definitiva, la democratización del espacio. De este modo, deja de ser accesible solo para unos pocos y se convierte en una industria esencial que resolverá los grandes retos con los que nos encontramos como la observación de la Tierra o la conexión global y masiva en todos los sectores e industrias.

Jeff Bezos ya lo ha categorizado así: “Space is the new internet”. Y este ecosistema más abierto cuenta con la capacidad para contribuir a un crecimiento sostenible, atraer inversión internacional, crear empleo de alta cualificación y aumentar la capacidad exportadora del sector.

De hecho, según datos de la Secretaría de Estado de Digitalización, el sector aeroespacial o new space ya ha facturado en 2020 más de 369 millones de dólares (unos 319 millones de euros) y prevé ­generar un negocio de un millón de ­millones antes de los 20 próximos años. Y en España estamos ante una gran oportunidad. Y así parece tenerlo claro el Gobierno que ya ha dado claras señales de apuesta por esta industria, como el espaldarazo del presidente Pedro Sánchez al Space & Industrial Virtual Summit, un encuentro con epicentro en Sevilla que ha reunido estos días a los actores más importantes, que coinciden en la importancia que esta actividad adquirirá en los próximos años.

Si algo está claro es que nuestro país no puede quedar atrás en esta carrera espacial, pues contamos con un entorno muy rico en conocimiento, que reúne talento y tecnología de primer nivel, pero que se enfrenta a la dificultad de tenerlo muy atomizado en pymes y centros de investigación.

En nuestro sector convivimos con compañías punteras y muy competitivas en toda la cadena de valor como DHV, PLD Space, Satlantis, Alén Space… que apuestan por la innovación, el desarrollo tecnológico y el crecimiento sostenible en nuestras fronteras, pero que, a menudo, debido al volumen de las inversiones requeridas para llevar adelante sus proyectos, se ven obligadas a emigrar a países más propicios para su financiación como Estados Unidos, Finlandia o Israel.

Estos países, además de apostar por la financiación pública cuentan con aceleradoras o incubadoras tecnológicas que reconocen el potencial innovador de algunas de estas empresas y buscan propulsarlas a través del acceso a programas de mentorship o facilitándoles infraestructuras, visibilidad o incluso acceso a capital.

En definitiva, una estructura a favor de la capacidad y las posibilidades de estas empresas de la que todavía adolecemos en España. De ahí la importancia de propulsar nuevos mecanismos que traccionen de estas compañías con potencial e invertir en ese talento e innovación made in Spain. Porque si queremos tener campeones globales, tenemos que apostar por ello. Por eso, debemos reaccionar antes de que firmas de gran valor para nuestra economía salgan del país.

Pero ¿qué demandan estas empresas? Primero de todo, infraestructuras que permitan desarrollar esta industria. Segundo, y no menos importante, financiación. Financiación pública, como ya hace Estados Unidos, que contribuya a impulsar a estas empresas con potencial en sus primeras etapas. Y, por último, regulación, una normativa que, por un lado, elimine las complejas trabas burocráticas y fomente la creación de startups. Y, por otro, refuerce la estructura de la Secretaría de Telecomunicaciones, para que cuente con los recursos necesarios para hacer frente al volumen de solicitudes y requerimientos que llegan con el auge del sector.

Asimismo, más allá de estos nuevos mecanismos de financiación que deben articularse también se postula como fundamental la colaboración privada; el apoyo de la industria, de grandes empresas que están mejor posicionadas y cuentan con más recursos. Ellas también deben asumir el compromiso y la responsabilidad de impulsar a compañías más pequeñas, más flexibles, pero con menor margen de maniobra financiera para situar al sector del new space en primera línea tecnológica y de mercado.

Y es que el emergente new space se configura como una industria de futuro, un motor de diversificación industrial y, en definitiva, una lanzadera económica que atraerá inversiones, innovación, empleo y talento en pro de nuevas soluciones que acercan el cosmos a la sociedad con aplicaciones prácticas en su día a día al mismo tiempo que hacen de este mundo un poco mejor.

Por eso, apostemos ahora y no dejemos escapar esta nave. Tenemos varios elementos que nos hacen fuertes: un histórico de compañías ya sólidas y líderes de esta industria, talento a unos costes muy competitivos y un grupo muy fuerte de compañías emergentes con mucho potencial que podrían llevarnos a liderar este sector en menos de diez años. Solo necesitan el apoyo financiero, regulador y estructural necesario ¿es o no es momento de apostar?

Jaime Sanpera es Fundador y CEO de Sateliot