España recupera empleo perdido, pero tiene un tarea crucial que afrontar

La economía española afronta un reto que va más allá de la recuperación de los niveles precrisis de empleo: seguir reduciendo una tasa de paro casi endémica

El final de la temporada turística y el inicio de la vuelta al cole se han hecho notar positivamente en las afiliaciones a la Seguridad Social de septiembre, que sumaron 82.184 cotizantes más, hasta alcanzar un total de 19,59 millones, según los datos desestacionalizados que facilitó ayer el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. Se trata de la primera vez desde el estallido de la pandemia que el sistema supera el número de afiliados que había en febrero de 2020. Pero aunque los datos dibujan un mercado laboral que aparentemente ha recuperado las costantes vitales que mostraba antes de la irrupción del Covid-19, la realidad es que este arrastra todavía profundas cicatrices que se evidencian cuando se examinan los datos sobre los trabajadores que siguen en situación de ERTE y los autónomos que aún reciben prestación. Según esas dos variables, hay todavía medio millón de trabajadores para los cuales la crisis en modo alguno ha terminado.

Pese a que la radiografía que dibujan todos estos datos está todavía lejos de reflejar un mercado laboral equivalente al que existía antes de estallido de la pandemia, el vigoroso crecimiento de la afiliación a la Seguridad Social en los últimos meses es un hecho, fruto del deshielo de una economía salida de una hibernación forzosa y que recupera el terreno perdido, aunque poco a poco irá ralentizando su ritmo de actividad. Como reconocía ayer el secretario de Estado de la Seguridad Social, Israel Arroyo, la vuelta al trabajo de los trabajadores en ERTE “se produce ya con cuentagotas”, lo que indica que el mercado está cada día más cerca de toparse con el núcleo irrecuperable de empleo que ha dejado la pandemia. Se trata de puestos de trabajo que no se recuperarán por muy diversos motivos, desde la escasez de demanda hasta el cambio de hábitos de consumo y de los medios de producción en algunas empresas. Junto a esa línea roja, España sigue contando con 3,3 millones de desempleados y una tasa de paro juvenil que duplica la media de la OCDE.

En medio de una recuperación todavía endeble y amenazada por el encarecimiento de las materias primas y el aumento de la inflación, la economía española afronta un reto en materia laboral que no es nuevo, pero sigue siendo fundamental, y que va más allá de la recuperación de los niveles precrisis de empleo: seguir reduciendo una tasa de paro que amenaza con convertirse en endémica. Se trata de una cuestión crucial, en la que no caben experimentos ni reformas populistas, y que debe pasar por planificar seria y cuidadosamente una política de empleo que lime los defectos de la actual legislación laboral, pero que se cuide mucho de no destruir sus aciertos.