Fondos UE: ¿la vacuna definitiva contra la crisis climática?

No es de recibo que algunos sectores quieran optar a la inyección europea sin asumir la transformación que les toca

La salida en falso de la Gran Recesión, la crisis iniciada en 2008 tras la quiebra de Lehman Brothers y el pinchazo de la burbuja inmobiliaria en España supusieron una rebaja en las salvaguardas ambientales y una importante demora en las políticas destinadas a la transición ecológica. Nos dejaron, además, más desigualdad social, lo que demuestra que las políticas de austeridad, los recortes sociales y el adelgazamiento de lo público agravan las crisis, no las solucionan.

En 2021, esperanzados por una pronta salida del túnel de la actual crisis sanitaria, estamos obligados a hacer memoria y recordar que, antes de la llegada a nuestras vidas de palabras como coronavirus o confinamiento, sufríamos ya una grave crisis climática y de biodiversidad. Durante el presente verano estamos siendo testigos de una mayor frecuencia y virulencia de fenómenos meteorológicos extremos que nos golpean con toda su crudeza en forma de inundaciones, olas de calor, incendios forestales, tornados, etc. Un coste muy alto en vidas humanas, seguridad y desarrollo económico.

El Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia: España Puede, la Ley de Cambio Climático, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima, el Pacto Verde Europeo o el reciente paquete legislativo de la Comisión Europea conocido como Fit for 55 señalan en una única dirección: el dedo apunta hacia una revolución pacífica, no solo tecnológica, sino integradora, donde las personas y el planeta deben ocupar un lugar central.

El Ecofin acaba de dar luz verde al plan de inversiones y reformas de España, lo que permitirá la llegada inminente de los primeros 9.036 millones de euros de los fondos Next Generation, que representan el 13 % del importe total asignado. El resto de los 69.500 millones de euros en ayudas directas llegarán en forma de nuevos desembolsos en función del cumplimiento de los objetivos fijados por la UE. Un 40% de las inversiones previstas en el Plan España Puede irán destinados, directa o indirectamente, a la transición ecológica.

Si el marco político y el paquete legislativo son la hoja de ruta, los fondos Next Generation son parte de la energía necesaria para hacer este viaje. No podemos perder este tren. Es una oportunidad histórica para acometer cambios en el modelo económico y productivo.

Por primera vez, el medio ambiente es la piedra angular de un plan económico de esta envergadura. Conscientes del tremendo potencial para acelerar la transición ecológica, Greenpeace ha querido sumarse al resto de actores sociales en la valoración del Plan España Puede. No cabe duda de que es una excelente ocasión para revertir las tres crisis (económica, social y ambiental), transitar hacia la descarbonización de la economía y avanzar en la igualdad y el bienestar social. Pero hemos detectado varias carencias en el poder transformador del plan: la indefinición y los riesgos de determinadas propuestas de sus componentes, la falta de transparencia y procesos de participación pública y la ausencia de métricas adecuadas para evaluar el impacto.

La actual crisis económica, social y ambiental solo puede ser abordada desde una transformación del sistema económico y social, cambios que deben ir más allá de una mayor penetración de las energías renovables en el mix energético, el desarrollo del coche eléctrico, la fabricación de hidrógeno como nuevo vector energético o la consideración de los ecosistemas como sumideros de carbono. La transición ecológica no es una mera sustitución de unas tecnologías por otras. La misma Comisión Europea, en su visión a largo plazo para una Europa neutra en términos climáticos, especifica que el logro de la transición hacia cero emisiones netas en 2050 “requerirá transformaciones económicas y sociales, involucrando a todos los sectores de la economía y la sociedad”.

En un momento, además, donde vemos que la configuración del actual mercado eléctrico impide la transición energética y se ceba con los más vulnerables en forma de precios desorbitados de la electricidad, es fundamental reformar este marco regulador dando espacio también a las comunidades energéticas locales. Su papel es clave en la transición energética para construir un nuevo modelo energético distribuido, no especulativo, con capacidad flexible, y donde la eficiencia, el ahorro, la participación de la sociedad y la inteligencia (tecnológica y social) se conviertan en aspectos centrales para construir el necesario sistema energético 100% renovable.

La transformación hacia una sociedad más resiliente necesita también de cambios en el actual modelo económico que obligan a sumarse a la transición a los actuales sectores de los combustibles fósiles, aviación, financiero, turístico, agroalimentario, etc. No es de recibo que algunos sectores quieran optar a los fondos europeos sin asumir la transformación que les toca. Y no vale la mera incorporación al discurso empresarial de los mantras más recurrentes, como cero emisiones netas, compensación de emisiones, economía circular o descarbonización. Hay mucho greenwashing detrás de las memorias de sostenibilidad de las empresas del Ibex 35.

¿Ganarán los de siempre o serán las pymes los principales actores de la recuperación? ¿Servirán los fondos para revitalizar el mundo rural o profundizaremos el desequilibrio territorial?

¿Aprovecharemos la oportunidad para reducir drásticamente la brecha de género? Confiemos en que este tren nos lleve por fin hacia un modelo socioeconómico más sostenible y justo adaptado a los límites biofísicos del planeta. Nos va la vida en ello.

Eva Saldaña Buenache es directora ejecutiva de Greenpeace España