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El inversor extranjero mantiene su apetito por la deuda española durante la crisis

Su tenencia de bonos apenas cae el 2,3% frente a febrero de 2020

Los extranjeros compran casi el 90% de las sindicadas

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Era el gran temor cuando estalló la crisis económica por el coronavirus: no perder el favor del inversor internacional que tanto había costado recuperar tras la crisis financiera de 2012. Y el comportamiento del inversor extranjero hacia la deuda española ha sido bien diferente al de entonces: el volumen de bonos soberanos en manos del inversor internacional se ha mantenido durante la presente crisis apenas sin cambios.

La cuantía se ha reducido solo el 2,3% desde febrero de 2020, hasta los 488.994 millones de euros. Aunque sí ha retrocedido su tenencia como porcentaje sobre el total. La deuda emitida desde que estalló la pandemia se ha incrementado de forma significativa pero es el Banco de España, que canaliza las compras del BCE, quien ha absorbido ese aumento.

Los inversores no residentes tenían en febrero de 2020, justo en los inicios del torbellino financiero que se desataría poco después, un total de 500.444 millones de euros en deuda soberana española, el 50,35% del total. Se trataba del porcentaje más alto registrado nunca. El punto culminante de un proceso iniciado en 2011, en el inicio de la crisis de deuda soberana de la zona euro y al que sucedió un año después el rescate bancario a España, y en el que los inversores internacionales dieron la espalda a la deuda española y a la del conjunto de la periferia europea.

Su tenencia de bonos soberanos españoles cayó a mínimos en 2011, al 34,55% del total, y desde entonces no ha dejado de crecer. Hasta el estallido de la pandemia, cuando se ha estabilizado.

En paralelo, la banca española fue vendiendo su cartera de bonos patrios y si bien reaccionó con compras ante el alza de la prima de riesgo de la primavera de 2020, ha vuelto a deshacer posiciones en los últimos meses.

El BCE, la confianza en la economía y un pequeño plus de rentabilidad han sostenido el interés del inversor extranjero

Los inversores internacionales siguen siendo los grandes propietarios de la deuda soberana española, con el 43,5% del total, aunque el BCE ha tomado un peso creciente, del 30,29%, y decisivo en el mantenimiento del apetito extranjero hacia los bonos españoles. Con sus compras ha absorbido el incremento de la deuda pública de 2020 –110.000 millones de euros de emisión neta– y se prevé que lo haga también en 2021.

Según señalan desde uno de los bancos creadores de mercado para el Tesoro español, “la labor de Nadia Calviño en la vicepresidencia económica ha transmitido la idea de ortodoxia y dado cierta tranquilidad a la comunidad inversora, aunque no hay que engañarse en que el BCE ha sido crucial”.

Así, en el año en que el PIB español se desfondó el 10,8% se dio la paradoja de que el rendimiento del bono a una década llegó a rozar el 0%. Los inversores confiaron en que tras el batacazo causado por la pandemia –especialmente grave para una economía muy volcada en el turismo– llegaría la recuperación, sin perder de vista en ningún momento el apoyo incondicional del BCE con sus compras.

Plus de rentabilidad

Además, pasada la zona de mínimos, el pequeño plus de rentabilidad del bono español frente a otros soberanos de la zona euro ha jugado a favor. “Para un inversor de fuera de la zona euro, como el asiático, un bono español o italiano puede resultar más atractivo que un alemán, en negativo. Es una vía para diversificar también para los inversores del norte de Europa, que encuentran el incentivo de un poco más rentabilidad con el riesgo acotado por el BCE”, explica Cristina Gavín, gestora de renta fija de Ibercaja.

El interés extranjero se refleja en las emisiones sindicadas del Tesoro, en las que casi el 90% del volumen adjudicado es para no residentes. En el bono a 50 años lanzado en febrero, a un plazo que queda fuera por tanto del radar de las compras del BCE, el 91,9% de lo colocado fue para cuentas internacionales. Y en la sindicada de junio pasado con un bono a 10 años, el 89,5% de los 8.000 millones colocados fue a parar a no residentes. La participación mayoritaria en las sindicadas es de gestoras de fondos y aseguradoras y fondos de pensiones.

La perspectiva para los próximos meses también es favorable para la deuda soberana española. “España será el país de la zona euro que más crecerá en 2022 y quizá también en 2023. Y el BCE seguirá comprando toda la deuda neta que se emita, aunque desciendan sus compras. El déficit también será menor. Esperamos una prima de riesgo en los 65 puntos básicos el año próximo, entorno al nivel actual”, explica el director de estrategia de UBS en España Roberto Ruiz-Scholtes.

Revisión de rating de S&P el 17 de septiembre

La deuda soberana española ha logrado superar lo más crudo de la crisis sin que ninguna agencia de calificación recortara el rating, en la creencia de que el impacto, aunque duro, sería pasajero. Pero estas firmas vigilan de cerca que, llegada la recuperación, haya un compromiso firme con la reducción del déficit y la deuda, que se han disparado tras un potente gasto público. S&P revisará el rating soberano español el próximo 17 de septiembre, después de mantenerlo en A- en la pasada revisión de marzo y de dejar sin cambios la perspectiva negativa.

En sus previsiones más recientes, del mes de julio, S&P estima un crecimiento para la economía española del 6,3% este año, 0,6 puntos más que en su estimación anterior y cerca del 6,5% que espera el Gobierno. Y para 2022 apunta a un alza del PIB del 6,4%. S&P destaca que España será uno de los principales beneficiarios del plan Next Generation de la UE, si bien advierte que el turismo, motor clave de la economía español, aún está lejos de recuperar los niveles prepandemia.

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