José Ramón Urtasun: “El vino en España tiene un lastre, el precio”

Prevé batir este año los 2,8 millones de ventas de 2019 de la bodega

José Ramón Urtasun, propietario de Remírez de Ganuza.
José Ramón Urtasun, propietario de Remírez de Ganuza.

Entiende de una forma sana lo que es la competencia. Y si la revista estadounidense Wine Spectator considera que Ygay Gran Reserva Especial 2010 de Marqués de Murrieta es el mejor vino del mundo, cree que esto repercute en beneficio del vino español. Así piensa José Ramón Urtasun (Madrid, 45 años), propietario de Remírez de Ganuza, bodega que fundó en 1989 Fernando Remírez de Ganuza en Samaniego, que vendió la totalidad de sus acciones al grupo Sidercom, empresa inmobiliaria gestionada por la familia Urtasun, propietarios entre otros activos de los hoteles Akelarre, en San Sebastián, y de Torralbenc, en Menorca, que cuenta con bodega propia. El fundador sigue vinculado al proyecto vinícola, entregado a las viñas, mientras que de la calidad de los vinos se ocupa el enólogo Jesús Mendoza. De la gestión y de la actividad comercial se ocupa Urtasun, licenciado en Ciencias Ambientales, apasionado de la fotografía y propietario a su vez del 15% de la bodega Tr3smano en Ribera del Duero, que ha encontrado en el vino mucho más que un negocio. La entrevista se realizó la semana pasada, el día de su cumpleaños, en la Terraza del Casino de Madrid.

El hecho de que tenga una visión tan sana del mundo del vino, ¿tiene que ver con que su procedencia venga de otro sector?

Puede ser, pero también de una deportividad interna. He jugado durante mucho tiempo al baloncesto, y he disfrutado de muchos partidos que he perdido. Como país, si eres el único tienes el doble de terreno por el que luchar. Si estás solo te cuesta el doble de esfuerzo ser reconocido, pero cuando estás acompañado se trata de remar todos en la misma dirección. Le ocurre a los vinos del Líbano, que son reconocidos por el conjunto, no por uno solo. El mundo del vino es muy competitivo. Nosotros, por un posicionamiento en cuanto a precio y reconocimiento, estamos en la misma línea que Artadi, Roda o Benjamín Romeo, pero para mí lo más importante es lo que va más allá de la competencia, y es lo que conseguimos hacer todos juntos por el vino español. El éxito es beneficioso para todos. Lo importante es que entre todos consigamos una marca fuerte.

¿Y cómo se consigue?

El vino en España tiene un pequeño lastre, el precio. Lo ponemos en duda, cuando es el mercado el que dice si funciona o no. Cuanto más vino haya que se salga del precio medio y sobreviva en ese nicho de mercado es beneficioso para todos. Hay vinos españoles que pueden competir al mismo nivel que los grandes vinos del mundo. Y para lograrlo hay un factor que lo determina, como es la capacidad de envejecer. Los grandes vinos viejos de Rioja pueden competir con los grandes vinos de Borgoña y de Burdeos. Aunque no todas las bodegas tienen la capacidad para guardar vino que luego puedan ofrecer a restaurantes, que no tienen capacidad de almacenarlo, o a las buenas tiendas del mundo. Esto es algo que hay que manejar como una herramienta, ya que todo esto tiene sentido si se revaloriza. Hay gente en el mercado que reconoce todo este esfuerzo y valora el vino que se ha estado guardando todo este tiempo.

Usted llegó al mundo del vino en 2010, ¿entró en este negocio porque vio que era rentable?

Para el mundo del vino puede que no sea nada, pero a nivel personal es mucho tiempo. Fue una decisión de la empresa familiar, pero fue un poco por romanticismo, porque es un mundo atractivo, con valores. Entramos de nuevas, y durante un tiempo estuvimos fuera del foco porque una bodega es algo muy personalista, y estaba Fernando, el fundador, pero poco a poco vas haciendo un acercamiento, viendo cómo puedes ayudar y vas aprendiendo cosas. Durante un tiempo yo no opino, solo veo y escucho lo que cuentan los comerciales, los importadores y exportadores. Y no todo el mundo busca las mismas cosas. A veces veo que hay cierta disparidad en el discurso para convencer a los críticos, al distribuidor o al cliente. Por ejemplo, un sommelier necesita que le sorprendas y un consumidor necesita confianza en una marca, en una uva o en un vino, en nombres que le hagan sentir cómodo. Y por eso creo que hay que ensalzar la uva tempranillo.

¿Qué quiere decir con esto?

Puede que haya sommeliers a los que esta uva les pueda aburrir, pero en Estados Unidos siempre te preguntan qué tipo de uva lleva tu vino. Y está fenomenal que en España surjan nuevas uvas y se recuperen variedades, pero es importante que la tempranillo, que es la base, sea una uva popular, como puede ser la syrah o la merlot.

El consumo de vino en España, comparado con el de otros países productores, es bajo.

Hay que dejar de obsesionarse con las razones de por qué no se consume vino. Lo primero que hay que dar es confianza y mejorar el nivel medio de lo que se sirve en las barras, y dejar de hacer, por parte de los hosteleros, el análisis de lo que deben ganar por porcentaje, cuando lo que tiene es que ayudar a la facturación de los costes fijos del restaurante. Es un error mirar solo la rentabilidad de la botella.

¿Es fácil vender Remírez de Ganuza en el mundo?

No soy un gran vendedor, pero cuando le veo sentido a lo que vendo, como es el caso, sí lo soy. Nosotros estamos en un segmento alto, en el que muchas veces prima el factor precio, y hay gente a la que no le interesa las bondades del precio, y eso es complicado, sobre todo cuando te hablan de márgenes y precio, y no del vino. Ahora mismo, estamos recuperando el ritmo de antes de la pandemia, y creo que 2021, habiendo tenido el peor trimestre de nuestra historia, va a ser el mejor año de Remírez de Ganuza. En el último mes se están disparando los pedidos nacionales y los internacionales van recuperando un ritmo fuerte. A la vez, estamos abriendo nuevos mercados, como Nueva York, donde tenemos un distribuidor potente, Reino Unido, donde desde julio del año pasado tenemos un buen distribuidor, Dinamarca, Suecia, Singapur, Brasil, Estonia, Polonia o Nueva Zelanda. México es un pilar importante. También estamos apostando por la venta online y por empresas que buscan vinos que se revalorizan.

¿El vino puede ser un activo financiero?

Hay empresas, como Passion Assett, que tratan esas inversiones pasionales, como pueden ser el whisky, las obras de arte, los coches o el vino. Son mercados que en caso de crisis se revalorizan más, son valores refugio, que dan estabilidad que la volatilidad de la Bolsa. Nuestros vino se han revalorizado. Por ejemplo, nuestro gran reserva 2005, que tenía un precio de 109 euros, ahora vale 180 euros, y eso solo pasa con esa capacidad de envejecimiento que pueden tener ciertas añadas.  

¿Cómo ha vivido esta pandemia?

Al principio, con preocupación y miedo. La primera semana te llamaban los clientes y los distribuidores para decirte que no te podían pagar y que no sabían cuando iban a poder hacerlo. Fue una situación agobiante, porque al principio intenté reconducir la situación, hasta que decidí dedicarme a otra cosa, a ver cómo podíamos expandirnos en el futuro. Y eso me dio paz, y me permitió liberar la cabeza para mirar la estrategia a futuro. El vino es a largo plazo, y era mejor trabajar para que cuando pase todo esto, y se vuelvan a abrir los mercados, estemos preparados para rodar a toda velocidad. Y nosotros estamos en ello. Además, quiero ensalzar el trabajo que hace nuestro enólogo, Jesús Mendoza, en esa obsesión que tenemos de sacar vinos con cada vez más calidad. 

Ustedes son de los que cuando un vino no tiene la calidad que desean no lo sacan a la venta, ¿qué supone para una bodega prescindir de una añada en el mercado?

Nosotros tardamos en sacar un reserva entre seis y ocho años, y para los grandes reservas tardamos 10 años. Esos desastres puntuales se amortiguan con el tiempo. Dentro de una producción con tantos años vista el efecto no es tan inmediato. Nosotros tenemos una producción de 150.000 botellas al año, y tenemos previsto a largo plazo, y si hay estabilidad en los mercados internacionales, subir la producción a un máximo de 200.000 botellas, o 250.000, en el caso de una buena añada. 

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