Nerviosismo en el mercado

La subida de los rendimientos provoca pérdidas de más del 16% en la deuda española

El interés de la deuda a 50 años roza el 2%. Los inversores descuentan una retirada de los estímulos ante el alza de la inflación

La subida de los rendimientos provoca pérdidas de más del 16% en la deuda española pulsa en la foto

La inflación empieza a convertirse en un quebrado de cabeza para los inversores. Aunque las economías comienzan poco a poco a salir del pozo a medida que avanza la inmunización y se levantan las restricciones a la movilidad, la recuperación trae de la mano sus propios riesgos. El que más está pesando en los mercados en los últimos meses es el aumento de los precios, un movimiento que se ha visto impulsado por los estímulos fiscales y monetarios y más recientemente por el tirón de las materias primas. Su consecuencia directa es el repunte de las rentabilidades en el mercado de deuda.

A diferencia de episodios anteriores esta vez el alza de los rendimientos es generalizada y abarca desde países periféricos a otros de perfil core como Francia, Alemania o EE UU. De hecho, es la primera economía del mundo la que ha desencadenado el movimiento, un proceso que ha cogido impulso después conocerse que en abril la inflación repuntó un 4,2% en tasa interanual, su dato más elevado desde 2008. La Reserva Federal ha calificado este incremento de coyuntural y ha asegurado que no supondrá un cambio en la política monetaria, pero el mercado no termina de creérselo.

Los inversores han aprovechado estas dudas para acelerar la venta de bonos, proceso que está llevando a las curvas de deuda a tomar pendiente. Mientras las rentabilidades repuntan, el precio, que se mueve de manera inversa, cae, lo que está dejando pérdidas para muchos inversores. Donde mejor se aprecia esta corriente es en los plazos largos, los más sensibles a la subida de tipos. El bono español a 10 años con vencimiento en abril de 2031, y que es la referencia más negociada, acumula una pérdida del 4,8% desde los máximos del año. Su rentabilidad ha pasado en apenas cuatro meses del 0,114% al que se emitió al 0,6% actual, niveles no vistos por la deuda española a 10 años desde junio de 2020.

Más acusadas son las pérdidas que acumula la referencia a 50 años que emitió el Tesoro en febrero, la segunda operación a este tipo que realiza España. El interés registrado en la colocación fue del 1,45%, mínimo histórico para este plazo, y en la actualidad se sitúa en el 1,96%. Este aumento de las rentabilidades deja tras de sí unas pérdidas en precio que rondan el 16,4%. Otras referencias como la italiana a 10 años y la alemana al mismo plazo acumulan pérdidas de 4,7% y 4,1%, respectivamente.

Cristina Gavin, responsable de renta fija en Ibercaja Gestión, considera que los bonos europeos han sobrerreaccionado porque a diferencia de lo que ocurre en EE UU, la inflación en la zona euro está lejos de niveles que puedan comprometer los estímulos del BCE. Esto no impedirá que con la vista puesta en los próximos meses las rentabilidades de la deuda tiendan a la normalización, pero de manera mucho más moderada. “Los programas fiscales como el Next Generation y la necesidad de financiar los abultados déficits han empezado a ponerse en precio, de ahí el repunte de las rentabilidades, que se situaban en niveles que distaban mucho de la realidad”, explica la gestora. Gavin cree que es demasiado pronto para que el BCE retire los estímulos. De hecho, los futuros apuntan a un aumento de la facilidad de los depósitos para mediados de 2023, un primer paso para la normalización.

Una situación que contrasta con la de EE UU donde los inversores empiezan a descontar una subida de tipos en 2022. Desde ING no descartan un cambio en el tono de la Fed, pero consideran que no es el momento. Como pronto el consenso de los expertos espera que sea a finales de año cuando Jerome Powell empiece a preparar el terreno para la reducción de las compras.

Ascensión Gómez, directora de renta fija en Trea AM, señala que el BCE seguirá comprando deuda, una idea que defienden desde el banco holandés, donde abogan por la finalización del programa en marzo de 2022 y la posibilidad de impulsar las compras de activos no convencionales que incluye operaciones de refinanciación a más largo plazo.

Mientras todo esto llega los estados aceleran sus peticiones al mercado para captar recursos con los que financiar los déficits. Alemania fue ayer uno de ellos con la venta 4.000 millones a 10 años, una operación en la que registró la menor demanda en un año.

Normas
Entra en El País para participar