Lecciones que deja el 4M en la izquierda

La alianza Sánchez-Iglesias hace perder el eje al PSOE, que transfiere votos al PP y le impide atraerlos de Cs, y remata a Podemos

Lo peor de las elecciones no es que hayamos bajado, es que no hemos cogido ni un voto de los que ha perdido Ciudadanos”. Fue la sentencia de Alberto Núñez Feijóo tras las elecciones en Cataluña, en las que Ciudadanos perdió veinte puntos y el PP, que estaba en el mismo bloque españolista, no solo no subió nada, sino que cayó cuatro décimas. Mientras, el PSOE subía casi diez puntos.

Lo sucedido el martes en Madrid es mucho más grave para Ciudadanos y socialistas, que lo sufrido por los populares en Cataluña, aunque no haya quien lo cante. La desaparición de los naranjas de la asamblea regional no ha sorprendido a nadie; lo llamativo es que la fuga de agua en el PSOE llene los tanques del PP. Las elecciones de Madrid sólo comparten con las catalanas la demolición de Ciudadanos, pero es seguro que hay muchas similitudes con el resto de España, como seguramente se va a ver en Andalucía en este mismo año. La izquierda está a tiempo de sacar lecciones que los números cantan.

1. Pablo Iglesias expulsa al votante del PSOE. Ángel Gabilondo ha sacado el peor resultado de la historia del partido en Madrid, con una pérdida de 10,5 puntos en menos de dos años, hasta sumar sólo el 16,8% del electorado. Además ha sido superado por Más Madrid, lo que ya le venía pasando en el ayuntamiento capitalino. Lo peor para el PSOE es que el 60% de los votos perdidos han ido al PP y solo el 40% restante a sus socios de izquierdas.

¿Cómo es posible que el votante socialista migre al PP? Lo explicó Pablo Iglesias al dimitir. “Me voy porque ya no sumo”. Efectivamente es así, su presencia salvó a Podemos de un resultado como el de Ciudadanos, pero ha sido letal para la suma de las izquierdas, ya que ha provocado una estampida entre el votante socialista. Gabilondo empezó la campaña yendo hacia el centro “quiero un gobierno con Ciudadanos y Más Madrid” y “con este Iglesias, no”¬ , para acabar proclamando: “Pablo, tenemos dos semanas para ganar”. Los socialistas identificables con Felipe González vieron a Iglesias de vicepresidente de Gabilondo y prefirieron irse de cañas con Ayuso. Joaquín Leguina, el único presidente socialista que ha tenido Madrid (1983-1995), salió en campaña en La Razón pidiendo el voto para la lideresa.

En el 2000, el PSOE (Joaquín Almunia) e IU (Francisco Frutos) hicieron frente común, hasta compartieron listas al Senado en 27 provincias. José María Aznar sacó mayoría absoluta.

2. Podemos en riesgo de desaparición. La salida de Pablo Iglesias es consecuente con la progresiva dilución del partido, pero a la vez no cabe duda de que era su mayor activo, por eso levantó el resultado en Madrid, aunque no haya servido para nada. En las elecciones generales de 2019 ya perdieron buena parte del rédito obtenido en 2016, de 71 a 35 escaños, y se quedaron sin representación en Cantabria, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Extremadura y La Rioja. Pero la debacle continuó en las elecciones autonómicas. En Galicia rompieron con En Marea y se quedaron fuera del Parlamento Podemos y la franquicia local. En el País Vasco, Podemos perdió al 7% del electorado en las autonómicas, y, en las catalanas, aunque mantuvo el número de escaños, bajó más de medio punto. En Madrid se ha quemado el líder para apenas mejorar punto y medio.

3. Es viable una integración Podemos+Más Madrid. Mientras la derecha hace los deberes y se vuelve a reconcentrar, en la izquierda, el éxito de Más Madrid puede empujarles a ambiciones nacionales, que ya probó en las generales de 2019, con sonoro fracaso. La actitud de Íñigo Errejón, evitando hacer leña del árbol caído (Iglesias), induce a pensar que trabaja la reintegración de Más Madrid y Podemos. Es posible que el PSOE quiera jugar también su papel, aunque sea de dinamitero. Yolanda Díaz, el nuevo referente del mundo Podemos, ha cogido en el Consejo de Ministros un aire institucional aroma PSOE. Los egos volverán a ser clave.

4. PSOE y Podemos no comunican. El acuerdo firmado entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias era el único gobierno posible tras las elecciones generales de noviembre de 2019, la alternativa era convocar por tercera vez a las urnas. Desde entonces, ha habido cuatro elecciones autonómicas y, a excepción de Cataluña que está en otra pantalla, todas han ido mal para Sánchez & Iglesias. En las gallegas, Podemos no sacó ni un escaño. Los 14 escaños que tenía En Marea (socios de Iglesias) fueron a parar al BNG (13) y PP (1), mientras que el PSOE repetía los 14 asientos. En las vascas, Podemos perdió 5 escaños y solo uno fue a parar al PSOE, mientras que tres fueron a Bildu y otro al PNV. Por tanto sí parece que hay una pauta común en Madrid, Galicia y País Vasco: los vasos comunicantes entre PSOE y Podemos están taponados.

5. Adiós al adelanto electoral. Los resultados de Madrid impiden que el químico de La Moncloa (Iván Redondo) pueda especular con un adelanto electoral, puesto que la coalición de Gobierno va a menos. Ahora el escenario central es aguantar hasta 2023. Pedro Sánchez va a jugar a mantener un equilibrio entre las ventajas del impacto del dinero que va a venir de Europa y los inconvenientes que implican los compromisos a asumir con Bruselas para que transfieran los fondos. Es decir, la subida de impuestos, que indudablemente va a venir para amortizar el enorme saco de deuda acumulado en la pandemia, tratarán de dejarla para el primer año de la siguiente legislatura.

Mientras, el Gobierno descansará con Iglesias de tertuliano. El lío será para Irene Montero, que ha jurado mantener en secreto las deliberaciones del Consejo de Ministros.

Aurelio Medel es Doctor en Ciencias de la Información. Profesor de la Universidad Complutense