Ahora toca la difícil decisión de qué hacer con los fondos de renta fija

En su adecuada proporción, podrían aportar valor a las carteras, sobre todo porque las alternativas pueden resultar peor

Los profesionales que ayudamos a familias e instituciones a tomar decisiones sobre cómo gestionar su patrimonio financiero solemos recomendar tener una parte en fondos conservadores líquidos para atender las necesidades de los próximos dos años, salvo que se generen ingresos periódicos, en cuyo caso podría no ser necesario.

A dos años, lo normal sería utilizar fondos de renta fija a corto plazo sin riesgo de crédito, y para plazos inferiores monetarios. Pero en la coyuntura actual, este tipo de fondos van a perder dinero casi con toda seguridad. En general, si un inversor escucha la palabra seguro, refiriéndose al comportamiento futuro a dos años de productos o mercados financieros, debería desconfiar. Sin embargo, en este caso mucho me temo que le dicen la verdad.

Muchos inversores, ante la certeza de que recibirían menos dinero en el momento de reembolsar por necesidad, preguntan sobre posibles alternativas de inversión. Existe una amplia gama de fondos de renta fija flexible cuyo objetivo es intentar obtener rentabilidad en cualquier entorno de mercado. Si están restringidos en el vencimiento como la mayoría de bonos de alta calidad a corto plazo no la ofrecen, probablemente se verán obligados a comprar bonos menos demandados. Eso supone asumir otros riesgos, que en un entorno tranquilo no se aprecian por la volatilidad.

Dentro de los flexibles, hay gestores que tienen margen para vender bonos, no solo comprar, o pueden cambiar la duración de su cartera para aprovechar cambios en tipos, o moverse entre bonos de distinta calidad. En este caso se asume el riesgo de que el gestor no haya estado acertado desde la compra hasta el momento en que tenga que reembolsar. El inversor debería ser consciente de que cambia una pérdida cierta por la posibilidad de ganar, pero a cambio podría perder más.

También están los fondos UCITS de gestión alternativa, pero para no repetirme les remito a la tribuna sobre alternativos líquidos que escribí en mayo del 2019.

Los inversores españoles, en media, suelen mantener en fondos muy conservadores más de lo que necesitarían incluso en un escenario razonablemente pesimista. Normalmente lo hacen para controlar la volatilidad. Tras haber disfrutado de depósitos remunerados, a veces por encima de la inflación, acostumbrarse a ver variar su patrimonio todos los meses, cuesta mucho a nivel emocional. Pero no son solo los españoles, en general, incluso inversores americanos (los de mayor experiencia y cultura inversora), cuando tienen un gran patrimonio mantienen una parte en activos menos volátiles y en valores seguros, si bien es verdad que en menor proporción que la media de nuestro país.

Hace años, cuando los tipos eran normales, los fondos que invierten en bonos de gobiernos desarrollados se consideraban la inversión más segura para el medio y largo plazo. A pesar del nivel actual de tipos, muchos profesionales e inversores siguen utilizando los bonos del Tesoro americano y del gobierno alemán como activo refugio, porque suelen comportarse bien en crisis. Pero también hay profesionales que consideran que invertir en este tipo de bonos conlleva un riesgo que no compensa su valor como refugio. Hasta lo que yo recuerdo, este debate se viene dando periódicamente desde 2013, cuando la Reserva Federal anunció que iba a dejar de comprar bonos, medida con la que había apoyado la economía tras la crisis de 2008.

Volviendo al momento actual, el avance en los programas de vacunación augura una rápida recuperación de la economía que, unido a mejores previsiones de los beneficios empresariales y del crecimiento económico mundial, ha hecho que el mercado descuente subidas de inflación. Y, a juzgar por el comportamiento de los bonos a largo plazo, la inflación no solo subiría el año que llegara la normalización, sino que el mercado parece descontar que se mantendrá en un nivel que obligaría al Banco Central y a la Reserva Federal a desdecirse del mensaje de mantener los tipos muy bajos durante mucho tiempo.

Esto ha supuesto una caída en la valoración de la mayoría de los fondos de renta fija, mayor en los que invierten en bonos a largo plazo de gobiernos refugio. En fondos de este tipo la corrección ronda el 2,5%. En los fondos de bonos corporativos la subida de tipos se ha compensado en parte por la bajada del diferencial sobre los bonos gobierno.

El problema para los inversores en fondos de renta fija a largo plazo, no es tanto la pérdida latente de este año, sino las dudas que genera la inversión en fondos puros direccionales de cara al futuro. Sobre todo, con los medios de comunicación haciéndose eco continúo de los riesgos de inflación. Según la teoría económica más clásica, las políticas monetarias expansivas generarían inflación. Los bancos centrales dicen abiertamente buscarla para reducir el tamaño de la deuda real, pero no desean pagar elevados intereses, por lo que estarían dispuestos a actuar (o lanzar el mensaje de que lo harán) para mantener los tipos bajos. Hay un precedente curioso en Japón, que con medidas expansivas buscó crear inflación hace años y no lo consiguió. No sabemos si vale como ejemplo, porque su cultura se parece poco a la occidental.

Hay teorías monetaristas modernas que sostienen que la inflación no depende tanto de la oferta monetaria. Hay quienes afirman que los nuevos modelos de producción y consumo, basados en la tecnología, son deflacionistas. Pero, si usted es de los que está convencido de que la inflación es un riesgo que, inevitablemente se traducirá en subida de tipos a largo, evite los bonos a esos plazos. Si no lo tiene tan claro, la mejor recomendación es diversificar. Estos bonos en su adecuada proporción pueden aportar valor, sobre todo porque las alternativas podrían resultar peor.

Marta Díaz-Bajo es Directora de análisis de fondos de Atl Capital