Tribuna

Viviendo de prestado, mientras nos sigan fiando

Los mercados pasan por alto muchas cosas que, en otros momentos, hubieran traído más nerviosismo

No estamos acostumbrados a que los operadores y agentes económico-financieros en general sean tan benévolos como lo están siendo actualmente a la hora de valorar en la justa medida los precios de los activos financieros, incluso a la hora de poder predecir hacia dónde irán esos precios.

Ya hace casi once meses que la pandemia se desataba más allá de las fronteras chinas, a la vez que provocaba una muy importante corrección en todos los mercados. En ese horrible mes que transcurría desde mediados de febrero hasta mediados de marzo, las bolsas perdían drásticamente lo que han podido perder en otras crisis, pero de manera mucho más rápida y abrupta. Era una hecatombe, un momento en el que pocos podían aventurar en las aguas en las que todo se movía. Incluso los bonos soberanos, tradicional valor refugio cuando la cosa se pone fea de verdad, veían caer su precio porque ni siquiera eran merecedores de esos flujos miedosos que en otras ocasiones sí que han confiado, al menos, en los activos supuestamente más seguros.

Cierto es que, mientras las Bolsas seguían corrigiendo a la baja, estos bonos soberanos se recuperaban tras las primeras dos semanas, fruto fundamentalmente de la cintura que los bancos centrales y los gobiernos han tenido que tener para tranquilizar a unos mercados que quieren alejarse de esas situaciones de pánico descontrolado a toda costa.

Más allá de esos mercados tan líquidos, cualquier otro mercado se veía incapaz de aguantar estas embestidas de temor generalizado. Y creo que, en esos sentimientos tan frustrantes de afrontar situaciones en las que hay mucha oscuridad y pocas luces, está la base de una situación actual que también puede llevarnos a extrañeza por lo contrario, por parecernos quizás demasiado positiva o estable contra viento y marea.

Efectivamente, ese período de hace casi un año, nadie quiere vivirlo de nuevo, pero hay dos factores en los que todos se apoyan, casi a modo de excusa, para poder normalizar una situación como la actual en la que, casi pase lo que pase, seguimos asistiendo a subidas generalizadas en los precios de casi cualquier tipo de activo. Las vacunas y los estímulos monetarios y fiscales casi ad-infinitum nos mantienen en una situación en la que “vivimos de prestado”. Es como vivir del futuro, un futuro que entendemos más bonito y esperanzador, con menos riesgos o, al menos, más controlados. Y convenciéndonos de que, uno y otro factor, vacunas y estímulos, funcionarán para ofrecernos esa situación de vuelta a una normalidad que aún no se avista para ninguna de nuestras realidades, ni humanas, ni laborales, ni familiares, ni económicas, ni financieras, ni, ni, ni…

Y, mientras vivimos como si estuviéramos ya en verano haciendo caso omiso a los actuales fríos, parece que los mercados pasan por alto muchas cosas que, en otros momentos, hubieran traído más nerviosismo. Así, pasan por alto los posibles efectos que, irremediablemente, traen situaciones de creación de liquidez no asociadas a creación de actividad económica. También que los mayores gastos fiscales a comprometer se reflejan en mayores niveles de déficit, pero no en mayores exigencias de rentabilidades, con los tipos controlados a la baja por la mayor masa monetaria que hace que el dinero pueda ser artificialmente barato. También pasan por alto que la esperada reactivación económica se retrasa en las perspectivas conforme vamos asumiendo horribles números de evolución del Covid, nuevas olas de contagio, también nuevos tipos o cepas de virus. También pasan por alto que hay indicadores de sobrecompra en algunos mercados, como son las bolsas, y que en el pasado hubieran hecho saltar ya las órdenes de salida desde niveles que se alcanzaron hace tiempo. También pasan por alto que el suministro y la velocidad de administración de las milagrosas vacunas no es el que se jactaban en afirmar tantas voces menos autorizadas de lo que ellas pensaban que eran, o siguen pensando.

Si pudiéramos aplicar adjetivos o realidades humanas a los mercados, diríamos que no están ciegos, no son ignorantes ni estúpidos. Pero sí que toman decisiones, y la que parece ser la tomada, en la que concurren muchos de sus agentes, es la de mirar adelante, confiar en que “de esta salimos”, y alejarse de lo que vivimos recientemente, cuando todos empezamos a intentar acostumbrarnos a lo que ahora nos parece otra realidad. En eso, el ser humano, porque todo sigue basándose en nosotros, tiene mucha costumbre histórica, y si prefiere no hacer caso a ciertas cosas mientras espera, otras en las que confía casi ciegamente, pues solo podemos desear que no esté –estemos– equivocados. Mientras tanto, mucho ánimo y mucha paciencia, la responsabilidad se nos presupone.

Jesús Sáez, responsable de mercado de capitales para Iberia de Natixis.