El ‘New Deal’ de Joe Biden

La banca de inversión augura otro ‘bull-run’ en este mandato, como si el vivido hasta ahora fuera ‘cañas y tapas’

El 20 de enero de 2021 Joe Biden fue investido 46º presidente de EE UU, con el lema America United. La solución a la pandemia y la crisis económica son prioridad del nuevo presidente. Por ello, Biden presentó un plan de estímulo fiscal de 1,9 billones de dólares con doble objetivo: ayudar a las familias americanas, que lo están pasando económicamente mal y culminar la vacunación de la población.

Explicado así, no parece un plan económico per se, como sí fue el Recovery Act de Obama en 2009, que destinó 787.000 millones de dólares a rescatar la economía de la Gran Recesión. En realidad, el plan de Biden es una pieza más de las inéditas medidas tomadas por el Gobierno americano para salvar su economía: primero, el Care Act de Trump, marzo de 2020, con 2 billones de dólares y el paquete de alivio por Covid de diciembre pasado, con 900.000 millones: en ambos casos, las personas recibieron dinero directamente del Gobierno: 1.200 dólares por persona en primavera pasada y complementos al subsidio del desempleo e, igualmente, 600 dólares por persona y suplemento semanal de 300 dólares para los desempleados.

La iniciativa de Biden dedicará 1.200 dólares a cada persona y 400 dólares para complementar el subsidio de de­sempleo. El presidente sostiene que “ese dinero irá al consumo, lo que estimulará la producción y, en consecuencia, la recuperación económica”. Así sucedió en primavera de 2020 y se tradujo en siete meses consecutivos de creación de empleo. Pero en diciembre, en temporada de ventas navideñas, los americanos dedicaron al ahorro –de media– el 25% del dinero recibido. El índice de confianza económica de la Universidad de Míchigan detectó elevada incertidumbre sobre la “futura evolución de la economía”, entre la población general en el último trimestre de 2020.

Para Biden hay una relación causa-efecto entre acabar con la pandemia (vacunación) y la vuelta a la normalidad, es decir, al crecimiento económico y el empleo. Janet Yellen explicó en detalle el plan económico del presidente, como secretaria del Tesoro. Para Yellen, el paquete de estímulo fiscal de 1,9 billones enunciado por Biden es solo el primer paso que hay que dar antes de implementar una nueva política económica. La prioridad es ayudar al pueblo americano; “thinking big”, dijo a los legisladores que la examinaron el 19 de enero. La deuda (100,1% del PIB) y el déficit federal son preocupantes, según Yellen, pero no en el corto plazo, “cuando lo imperioso es seguir gastando”, respondió a un congresista republicano.

Le faltó parafrasear a Ronald Reagan, quien, ante la misma preocupación por el déficit, solía responder en broma: “The interesting thing about deficits its their tendency to take care of themselves”. O al denostado vicepresidente de George Bush Jr., Dick Cheney, quien preguntado por el peligroso crecimiento del déficit federal consecuencia de las guerras de Irak y Afganistán, respondió: “Deficits don’t matter”.

Para Yellen –nueva máxima responsable de la economía norteamericana– los déficits sí importan, pero prefiere ocuparse hoy de lo más urgente–“ayudar a quien más lo necesita, gastando más”– y dejar el déficit para más adelante. El único presidente demócrata que consiguió superávit fue Bill Clinton (1998, 1999 y 2000), con Larry Summers en el Tesoro y, actualmente, crítico con tanto gasto público, porque cree que “aumentará el precio de los bonos”. Summers es de los pocos preocupados por este menester.

Mientras tanto, la guerra comercial y tecnológica con China continúa. Yellen acusó a China de “prácticas abusivas, injustas, no respetar los derechos humanos en sus fábricas, dumping de los productos americanos, robo de propiedad intelectual de empresas estadounidenses y de manipulación de moneda”. Nada que no repitiera continuamente Obama, jefe de Biden, cuando fue presidente. Yellen no es débil y advierte a China de que no le permitirá continuar por ese camino.

La gran receta de Biden (opuesta a la de su predecesor) es unir el PIB de EE UU, Europa, Reino Unido, Canadá, Australia, Japón y Corea del Sur (juntos, el 40% del PIB mundial) para plantar cara a Pekín. Lo que supondrá volver a los acuerdos de libre comercio que Trump abandonó –enfadando a los aliados– o renegoció a favor de EE UU (Nafta, TTP, TTIP, etc.).

Biden volverá al Acuerdo de París para luchar contra el cambio climático y se reincorporará a la OMS. Su política de inmigración romperá con el pasado inmediato: otorgar la ciudadanía a 11 millones de inmigrantes ilegales, en su mayoría hispanos; recuperar DACA, programa de Obama para promover la reunificación familiar de inmigrantes, y el impulso de energías renovables en detrimento del gas y del petróleo. De las 15 órdenes ejecutivas que el nuevo presidente firmará el 21 de enero, una será paralizar el Keystone-Pipeline, a pesar de las quejas de Canadá, a quien sí interesa el proyecto. La construcción del muro con México se interrumpirá, liberando fondos que provenían del Departamento de Defensa.

Joseph Biden ha anunciado que subirá los impuestos a los que ganan más de 400.000 dólares al año y a las corporaciones. Las Bolsas siguen subiendo: Dow, S&P 500 y Nasdaq están un 1% por encima de su máximo histórico. Su relación con las big tech está por ver, por los juicios antimonopolio a Facebook, Amazon, Google y Apple.

Goldman Sachs, Morgan Stanley y JP Morgan auguran el inicio de otro bull-run, como si el vivido estos años previos fuera solo cañas y tapas.

Jorge Díaz Cardiel es Socio director de Advice Strategic Consultants. Autor de ‘Hillay vs. Trump’; ‘Trump, año uno’ y ‘Trump, año de trueno y complacencia’