Una oportunidad para España: déjennos investigar e innovar

La clase política debe reflexionar sobre cómo facilitar la investigación e innovación en la lucha contra el cambio climático

En las últimas semanas estamos viviendo un fenómeno científico y social único que me hace reflexionar sobre cuáles son los condicionantes necesarios para acelerar los procesos de investigación e innovación. Aludo a la carrera por la creación de una vacuna para el Covid 19, así como por la mejora de los tratamientos para la curación del virus.

Varios de los proyectos más avanzados están desarrollándose en países basados en el respeto a los derechos humanos, las libertades democráticas y el libre mercado. Los dos científicos que anunciaron en primer lugar una vacuna fiable disfrutan de una gran carrera profesional gracias a su talento y a su trabajo. Son hijos de inmigrantes turcos llegados a Alemania para mejorar su vida. Cabe la duda razonable de si estos dos jóvenes turco-alemanes, ahora entrados en la cincuentena, serían hoy los exitosos científicos que son sin su periplo de libertad, esfuerzos y oportunidades.

Por cierto, la sede de la compañía fundada por esta brillante pareja está en Maguncia (Mainz), lugar de otra luminosa invención −la de la imprenta por parte de Guttenberg−, una pequeña ciudad con una modesta economía donde todo es posible gracias al talento y al trabajo.

No es casualidad que todo esto esté ocurriendo en Europa, bastión democrático de libertad, cooperación público-privada y libre mercado. Todos los científicos, las compañías farmacéuticas e institutos públicos y privados de investigación se han lanzado a una frenética carrera competitiva, pero también colaborativa, en busca de una solución. Una pequeña pero muy puntera empresa alemana se ha asociado con una gran multinacional farmacéutica estadounidense y nos ha proporcionado la primera rendija de esperanza. Los poderes públicos no nos han dicho qué tipo de vacuna o tratamiento necesitamos, si debe ser verde, azul o naranja, inyectable u oral… Ante la tragedia que estamos viviendo, han entendido perfectamente que ponerle condicionantes a la infinita potencia creativa del ser humano retardaría la tan ansiada solución.

Otra gran crisis a la que la humanidad debe hacer frente, hoy día algo solapada por las urgencias inmediatas, es la del cambio climático. ¿Por qué en cambio en este caso los políticos nos prescriben cómo se debe luchar contra el cambio climático, en vez de marcar los objetivos y dejar que los científicos investiguen? ¿Por qué se pretende que nuestras leyes prohíban tecnologías que ya hoy día están siendo prioritarias y efectivas en esa lucha? ¿Por qué se pretende vender como solución única universal aquella que, siendo necesaria, como es la electrificación, no es más que parcial, dificultando normativamente el desarrollo tecnológico de otras que descarbonizarán aquello a lo que la electricidad no llega, como el transporte aéreo, marítimo, pesado, la industria que precisa en sus procesos de altas temperaturas, e incluso el transporte ligero en competencia leal y sinérgica con la electrificación? ¿Por qué nos negamos a adoptar una visión inclusiva que nos permitiría ir más deprisa y ser más eficientes en la obtención de los resultados de descarbonización, haciendo menos costosa la transición energética para la sociedad? Seamos tecnológicamente neutrales. Espero que la clase política reflexione acerca de cómo facilitar la investigación e innovación en la lucha contra el cambio climático. Prohibiendo tecnologías no iremos por el camino correcto.

Personalmente, no conozco ninguna solución mágica, no conozco ninguna forma de producir y consumir energía sin externalidades. Por ejemplo, se generan significativas emisiones en la fabricación de las baterías, al producirlas en países con un mix energético basado en el carbón, como China, donde la minería de las denominadas tierras raras es medioambientalmente muy agresiva.

El pasado jueves Repsol presentó su Plan Estratégico 2021-2025, en el que nos reconocemos como una empresa transformadora y en transformación, y con capacidad para adaptarnos rápidamente al cambio. Hacemos una apuesta sin retorno por la descarbonización, con un creciente peso de la generación renovable en nuestro portafolio y una aceleración de nuestras inversiones en movilidad eléctrica. Asimismo, invertimos en tecnologías desarrolladas para aprovechar al máximo la economía circular, como la de los biocombustibles avanzados a partir de residuos, o la captura y uso del CO2 para crear combustibles sintéticos descarbonizados. Y una apuesta por desarrollar el hidrógeno renovable, convirtiendo a España en puntera en este novedoso vector energético.

En este plan a cinco años hemos expresado nuestra intención de invertir y convertir a España en líder de todas las tecnologías competitivas a nuestro alcance, de cara a la descarbonización de nuestros centros industriales y productos.

Enfrentamos un reto colosal, que en Repsol vemos, además, como una gran oportunidad. Solo necesitamos que nos dejen.

Antonio Brufau es el presidente de Repsol

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