España a través del espejo

La prioridad de los Presupuestos es el relato y la comunicación. La crisis, el desempleo, la pobreza, la reactivación, cumplir nuestros compromisos con Bruselas, es secundario.

Desde 2004 he comentado los Presupuestos Generales del Estado en este periódico. La tradición era hacerlo siempre en el mes de septiembre, cuando la ley marca que el Gobierno debe presentarlos en el Congreso. Desde 2015 España entró en una nueva realidad de fragmentación política y los Presupuestos se presentaban meses más tarde. Desde 2018 la crisis institucional ha avanzado y no hemos tenido Presupuestos. Hoy tengo que comentar unos Presupuestos que aún no tienen los apoyos necesarios para ser aprobados en el Congreso y corren el riesgo de morir pronto, como les sucedió a los de 2019.

La convención era definir el escenario macro que permitía estimar los ingresos y adaptar las políticas de gasto para cumplir los objetivos de déficit comprometidos con Bruselas en la senda del Programa de Estabilidad. La Comisión ha eliminado el cumplimiento del Pacto de Estabilidad en 2021 y ha anunciado un fondo europeo de reactivación sin precedentes. Y el BCE compra directamente deuda pública española sin ninguna condicionalidad y mantiene los tipos negativos o próximos al 0%.

En este escenario, el Gobierno ha decidido incluir esos fondos para embellecer los Presupuestos y dar titulares sobre los Presupuestos más sociales de la historia. La prioridad es el relato y la comunicación. La crisis, el desempleo, la pobreza, la reactivación, la eficacia del gasto, la sostenibilidad de nuestra deuda pública, cumplir nuestros compromisos con Bruselas, es secundario.

El Gobierno de Rajoy acostumbraba a inflar el crecimiento y las estimaciones de ingresos. El Gobierno Sánchez, también, y además ha inflado los gastos. España ha ejecutado en los últimos seis años 3.000 millones de euros promedio anual de fondos europeos. Nadie puede creer que en 2021 se vayan a ejecutar 27.000 millones. Los fondos se tardarán en aprobar en Bruselas y encima la burocracia será infernal. Las comunidades, diputaciones, ayuntamientos y universidades tienen que tener un plan que englobe los proyectos, los tiene que aprobar el Ministerio de Hacienda, luego los tiene que aprobar la Comisión y luego iniciar los procesos de licitación pública.

Proponer un estado de alarma de seis meses y estimar un crecimiento del PIB nominal para 2021 de dos dígitos la misma semana es como hacer un plan para luchar contra la desertificación en el Sahara esperando que aumenten las lluvias. La economía se frenó en seco en septiembre y ha empezado a caer de nuevo en octubre. Entras en el 2021 sin ninguna inercia y los fondos europeos no se empezarán.

El año que viene el crecimiento será débil y muy condicionado a la capacidad de España de controlar la pandemia, como han hecho en Asia. Si España y Europa son incapaces de controlar el virus, olvidémonos del crecimiento. Como Alicia, España ha cruzado el espejo de la realidad y juega la partida saltándose todas las reglas de la sostenibilidad de la deuda. El espejo es el BCE.

 José Carlos Díez es Director de la Cátedra Orfin Universiad de Alcalá