El baile de las fusiones se abre con una operación con todo el sentido

Es mejor que las entidades cojan el toro por los cuernos y se lo planteen mientras estén fuertes y sanas

CaixaBank y Bankia confirmaron este jueves que estudian una fusión que crearía el primer banco por cuota de mercado en España, claramente por delante de sus competidores. Los bajos márgenes, la dura competencia en los segmentos de mayor valor añadido, la necesidad de fuertes inversiones en tecnología y la crisis del coronavirus han mermado la rentabilidad de las entidades y obligan a buscar fórmulas para ganar eficiencia. Con los riesgos de ejecución que conlleva, una fusión es una de las fórmulas para hacer frente a ese entorno adverso para el sector y la de CaixaBank y Bankia tiene todo el sentido desde el punto de vista estratégico, comercial y operativo.

Bankia es una entidad controlada por capital público. La privatización se ha retrasado más de lo deseable y las dificultades del sector han hecho perder valor a la entidad pese a la buena gestión de José Ignacio Goirigolzarri. Gran parte de las ayudas públicas inyectadas al grupo no se recuperarán, pero no se debe juzgar el rescate de Bankia solo por ese parámetro. La hipótesis de no-rescate, con pérdida de dinero para los depositantes, quiebra de la entidad y colapso financiero y económico es sin duda mucho peor que el dinero perdido por el Estado en la operación. Pero el tratarse de una entidad de capital público añade un elemento de complejidad. No tiene sentido tener al Estado a medio y largo plazo como accionista de Bankia ni de ninguna otra entidad semejante, por más que Unidas Podemos tenga una peligrosa ensoñación al respecto.

La fusión con CaixaBank facilita la privatización y es la única combinación con otro banco nacional que no convierte al Estado en primer accionista de la entidad resultante. El valor de la participación pública ha aumentado en 645 millones en un solo día, ya que el mercado ha aplaudido la operación. La decisión del Gobierno de apoyar o no la operación debe responder principalmente a criterios económicos.

La pandemia del coronavirus ha demostrado que no hacen falta tantas oficinas, dada la imparable digitalización de la operativa. Ante ese exceso de capacidad instalada, ganar eficiencia es clave. El nivel de concentración no pone en peligro por ahora la competencia. El anuncio de las negociaciones entre CaixaBank y Bankia ha provocado que todos empiecen a mirarse a sí mismos y a su alrededor por si necesitan una pareja. Es mejor que las entidades cojan el toro por los cuernos y se planteen las fusiones mientras estén fuertes y sanas, no como remedio a la desesperada de último minuto. Se ha abierto el baile.