Fusiones bancarias necesarias a la vista

La unión CaixaBank-Bankia es solo el inicio de un plan perfectamente delimitado en el tiempo para reducir el sistema a no más de tres entidades

Sedes de Caixabank y Bankia.
Sedes de Caixabank y Bankia. Europa Press

El proceso de concentración en el sector financiero español ha comenzado con dos entidades de primera línea y dos de los más importantes players del mercado.

Pienso que es solo el inicio de un plan que está perfectamente diseñado y que tiene un espacio temporal perfectamente delimitado para reducir nuestro sistema financiero a no más de tres entidades.
Dicha fusión, al igual que las venideras cuentan con seguridad con el beneplácito del Gobierno y del Banco Central Europeo (BCE). Ambos son conscientes de la necesidad, urgencia e idoneidad de la misma y de que la estructura bancaria actual no es sostenible en el tiempo.

La Bolsa parece estar premiando la operación y como suele ocurrir habitualmente las entidades de menor capitalización suelen verse favorecidas en mayor medida.

En mi opinión, hay otras entidades que están muy bien posicionadas para continuar con los pasos dados por Bankia y CaixaBank. En este sentido, destaca la posición de Liberbank, cuyo valor en libros si lo comparamos con la cotización hace que la valoración actual ofrezca un descuento importante respecto a lo que debería constituir su valor objetivo de mercado. Asimismo, pueden resultar beneficiadas compañías como Sabadell o Unicaja, cuya situación actual no era muy positiva y en las que una hipotética absorción serviría de bote salvavidas a unas entidades abocadas a la venta o al cese de la actividad. En el caso de Bankinter, vemos una mayor dificultad a la hora de plantearse una hipotética integración con otras entidades, puesto que es una entidad más saneada con una menor exposición al sector inmobiliario, con unas peculiaridades diferentes al resto y con una menor necesidad o dependencia de integrarse con otros bancos.

No hay que engañarse, la reducción del número de entidades es consecuencia de un cambio en los parámetros del negocio financiero y de una imperativa adaptación a las nuevas circunstancias fruto de la digitalización y del aumento en el uso de la banca online, que además se ha acelerado con la aparición del Covid-19. Las empresas del sector mantienen sinergias y las fusiones tienen lógica y sentido, puesto que subyace una reducción de costes tanto en lo que se refiere al personal como a la necesidad de cierre de oficinas presenciales.

La competitividad entre las entidades se ha reducido de forma drástica en los últimos años y todas ellas bailan al compás de las directrices marcadas desde Europa. Los márgenes se han estrechado y la coyuntura actual con un horizonte de tipos bajos no invitaba al optimismo.

En el largo plazo, consideramos que esta concentración y reducción de entidades es necesaria, contribuye a lograr la supervivencia del sistema y asegura un futuro próspero a un sector deseoso y ávido de cambios.

El alto grado de incertidumbre en la economía española y la desconfianza por parte de los inversores institucionales internacionales hacia la marca España obliga a comenzar este movimiento que es solo el inicio de un proceso de fusiones futuras que tiene fecha en el calendario.

El aumento de la morosidad como consecuencia de la pandemia en los próximos meses va a tener una magnitud importante y por ello algunas entidades ya han realizado provisiones de calado descontando un panorama nada alentador.

El Banco de España ya se ha pronunciado en este sentido y el mercado comenzará a descontar que vamos a asistir a muchos cambios en los próximos meses. Las propias compañías y los organismos reguladores conocen los datos macro venideros, que está claro que van a ser muy negativos y van a intentar afrontarlos de la mejor manera posible.

Desde mi punto de vista, la opinión del Banco de España y las decisiones tomadas en este sentido son acertadas e incluso el único pero que se le podría poner es que dichas operaciones tendentes a concentrar el sector deberían haberse realizado con anterioridad. En este sentido me remito a lo ocurrido en Banco Popular o Bankia, y es que algunas entidades, de no fusionarse, iban camino de convertirse en la segunda parte de lo ocurrido con Banco Popular.

El BCE también ha mostrado su interés en llevar a cabo un proceso de consolidación que no cree un oligopolio y mantenga la competencia en el mercado.

Es necesaria una estructura financiera moderna, tecnológica, eficiente y productiva, más reducida en cuanto a número de entidades, pero más rentable y conveniente para el sector en sí mismo y para el conjunto de la sociedad española.

Acudir a la oficina se ha vuelto algo arcaico. Probablemente no necesitemos a alguien en ventanilla, pero sí un gestor con el que podamos interactuar por un chat o incluso por vía telefónica. Probablemente asistiremos a un duro proceso de ajuste en la plantilla de las entidades, ya que se producirán más cierres de oficinas. El modelo tiene que cambiar, ya que de lo contrario el propio mercado lo haría desaparecer en poco tiempo.

Hace 15 años, el sector financiero brillaba y todo el mundo era consciente de que constituía un gran negocio. Hoy en día no lo es, pero lo puede ser si se lleva a cabo un imprescindible proceso de adaptación y cambio que debe acometerse a la mayor brevedad posible.

La inversión de los bancos ha de centrarse en el desarrollo tecnológico de un modelo de negocio puramente online en el que la sucursal física sea un reducto para aquellas cuestiones que sean imprescindibles. La mentalidad del cliente ha cambiado y la pandemia ha contribuido a que la adaptación a las nuevas tecnologías se haya acelerado. ¡La integración ha comenzado y el Covid-19 ha contribuido a ello!

España afronta momentos difíciles tanto por la crisis sanitaria como por la crisis económica y necesita un sistema financiero robusto y sólido.

Miguel Méndez Pérez es director general de Metagestión