España se enfrenta a una economía destrozada

Las previsiones apuntan a que la contracción del PIB en 2020 será la más alta de la historia reciente del país, al igual que la tasa de paro, el déficit y la deuda pública

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La crisis sanitaria ha provocado una catástrofe económica mundial de primer orden. Se dice y se repite que se trata del peor escenario desde la Gran Depresión de 1929. Y España no ha escapado a esta enorme turbulencia. El cierre de toda actividad económica, salvo la esencial, durante ocho semanas de marzo, abril y mayo va a provocar una caída del PIB este año sin precedentes desde los tiempos de la guerra civil y la posguerra.

Lo peor, además, es que a medida que se va conociendo la magnitud de lo ocurrido, con números y datos, empeoran las previsiones.

Si el pasado 1 de mayo el Gobierno español anunciaba que en el Programa de Estabilidad enviado a Bruselas se ha previsto una contracción del PIB en 2020 de un 9%, las predicciones más recientes de organismos internacionales e instituciones nacionales son mucho más pesimistas.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) augura una caída de la economía española para este año del 12,8%. La OCDE vaticina un descenso del 11,1% si no hay rebrotes del virus y de un 14,4% si los hay. La Comisión Europea está siendo más cauta y nos adelanta una contracción del 9,4%, mientras que calcula que la media de la eurozona baje este año un 7,7%.

El FMI calcula una caída del PIB del 12,8% este año y la OCDE, del 11,1%,
si no hay rebrotes

El Banco de España ha tenido que realizar unos pronósticos inéditos basados en tres escenarios debido al “extraordinario nivel de incertidumbre”. En el peor, el PIB de España se contraerá un 15,1%; en el escenario de recuperación gradual, un 11,6%, y en el de recuperación temprana, un 9%. Sirva como dato que en el año más duro de la anterior crisis, 2009, la economía cayó un 2,6%. El Instituto Nacional de Estadística (INE) confirma que solo en el primer trimestre el desplome fue del 5,2%.

Con el descenso del PIB, los grandes indicadores económicos presentan un panorama sombrío. La tasa de paro no bajará del 18% en ninguna de las previsiones. El Banco de España llega a situarla en el 23,6% en el peor escenario o de riesgo, y el Gobierno, en el 19% en la Encuesta de Población Activa (EPA), que no incluye a los trabajadores afectados por los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE).

El déficit se dispararía por encima del 10% para todos los analistas oficiales y la deuda pública se colocaría en el 115% del PIB en la menos pesimista de las previsiones. La subida de esta última ha llevado al gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, a reclamar al Gobierno que emprenda con rapidez reformas estructurales para contenerla y alejar así la huida de inversores.

El parón obligado por el estado de alarma ha provocado un derrumbe sin precedentes tanto de la demanda como de la oferta, así como un desplome de la inversión y de la confianza de los agentes económicos. La aprobación en marzo de los ERTE por fuerza mayor o extraordinarios ha paliado, por el momento, la destrucción definitiva de cientos de miles de puestos de trabajo.

Estado de alarma España
El madrileño paseo de la Castellana, vacío durante el estado de alarma. Cinco Días

Pero la economía española ha recibido otro varapalo. Tanto el FMI como la OCDE afirman que España va a ser el país más perjudicado del mundo desarrollado, a pesar de que la pandemia ha afectado a otros muy cercanos por igual.

La razón hay que buscarla, explican los expertos, en la estructura de la economía española. El PIB de nuestro país es sumamente dependiente del sector servicios, que representa un 68% de la riqueza nacional. El peso de la industria retrocede año tras año y en 2018, según datos del INE, supuso poco más del 16%.

El auténtico motor de la economía española es el turismo, que ocupa más de un 14% en la tarta del PIB. Es el sector que más ha venido creciendo en décadas y que da empleo a 2,8 millones de españoles, de acuerdo con un informe de la World Travel & Tourism Council. Pues bien, este motor se ha parado prácticamente de golpe con las restricciones a la movilidad, el cierre de fronteras y las condiciones impuestas para evitar una nueva ola de contagios.

Año nefasto

2020 va a pasar a la historia como el año nefasto por antonomasia para el sector turístico. Las pérdidas se han valorado en 80.000 millones de euros y ni el levantamiento de restricciones a la movilidad “va a salvar el verano”.

La aprobación por parte del Gobierno, a mediados de junio, de un plan de apoyo de 4.262 millones de euros, basado sobre todo en líneas de avales del ICO, no ha satisfecho a un sector que prevé pérdidas de 80.000 millones este año, según Exceltur.

Las perspectivas de recuperación, por otra parte, no son halagüeñas, ya que, pese a la apertura tímida de movilidad entre países decretada a partir del 1 de julio, nadie espera las llegadas masivas de turistas extranjeros, que en 2019 sumaron 85 millones.

Otro sector económico muy importante en España es el comercio, que supone el 12% de la riqueza. El cierre por el Covid-19 ha hundido el consumo, que muy poco a poco se va restableciendo. El gran problema que aqueja a este sector es el tamaño. Seis de cada diez comercios son pymes que, en su casi totalidad, se han visto obligadas a aplicar un ERTE. La OCDE ha cuantificado la caída del comercio en España en 9,5 puntos del PIB, lo que multiplica por seis la reducción registrada en el sector industrial.

En realidad, el hándicap del comercio es el general de la economía española y ayuda a explicar el hecho de que vaya a ser una de las más afectadas por la pandemia: el 95% del tejido productivo son empresas con menos de diez trabajadores.

Y en la industria hay otro motor gripado, la automoción. Supone un 10% del PIB y un 19% de las exportaciones españolas, según datos recogidos por el Icex. Anfac afirma que en el primer semestre las matriculaciones cayeron un 51% respecto al mismo periodo de 2019, dato fatal para un sector que ya venía arrastrando su propia crisis en ventas internas y externas. Por ello, el plan de estímulo aprobado por el Ejecutivo, dotado con 3.750 millones de euros, aquí sí ha sido bien acogido.

Hay luz al final del túnel y tiene forma de V

Los economistas utilizan tres letras del abecedario anglosajón para definir los distintos tipos de recuperación económica. La V significa que la economía ha caído bruscamente pero que remontará con rapidez. La L indica una recuperación lenta y la W, una montaña rusa de subidas y bajadas del PIB.

En el caso de la crisis económica causada por la pandemia del coronavirus, los expertos coinciden en que España saldrá de ella en V. También lo creen todas las instituciones y el Gobierno español.

Sin embargo, la vicepresidenta y ministra de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, ya ha advertido de que será “una V asimétrica”, lo que significa que la remontada será más pausada que la caída porque las incertidumbres no han desaparecido.

El gran temor es que los contagios por Covid-19 impidan una vuelta a la total normalidad y que causen otra oleada de medidas drásticas para frenarlos. No obstante, 2021 será el año de los números negros o positivos.

Si las previsiones del FMI para este año son catastróficas, las del año que viene mejoran, puesto que sitúan el crecimiento del PIB español en el 6,3%.

Ocurre lo mismo con los análisis de la OCDE, que pronostican un aumento del 7,5% si no hay rebrote del virus y del 5% en caso contrario. El Banco de España también es optimista con respecto a 2021, a pesar de los tres escenarios manejados.

Auxilio y consenso, el reclamo

El Gobierno presidido por Pedro Sánchez adoptó dos grandes medidas económicas nada más decretar el estado de alarma: la aplicación de expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) por fuerza mayor o extraordinarios por parte de las empresas, que conllevan un proceso de aprobación más sencillo que los ordinarios, y la puesta en marcha de líneas de avales del Instituto de Crédito Oficial (ICO). Ambas medidas han merecido el reconocimiento de los agentes sociales y económicos hasta el punto de que no son pocos los que piden que se alarguen sus respectivas vigencias.

Ello no impide que se exijan más políticas para el corto y largo plazo. Impulsar con ayudas la transformación digital, la innovación en la economía y la transición ecológica es una petición unánime. Desde los grandes empresarios del país, reunidos en una cumbre organizada por CEOE en junio, hasta las empresas encuestadas por el Consejo General de Economistas piden al Ejecutivo ayudas a la digitalización, la formación y el reciclaje y, por supuesto, a la inversión. El estímulo directo es una reivindicación, como también lo es el estímulo indirecto en forma de menos trabas burocráticas y de alivio de la fiscalidad.

Hay una tercera petición que sobresale en cualquier declaración de los empresarios, y es la unidad. Se reclama a los políticos que alcancen consensos (también a los agentes sociales) para salir de la crisis y que cese el enfrentamiento que marcó el estado de alarma la pasada primavera.

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