Blanca del Rey: “Un tablao flamenco es un bolsillo roto"

Bailaora profesional, se casó con el dueño de uno de los locales que, según ‘The New York Times’ hay que visitar antes de morir, negocio que gestiona junto a sus dos hijos

Blanca del Rey, en el escenario del Corral de la Morería.
Blanca del Rey, en el escenario del Corral de la Morería.

Debutó como bailaora a los 12 años, disciplina artística en la que se inició de manera autodidacta siendo una niña. El gran cambio en la vida de Blanca Ávila Molina (Córdoba, 1946) se produjo cuando fue contratada para bailar en el Corral de la Morería. Se casó con el propietario y fundador en 1956 del tablao, Manuel del Rey, de quien tomó el apellido para su nombre artístico. Madre de dos hijos, Juan Manuel y Armando, aparcó su carrera para dedicarse a la familia, tiempo que aprovechó para estudiar Historia del Arte e investigar en el flamenco. En 1983 creó el ballet flamenco Blanca del Rey, con el que ha actuado, entre otros, en el Teatro Real de Madrid, en el Cirque Royal de Bruselas o en el Teatro Carlo Felice de Génova. Cuando falleció su marido, tomó las riendas del tablao, pero tuvo que pedir a sus hijos que dejaran sus respectivos trabajos y que la acompañaran en la gestión del local, que han convertido en un referente del flamenco y de la gastronomía, al conseguir hace dos años, con el chef David García, su primera estrella Michelin. Mujer ilustrada, de rico verbo y trato fácil, de vez en cuando se sigue subiendo al escenario para quitarse el gusanillo del baile.

The New York Times eligió el Corral como uno de los 1.000 lugares que visitar antes de morir. ¿Cómo se logra tal privilegio?

La persona que nos incluyó es una americana que vino de niña con sus padres, y siempre pensó que era un sitio mágico. De mayor, volvió para comprobar si había decaído, y se fue llorando de felicidad porque todo lo que recordaba aquí estaba. Siempre que viene a España nos visita. Hemos mantenido una regla de oro que fijó mi marido desde los comienzos, que fue ofrecer la mejor cocina española y francesa y el mejor espectáculo, además de tratar muy bien al cliente. Toda esta respiración la hemos mantenido siempre, porque la gente aprende a través de lo que absorbe de la conducta de los mayores. Yo no cruzo en rojo un semáforo por su hay algún niño viéndome.

¿Es muy importante el ejemplo?

Hay que tener unas normas de comportamiento. Nosotros siempre hemos sido agradecidos, y eso se percibe, pero además es un bienestar que repercute en ti mismo. Aquí trabajan más de 70 personas, y cuesta trabajo conseguir que se tenga disciplina, pero esto se logra con el ejemplo. Los primeros que quitan y ponen una mesa son Armando y Juan Manuel. Yo no vengo todas las noches, porque voy a festivales a ver dónde encuentro talento para los espectáculos.

¿Un tablao de flamenco es un negocio rentable?

Es un bolsillo roto. No tenemos perdidas, pero mantener todo esto es tremendo. Hemos apostado por la excelencia, nos da energía, y no lo consideramos un trabajo, es una satisfacción. Es muy creativo, cada noche aquí hay arte, está vivo. No es un negocio estancado, es un crisol de creación. Además de que este lugar ha sido testigo de numerosas historias. Aquí se conocieron Farah Diba y el sha de Persia, que estaba viendo el espectáculo con la que era entonces su esposa, Soraya. Gestionar todo esto es difícil. Cuando muere mi marido, yo tengo que decir a mis hijos si quieren hacerse cargo del negocio o lo tenemos que cerrar.

¿Tan drástico fue ese momento?

Yo sé bailar y busco al que mejor baile, para mí eso es facilísimo, pero yo no soy empresaria. Si mis hijos no hubieran dejado sus trabajos, Armando era director de marketing en RedBull y Juan Manuel tenía un club de buceo en Calpe y monitor de esquí en Aspen, esto estaría cerrado. Me pidieron una semana para pensárselo, y fue cuando se dieron cuenta que el Corral de la Morería era la herencia emocional de su padre más que otra cosa. Y decidieron hacerse cargo. Son muy trabajadores. Ellos ganaban bastante más dinero en sus anteriores trabajos. Con este negocio no te haces millonario. No tenemos necesidades económicas, nos da una liquidez muy elemental.

A lo largo de todos estos años han vivido diferentes crisis económicas, ¿cómo las han afrontado?

De todas las crisis que hemos vivido la única caótica, en la que tuvimos que hipotecar patrimonio, fue la de la Guerra del Golfo. La sociedad española tenía miedo, causó miedo social en los negocios. Durante un mes no entró nadie, y había que pagar al personal, la Seguridad Social, las materias primas... Lo pasamos fatal y avalamos con patrimonio el crédito que tuvimos que pedir para poder hacer frente al desastre. Esa fue la más dura porque fue una situación límite.

También son testigos de cómo ha ido cambiado el ocio de Madrid.

Ahora mismo hay mucha rigidez. Es un contrasentido que antes hubiera mucha más libertad de horarios. Cerrábamos cuando se iba el último cliente. Se ha perdido el Madrid canalla, ahora todo es más formal.

¿Está viviendo el flamenco un buen momento en cuanto al relevo generacional?

Hay mucho talento en España, y se valora cada vez más. También cada vez hay más sitios donde se ofrece flamenco, sobre todo en las costas españolas, pero los aficionados de verdad saben dónde hay un buen espectáculo. Además, el flamenco es parte fundamental de la marca España. En Japón es una religión.

¿Cómo gestiona el ego que pueda haber en un grupo artístico?

Los hay que tienen ego y otros que son muy sencillos. El ego es más del que empieza, debido al complejo de inferioridad. Como tampoco he visto que haya discriminación entre hombres y mujeres, han cobrado lo mismo. Eso lo deberían tener en cuenta las empresas, porque aquellas que discriminan a las mujeres deberían arreglarse la neurona.

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