Cómo aprender a ser emprendedora desde las aulas

La iniciativa ‘Yo, jefa’ une a 30 alumnas y profesionales para impulsar la creación de empresas

Mentoras y alumnas del programa 'Yo, jefa', este lunes en Madrid.
Mentoras y alumnas del programa 'Yo, jefa', este lunes en Madrid.

Son 30 mujeres y todas tienen una misión: que su proyecto resulte elegido el próximo mes de junio ganador de la iniciativa Shadowing. Yo, jefa, que este lunes dio el pistoletazo de salida en la sede madrileña de Esade. Durante el proceso, organizado por Trescom, 15 estudiantes serán guiadas por otras tantas empresarias y directivas para dar forma a sus ideas y a sus planes empresariales. Las directivas, valiéndose de su experiencia, supervisarán los proyectos, ofrecerán consejos y guiarán los primeros pasos de la que será la primera incursión empresarial de la mayoría de las alumnas. Por encima de la competitividad, sin embargo, sobrevuela una idea expresada por Francisco Polo, alto comisionado para España Nación Emprendedora, un órgano creado por el Gobierno para renovar el modelo productivo del país: “No habrá nación emprendedora en España sin las mujeres”.

El encuentro entre pupilas y expertas sirvió, en primer lugar, para reflexionar sobre el papel protagonista que la mujer ha tenido a la hora de desarrollar el tejido empresarial, algo que han logrado sobreponiéndose incluso a los prejuicios, por ejemplo, de los acreedores. Así lo reflejó en 2018 el informe Why Women-Owned Startups Are a Better Bet, en el que la firma Boston Consulting Group analizaba los datos de 350 compañías. Su conclusión fue alarmante: las mujeres habían recibido durante un programa de financiación una media de 840.000 euros para sus nuevas empresas, menos de la mitad de los casi dos millones de euros que habían recibido los hombres. A cambio, ellas obtuvieron unos 70 céntimos de rentabilidad por cada euro invertido, mientras que ellos se quedaron en menos de 30 céntimos. “En España existe ya una generación de mujeres que no está dispuesta a renunciar de inicio. Vuestro trabajo de hoy será el éxito de mañana”, destacó Polo.

De esta nueva generación son las jóvenes emprendedoras escogidas de entre casi un centenar de candidatas para esta iniciativa. Pertenecientes a una amplia gama de ramas del conocimiento, desde la comunicación y la educación hasta la ingeniería química, las jóvenes han sido emparejadas cuidadosamente con empresarias de éxito que ya han desarrollado proyectos parecidos a los que ellas tienen en mente. Para ello, compañías como Wayra, Cigna, Red Eléctrica España, Endeavor y Mediapost se han implicado en la búsqueda de la profesional adecuada para cada alumna.

Un ejemplo es el caso de María Fátima Lucas, de 44 años, y Patricia Aranda, de 23. Ambas son ingenieras químicas, viven en Barcelona y han pasado por IQS Tech Factory, la aceleradora del Instituto Químico de Sarriá. La maestra es fundadora de Zymbol Biomodeling, una startup dedicada a la simulación computacional para crear enzimas, conoce como pocos las dificultades que tendrá que afrontar su pupila si quiere abrirse camino en sectores como la biotecnología o la alimentación. “Lo más importante es aprender a explicar los proyectos, a tener una idea e ir con ella hacia adelante. Precisamente en esto nosotras a veces lo tenemos un poco más difícil. En reuniones donde hay hombres y mujeres, por ejemplo, es frecuente que se impongan ellos simplemente porque hablan más fuerte”, afirma la química, que acaba de levantar cerca de dos millones de euros de financiación procedentes de fondos para la investigación.

No es la única dificultad extra que afrontan las mujeres que buscan ser sus propias directoras. En su primera entrevista de trabajo, a Soraya del Portillo, de 43 años y fundadora de la consultora de recursos humanos Team Training, le preguntaron dónde se veía en cuatro años. Confesó que con su propia empresa: “Me fui a casa pensando que era una bocazas, pero lo logré”, recuerda. Lo hizo no sin antes ver cómo algunas compañías preferían que el proyecto lo explicara su socio, un hombre 15 años mayor que ella.

En algunas ocasiones, incluso, se vio obligada a firmar documentos solo con sus iniciales para que quienes iban a leerlos, mayoritariamente hombres, la tomaran en serio. “¿Sabes cómo se supera eso? Con actitud. Alguno hasta me ha pedido perdón por aquello”, explica a su alumna, Judit Morgó, una comunicadora que, con 25 años, tiene la misma edad que su mentora en aquel primer proceso de selección. Morgó quiere desarrollar un proyecto transmedia para ayudar a las entidades a venderse mejor. “Me parece interesante que la mentora sea una mujer. Es una sensibilidad distinta”, reflexiona sin perder de vista a la que, durante un tiempo, será su modelo de referencia más cercano.

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