Contante y Sonante

¿Quién vigilaba al que debía vigilar la seguridad de BBVA?

El caso Villarejo pone de manifiesto las grandes cuotas de poder que han llegado a asumir los policías fichados por las grandes empresas

Julio Corrochano, expolicía y ex jefe de seguridad del BBVA.
Julio Corrochano, expolicía y ex jefe de seguridad del BBVA.

A finales de este año Bankia cumplirá 10 años desde su creación. Entonces los clientes de Caja Madrid, pilar de Bankia, aún pensaban que era una entidad solvente y fuerte, como su logotipo, un oso verde. Poco a poco los rumores sobre su salud financiera se fueron extendiendo, pero todavía sus clientes confiaban en su entidad de toda la vida, esa que había cumplido más de 300 años. Por eso cuando el 7 de mayo de 2012 se anunció la intervención de Bankia y la salida de su entonces presidente, Rodrigo Rato, para nombrar a José Ignacio Goirigolzarri, los clientes no salían de su asombro. “Cómo se ha llegado a esto”, se repetían.

Cinco años después, los clientes de Banco Popular experimentaron una experiencia negativa similar. “Pero si Popular ha sido tradicionalmente el banco más solvente y eficiente de Europa. ¿Qué ha pasado? Ayer operé con Popular y hoy me he levantado con la noticia de que el banco ha pasado a manos de Santander. ¿Qué ha sucedido?”, se preguntaban sus depositantes y accionistas el 7 de junio de 2017.

Ahora otro banco, BBVA, y su antigua cúpula, con su expresidente Francisco González a la cabeza, se sienta en el banquillo como investigado. No es un caso para nada similar a los citados, salvo en una cosa. Presumió de ser transparente y legal, y es justo por todo lo contrario por lo que se le está investigando.

Francisco González siempre presumía y repetía hasta la saciedad: “Todo lo que hacemos en BBVA es legal, ético y publicable”. Y ahora se le investiga por presuntos encargos a Cenyt, sociedad del excomisario José Manuel Villarejo, para espiar a empresarios, políticos, banqueros y periodistas.

La semana que acaba de finalizar estuvo protagonizada por el levantamiento del sumario del caso BBVA-Villarejo por parte de la Audiencia Nacional. El sumario, compuesto por 17 tomos, incluidos audios y más de 100.000 folios, se ha convertido en la lectura casi obligada de estas semanas. Se ha transformado en un serial donde parece que en el banco había dos realidades. Una en la parte financiera, donde no se podía mover ni una mosca sin el permiso y control de su presidente desde 1996 al 20 de diciembre de 2018, Francisco González.

Pero había otra realidad, la del departamento de seguridad, un cortijo, según se desprende ahora de los documentos y audios del sumario del caso BBVA-Villajero, en el que un expolicía, Julio Corrochano, hacía y deshacía a su antojo, pero no se sabe sin con el permiso o sin él de Francisco González, y de su entonces parte del equipo.

En este departamento fallaron todos los sistemas de controles internos en los últimos 13 años. La Fiscalía Anticorrupción pidió la imputación de BBVA al considerar que desde 2004 a 2017 la entidad “había vulnerado sistemáticamente sus controles internos”. Y así fue. E incluso ahora González no puede negarlo.

El caso BBVA ha sido como abrir la caja de los truenos para los departamentos de seguridad de las empresas españolas, y sobre todo de las grandes firmas del país, que decidieron imitar hace más de una década a FG y contratar a expolicías para proteger, vigilar y controlar todo lo que se moviese en esta división y por extensión en casi toda la compañía. Los expolicías comenzaron a asumir un poder en estos departamentos que no se ha hecho visible hasta ahora.

Corrochano como sus colegas convirtieron estos departamentos de seguridad en sus cortijos.
Pero estos hechos traerán secuelas, por lo menos en el sector financiero. El Banco de España, de acuerdo con el Banco Central Europeo (BCE), está dispuesto a dar otra vuelta de tuerca a los controles internos de gobernanza de las entidades financieras para evitar casos como los de BBVA en un futuro.

Tienen previsto endurecer los requisitos de gobernanza, y dar donde más les duele a los bancos, en su capital. La gobernanza ya forma parte de la composición de las exigencias de capital que realiza el BCE anualmente a través del conocido como SREP en sus siglas en inglés (proceso de revisión y evaluación supervisora). Pero ahora el objetivo de los supervisores es aumentar el peso de los controles de gobernanza a la hora de evaluar el capital de una entidad financiera en sus ejercicios.

Los supervisores también están a favor de que los banqueros, directores y consejeros de las entidades limiten la edad para ejercer sus cargos a los 65 años. No quieren que se eternicen en sus sillones.

Y por cierto, están preocupados por el caso BBVA-Villarejo, pero sobre todo por el fallo de los controles que hubo en el banco, y especialmente por el efecto reputacional que tiene para todo el sector financiero.

El impacto que pueda tener para BBVA una teórica inculpación en su capital es lo menos significativo, ya que sería totalmente asumible porque la multa no llegaría a sobrepasar los 25 millones de euros, según apuntan fuentes financieras y jurídicas.

Curiosamente este caso no ha influido para nada en el negocio de BBVA, ni en su cotización. De hecho, el pasado año BBVA fue la entidad con un mejor comportamiento en Bolsa de la banca española.

Y todo indica que Carlos Torres, presidente de BBVA, está a salvo del caso que ahora se juzga. “No existe ninguna posibilidad de que me impliquen en el caso. No tengo ninguna conexión con los asuntos que se investigan”, afirmó tajantemente hace dos semanas en la presentación de resultados del banco.

Torres, de hecho, cuenta con la bendición de los supervisores. Ha pasado todos los filtros de idoneidad, y nadie le señala.

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