La suma de incertidumbres impacta en el ánimo de los inversores

Hay que exigir cotas más elevadas de responsabilidad sobre el bloqueo político

Los vaivenes de la guerra comercial entre Estados Unidos y China y la larga serie de incertidumbres que además de esta aquejan a la economía en distintos escenarios ha llevado a los gestores de fondos europeos a un diagnóstico preocupante sobre la situación del mercado que conviene no pasar por alto. De hecho, las expectativas de estos sobre el crecimiento de la economía y de los beneficios de las empresas en la Unión Europea están en mínimos de siete años, cuando en 2012 la crisis de deuda atravesó la zona euro.

Casi el 60% de los inversores prevé que la economía de la zona euro se debilitará en los próximos doce meses, según la encuesta de gestores del mes de agosto de Bank of America, prácticamente el doble que el mes anterior, y la cota más alta desde diciembre de 2011. Ante este panorama, amplían sus preferencias por las posiciones ultradefensivas y por mantenerse en activos de alta calidad o directamente en liquidez, una estrategia que está en su cota más alta de los últimos cinco años.

La bandera blanca entre Estados Unidos y China sería, unida a una mejora en las perspectivas globales y comerciales, la mayor fuente de crecimiento para la zona euro, más incluso que los nuevos estímulos que prepara el Banco Central Europeo (BCE). Así lo ha venido a demostrar una vez más la positiva reacción de los mercados al aplazamiento a diciembre, anunciado ayer por la Casa Blanca, de la entrada en vigor de los nuevos aranceles a productos de China que se iban a aplicar inicialmente desde el próximo 1 de septiembre.

Los escenarios inciertos, sin embargo, se extienden como una mancha de aceite. El riesgo a una política monetaria ineficiente, la inquietud ante las crecientes políticas populistas, la ruptura del Gobierno en Italia o la vuelta con fuerza del peronismo en Argentina sustentan los temores. A todo ello hay que añadir la extensa inestabilidad que el Brexit viene inyectando en la Unión Europea, y que se ha convertido en las últimas semanas en una fuente creciente de profit warnings en las propias empresas británicas.

Las dudas sobre el vigor de la economía europea son una mala noticia para España. Como también lo es un tan indeseable como interminable bloqueo político que ha llevado a los inversores encuestados a cambiar a peor el sentimiento sobre la economía española: el porcentaje de gestores dispuesto a sobreponderar sus posiciones en el mercado bursátil español se ha reducido a la mitad, el descenso más abrupto entre los países de la zona euro. Suficiente como para exigir cotas más elevadas de responsabilidad a quien corresponda.

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