La innovación sanitaria es clave para la sostenibilidad

En España, la industria farmacéutica es el segundo sector que más invierte en I+D

Una investigadora en laboratorios Lilly
Una investigadora en laboratorios Lilly

Muchos son los retos que afrontará España en los próximos años, pero sin duda uno de los más importantes tiene forma de pirámide invertida. En 2033 uno de cada cuatro habitantes de nuestro país tendrá más de 65 años, según las Proyecciones de población 2018 del Instituto Nacional de Estadística (INE). El incremento de la esperanza de vida, hasta los 87,7 años en mujeres y 82,9 años en hombres, no vendrá solo: aumentarán también las enfermedades crónicas y el número de personas que viven solas alcanzará el 12% de la población.

Esta tendencia, de la que ningún Estado miembro de la Unión Europea quedará al margen, va a obligar a todos los Gobiernos a reflexionar sobre la sostenibilidad del gasto sanitario. Un debate complejo y no siempre rentable en términos electorales, pero que es necesario abordar cuanto antes, porque de él depende la asistencia de millones de pacientes.

La agenda política de 2019 presenta varias oportunidades para situar la sostenibilidad entre las prioridades de la conversación. Ante las próximas elecciones al Parlamento Europeo, la Federación Europea de la Industria Farmacéutica (Efpia) ha publicado el manifiesto Construyendo un futuro más saludable para Europa para reconocer el peso de la innovación farmacéutica y su importancia a la hora de garantizar una atención sanitaria de calidad. En la Unión, la inversión en I+D del sector ascendió a más de 35.000 millones de euros en 2017. En España la industria farmacéutica constituye el segundo sector empresarial que más invierte en innovación y desarrollo, de acuerdo con los últimos datos del INE.

Pero más allá de cifras y porcentajes, cuando hablamos de innovación, hablamos, por encima de todo, de beneficios objetivos y medibles para los pacientes y el conjunto de la sociedad. Al disminuir la progresión de las enfermedades crónicas y sus complicaciones, los tratamientos innovadores reducen el número de cirugías e ingresos hospitalarios. Y, en consecuencia, caen también las bajas laborales y los costes para los sistemas sanitarios. Gracias a la innovación farmacéutica, hitos inconcebibles hace apenas 20 años se han convertido en realidad. Este esfuerzo del sector ha conseguido, por ejemplo, hacer de una patología mortal como el VIH una enfermedad crónica, eliminar el virus de la hepatitis C o reducir un 20% las tasas de mortalidad por cáncer.

Sin embargo, el desarrollo de estas terapias no es un proceso rápido ni sencillo. Según las estimaciones de la Efpia, un proceso de I+D puede necesitar entre 10 y 15 años, y solo 1 de cada 10.000 moléculas acaba transformándose en un medicamento. Todo ello debería obligarnos a reorientar el paradigma en el que se suele analizar la innovación, a superar una perspectiva exclusivamente económica y a valorar no solo el precio del tratamiento innovador, sino su beneficio para los pacientes.

Especialmente relevante en este punto –máxime en un contexto marcado por la entrada de los biosimilares– es la aportación de los tratamientos biológicos a la sostenibilidad. En España, a través del sistema de precios de referencia, se igualan los precios máximos del medicamento biológico de referencia y del medicamento biosimilar, contribuyendo por tanto ambos, y no solo los biosimilares, a la sostenibilidad del sistema sanitario.

El camino de la investigación es largo y con múltiples retos; por eso, conviene recorrerlo en compañía. La colaboración constituye la mejor estrategia no solo para desarrollar nuevas terapias, sino también para conocer las necesidades reales de los pacientes más allá del tratamiento. Este enfoque colaborativo comprende tanto grupos de investigación, instituciones académicas, autoridades y empresas punteras en biotecnología, como las asociaciones de pacientes, que trabajan para empoderar al paciente en su enfermedad de manera que pueda tener más información y un papel activo en ella.

Precisamente, la implicación del paciente en todos los aspectos de la sanidad y, en especial, en la investigación de nuevos tratamientos ha cobrado una especial relevancia en los últimos años y se postula como uno de los retos clave en la próxima década. España ha tomado la delantera en Europa y desde 2016 cuenta con un real decreto de ensayos clínicos, que promueve el desarrollo de la investigación clínica en un entorno que garantice la protección de las personas que participan en ella. Fruto de este marco legislativo favorable y de la apuesta del sector por un modelo de investigación abierto y colaborativo, España es el segundo país mejor posicionado en ensayos clínicos para grandes compañías farmacéuticas. Una gran oportunidad que no podemos dejar pasar.

Tenemos uno de los mejores sistemas sanitarios de Europa y unos excelentes profesionales médicos. Es nuestra obligación, y la del resto de agentes implicados, cuidarlo y garantizar su continuidad. Todos debemos contribuir a la reflexión sobre la sostenibilidad del sistema. Hay que gestar nuevas ideas, probar diferentes enfoques, ser más audaces. El desafío es enorme, pero el objetivo merece el mayor de nuestros esfuerzos: permitir a millones de pacientes vivir más tiempo y mejor.

 Luis Nudelman es Director médico de AbbVie en España

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