El problema de las pensiones no es cuánto suben, sino cómo se financian

Limitar a la revalorización el debate supone hurtar su verdadero problema: reformarlas para que sean sostenibles

El problema de las pensiones no es cuánto suben, sino cómo
se financian

El precario acuerdo logrado por los partidos políticos en el Congreso para establecer un mecanismo de revalorización de las pensiones no puede cerrar el debate inaplazable sobre el verdadero problema de las prestaciones de vejez: su financiación actual y sus sostenibilidad futura. Propio de tiempos preelectorales, los partidos pretenden despachar el más importante de los asuntos sociales que tiene el país sobre la mesa, puesto que afecta a nueve millones de pensionistas ahora y a 20 millones de cotizantes que lo serán en el futuro, con un acuerdo abstracto que reclama al Gobierno subir las cuantías de las prestaciones “en base al IPC”, y de otra serie de variables que proporcionan racionalidad a las cuentas del sistema, pero de las que públicamente se prefiere callar.

Las cuantías de las pensiones actuales, con la media por debajo de mil euros mensuales, aconsejan mecanismos que garanticen el poder de compra, y así está comprometido para este año y el próximo, y de aplicar el Gobierno para los ejercicios siguientes la recomendación de los partidos representados en el Pacto de Toledo, lo será también para los siguientes. Pero limitar a la revalorización el debate de las pensiones supone hurtar su verdadero problema, que no es otro que reformarlas para que en el medio y largo plazo sean sostenibles. La propia ministra de Trabajo admitía ayer que la sostenibilidad solo se consigue con reformas y recursos adicionales.

El sistema tiene ahora un déficit anual de casi 20.000 millones de euros, que se abonan con transferencias del Estado obtenidas con emisiones de deuda, y crecerá de forma ininterrumpida cada ejercicio porque al avance del número de pensionistas esperado por al envejecimiento demográfico hay que sumar cuantías de las nuevas prestaciones más generosas que las actuales, y que avanzan a ritmos más acelerados que las cotizaciones.

Por tanto, y dado que no parece razonable distribuir unos recursos que no se tienen, los gestores actuales y los futuros del sistema de pensiones deben tratar de aproximar lo máximo posible la variable ingresos y la variable gastos, teniendo en cuenta la evolución de los parámetros que las determinan, tanto los ciertos como los volubles. Y todo parece indicar que seguramente habrá que actuar sobre los recursos y sobre los empleos, y hacerlo de tal forma que proporcione la visibilidad suficiente como para que las generaciones más maduras no vean cercenada su renta de forma súbita, y las más jóvenes dispongan de tiempo e instrumentos para recomponer por vías ajenas a la Seguridad Social lo que esta no puede proporcionarles.

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