Voluntad para pactar un modelo de educación que funcione y se consolide

España tiene un sistema educativo heterogéneo y diverso que es necesario reformar

La discusión sobre la calidad de la educación en España reúne todas las características de un debate continuo y eterno. Los puntos de crítica al sistema son numerosos y abarcan muy variados aspectos: desde el contenido y heterogeneidad de los currículos y los itinerarios pedagógicos, hasta las técnicas de enseñanza, los modelos de evaluación, el déficit de exigencia, las tasas de abandono, las fórmulas de financiación y, por supuesto, los resultados. Existe un único punto de acuerdo en este debate: la conciencia casi generalizada de que España tiene un problema con la educación y la urgencia de reformar y consolidar un modelo que funcione y arroje mejores resultados.

Las conclusiones de dos estudios presentados ayer en Madrid revelan que el gasto en educación ha caído desde el inicio de la crisis –desde el 5% al 4,5%–, lo que no impide que España se sitúe como uno de los Estados de la OCDE en los que existe mayor igualdad de oportunidades. Pese a ese diagnóstico, se señalan dos importantes rasgos que caracterizan la educación española y pueden explicar parte (que no todos) sus problemas y deficiencias. Por un lado, la heterogeneidad que supone un sistema educativo en el que las competencias están cedidas a las comunidades autónomas, lo que se traduce en diversidad de itinerarios lectivos y diversidad también de gasto por alumno, entre otras cuestiones. “¿Se puede hablar del sistema educativo español o habría que hablar de pequeños sistemas?” señalan los expertos. Por otro, el hecho de que los alumnos que provienen de entornos socioeconómicos más altos obtienen mejores resultados que los de zonas más deprimidas, no solo por el mayor gasto por alumno, sino también por la ventaja intangible que ejerce un entorno familiar con un nivel de estudios y cultura más altos.

Pese a todo lo anterior, también hay que recordar que los resultados de los alumnos españoles en las pruebas de Pisa desafían en ocasiones los límites que ejercen estos condicionantes. El caso de Castilla y León es un ejemplo de comunidad autónoma que obtiene una nota muy por encima de lo que le correspondería por su nivel de inversión. Ello hace pensar que existen factores que permiten optimizar los resultados educativos y sacar el máximo partido a las estrecheces y deficiencias de un modelo que sigue a la espera de una reforma. En varias ocasiones los líderes políticos se han mostrado partidarios de cerrar un gran pacto de Estado centrado en la educación, que hoy sigue viéndose lejano. Sería un error que el clima de crispación política en el que España está actualmente inmersa frustrase un proyecto que es fundamental para el futuro del país y de los ciudadanos.

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