El decepcionante Macron

Emmanuel Macron ganó las elecciones presidenciales y su partido consiguió una mayoría absoluta en el Parlamento francés para dinamizar y liberalizar la economía francesa, que desde hace años apenas crece y registra una tasa de paro del 10% y del 25% entre los jóvenes. Sabemos que la izquierda radical y los sindicatos se opondrán a algunas medidas. Pero Macron obtuvo del Parlamento el poder de aprobar medidas por decreto. El nuevo presidente francés se jacta de su valentía. En lugar de aplicar las medidas para liberalizar el mercado laboral que prometió (reducir las compensaciones por despidos, permitir que sindicatos y empresarios negocien a nivel de empresa y no sectorial), Macron ha dedicado sus primeras semanas para convocar (sin consultar a Italia) una cumbre sobre Libia cuyo resultado no traerá ni la reconciliación ni mucho menos la paz a la ex colonia italiana. También ha provocado la ira de Roma al bloquear la compra del astillero de Saint-Nazaire por parte de la empresa italiana Fincantieri. Y por si fuera poco Macron no ayuda a Italia a gestionar la presencia de 200.000 inmigrantes en su territorio. El estado francés posee participaciones por valor de más de un billón de euros en 1800 empresas, magnitudes que superan a las de todos los países occidentales. La propia Cour de Comptes critica duramente la gestión ineficaz del estado en empresas que controla como EDF, Areba, SNCF, ADP (aeropuertos), Thales y Safran. Macron tiene que aplicar las reformas que prometió para la economía francesa antes de querer encabezar la integración europea.

Normas