Tribuna

Hacia el autoconsumo industrial

La generación distribuida se perfila como una palanca clave para reducir la dependencia de los combustibles fósiles

La reciente cumbre del clima de Marrakech, organizada para concretar los compromisos fijados por el Acuerdo del Clima de París, supone un paso de gigante para la lucha contra el cambio climático. Los acuerdos de París serán recordados como el primer pacto a escala mundial para luchar contra este. Más de 200 países acordaron actuar para poner freno al cambio climático, una de las mayores amenazas para la humanidad. Aunque no será hasta 2018 cuando se fijen en Polonia las reglas definitivas y se decidan las cuantías económicas a dedicar, estos acuerdos marcan una evolución hacia un nuevo modelo energético sostenible medioambientalmente. Estamos pues en un momento de inflexión, ya que nunca antes habíamos presenciado un contexto mundial tan favorable para las energías renovables.

La necesidad de avanzar hacia un modelo económico-productivo bajo en carbono es ya incuestionable, y tanto los acuerdos vinculantes de la Cumbre de París como la Directiva Europea sobre Energías Renovables nos hacen pensar que hay voluntad de hacerlo. No obstante, un reciente estudio de la consultora Deloitte (Un modelo energético sostenible para España en 2050) recordaba que para cumplir los objetivos de reducción de emisiones en 2050 hacen falta políticas incentivadoras de cambios estructurales y nuevos marcos legales y regulatorios que favorezcan y den apoyo a la implantación de nuevas tecnologías de generación de energías renovables.

En este sentido, cobra especial importancia la regulación del autoconsumo industrial (también conocido como generación distribuida), que se perfila como una de las palancas claves para acercarnos a los objetivos de reducción de la dependencia energética de combustibles fósiles y que marca el camino hacia ese nuevo modelo energético en el horizonte. Los sistemas de generación distribuida de energía permiten apostar por un modelo de producción energética descentralizado, que produce energía limpia cerca del punto de consumo, mejora la eficiencia del sistema, y posibilita a industrias y empresas un ahorro en su factura eléctrica a medio y largo plazo.

"Debemos avanzar hacia un modelo democratizado de producción y consumo energético en el que los consumidores pasan a ser protagonistas"

Partiendo de un modelo imperante de producción energética centralizada y tradicional basado en fuentes fósiles, debemos avanzar definitivamente hacia un modelo democratizado de producción y consumo energético en el cual los consumidores, tanto particulares como empresas, pasan a ser protagonistas. Es la hora del autoconsumo y de las renovables, y somos muchos los que consideramos que este modelo una tendencia ya imparable. Las tecnologías requeridas para la implantación de sistemas de generación distribuida ya están en marcha, de hecho es una alternativa de la que ya se están beneficiando con éxito numerosos países. Este es el caso del Reino Unido, donde gracias a medidas como la renewables obligation (obligación de que parte de la energía de las distribuidoras sea de origen renovable) o la feed-in tariff (primas a la generación distribuida con renovables), la adopción de sistemas de autoconsumo industrial en el país es creciente.

Cabe destacar que si bien es el autoconsumo doméstico el que ha acaparado más titulares en los medios, no podemos olvidar que la demografía española no facilita esta modalidad de producción. Nuestras ciudades se edifican muy verticalmente, y esto dificulta la implantación de sistemas de autoconsumo individuales. En cambio, el autoconsumo industrial tiene una mayor cabida en nuestro país, ya que la industria se emplaza fuera de los núcleos urbanos y dispone de más espacio y posibilidades a la hora de instalar cualquier sistema de producción de energía sin sufrir la interferencia del entorno. Además, las industrias suelen tener patrones de consumo más estables entre día y noche, lo que les permite alcanzar tasas de autoconsumo superiores y por tanto, asegurar un mejor retorno de la inversión.

Así pues, las energías renovables no son una opción, sino una necesidad, y conllevan una ola de cambio y progreso hacia un modelo energético respetuoso con el entorno, en el que conjuguemos desarrollo industrial y económico con sostenibilidad medioambiental. Es nuestro deber poner al servicio del tejido industrial la tecnología para acometer este cambio, que transformaría el paradigma de consumo eléctrico en el sector empresarial, impulsando su competitividad y minimizando su huella de carbono. Los beneficios son incuestionables y la necesidad, imperiosa. La generación energética distribuida ha venido para quedarse.

Iván Nogueiras es director de Energía de Norvento.

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