El Foco

La factura política de la crisis

A nivel europeo, los partidos moderados no deben demorar la puesta en marcha de una política de inmigración común

La factura política de la crisis

La crisis financiera y económica de 2007-2010 requirió la recapitalización y el rescate de entidades financieras y la adopción, por parte de organismos internacionales y de Gobiernos, de programas de estímulo con medidas keynesianas para contrarrestar el incremento del paro y el hundimiento de la demanda. Los bancos centrales redujeron los tipos de interés a mínimos históricos, emprendieron compras masivas de activos y los Gobiernos financiaron proyectos en infraestructura, energías renovables y formación mediante una mayor inversión pública. Aunque se evitó una gran depresión, la población resintió que se rescatara a los bancos.

El masivo endeudamiento privado y público era consecuencia de burbujas inmobiliarias (EE UU, Irlanda, España), financieras (Islandia, Chipre) o estancamiento endémico (Portugal, Grecia). La crisis desatada en la eurozona a partir del primer rescate de Grecia impidió que sus Estados –especialmente los más endeudados– pudieran aplicar políticas keynesianas en toda regla. Debían reducir el gasto público, incrementar impuestos y efectuar recortes para cumplir con los programas de rescate de la troika (FMI, Comisión, BCE) en los casos de Grecia, Portugal, Irlanda y Chipre. También debían aprobar medidas para mitigar los efectos de la crisis sobre los más vulnerables.

Alemania, sus aliados septentrionales y el Bundesbank se aferraron a una obsesión propia del calvinismo al exigir una austeridad excesiva a países en recesión y con altas tasas de paro. Merkel, el Bundesbank y el Tribunal Constitucional alemán aceptaron a regañadientes los grandes fondos y mecanismos (Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, Mecanismo Europeo de Estabilidad, OMT) para evitar la quiebra de bancos y suspensión de pagos de Estados. El BCE tuvo que prestar a intereses mínimos a la banca por valor de más de un billón de euros (operaciones LTRO) para evitar la congelación del crédito, y continua efectuando compras mensuales por 60.000 millones de deuda soberana y bonos de empresas.

Europa recuperó la senda del crecimiento económico y la creación de empleo desde 2013 –con diferencias entre países–, pero el aumento de las desigualdades, de la pobreza y la impopularidad de los recortes empezó a pasar factura a nivel político. Partidos de extrema derecha o izquierda (Frente Nacional, UKIP, Podemos, Syriza, Alternative für Deutschland, Movimiento 5 Estrellas) añadieron la UE y sus instituciones a su lista de chivos expiatorios a los cuales cargar la culpa de una complicada crisis. La extrema derecha cautiva a la población de mayor edad y menor nivel cultural y educativo atemorizada por la globalización, atribuyendo la pérdida de poder adquisitivo a la afluencia de inmigrantes, a los que acusa falsamente de incrementar la criminalidad.

"Partidos de extrema derecha e izquierda cargan a la UE y sus instituciones la culpa de una complicada crisis"

En 2017, se celebrarán elecciones generales en Francia, Alemania, los Países Bajos y quizás Italia. Los partidos moderados deben encontrar fórmulas para neutralizar la demagogia, y a nivel europeo no demorar más la puesta en marcha de una política de inmigración común, junto a la prometida unión fiscal y bancaria, que establece un supervisor bancario europeo, garantía europea de los depósitos y un mecanismo europeo para recapitalizar o cerrar bancos sistémicos en apuros.

La UE debe cerrar filas ante los intentos del Gobierno conservador británico de negociar un brexit que permita a Reino Unido un acceso a la carta al mercado único, impidiendo el libre movimiento de comunitarios, pero manteniendo el de bienes, servicios y capitales que desea Londres. Sentaría un precedente peligroso que quieren aprovechar partidos radicales de otros Estados (FN para un frexit, Wilders para un nexit) para reivindicar un trato similar. Reino Unido no se puede convertir en un caballo de Troya que mine 60 años de integración europea.

Otro reto lo plantea Putin que, con creciente descaro, financia mediante un banco ruso al Frente Nacional y respalda a los partidos extremistas anti-europeos, lanza ciberataques, amedrenta con incursiones ilegales de sus cazas o submarinos a países de Europa oriental, y entrena a grupos de agitadores en Estados de la UE. Deben mantenerse las sanciones impuestas sobre Rusia a raíz de su anexión de Crimea e invasión encubierta de Ucrania oriental, y mediante una política europea energética común impedir que el Kremlin nos divida.

El caso de España, que desde 2014 supera a casi todos los países desarrollados en crecimiento del PIB, es paradójico. Después de acometer una devaluación interna y reformas estructurales de mucho mérito, el partido que sustentó al Gobierno durante la difícil legislatura de reformas y ajustes ha ganado dos elecciones. Pero la miopía de otros partidos impide que se forme Gobierno y se respete la voluntad del electorado. Nuestra prima de riesgo ascendió progresivamente hasta alcanzar los 600 puntos y llegamos a pagar más del 7% por vender el bono a diez años a mediados de 2012.

"Reino Unido no se puede convertir en un caballo de Troya que mine 60 años de integración europea"

La intervención del BCE y las reformas y ajustes de la legislatura 2012-2015 nos han permitido reducir la prima de riesgo a 107 puntos. El bono español a diez años cotiza al 1,01%, mientras que los inversores ya exigen más (1,13%) al tesoro italiano, así como a países avanzados y solventes como Canadá (1,06%), Corea (1,36%), EE UU (1,59%) o Australia (1,86%). El PIB español continua creciendo alrededor del 3%, nos visitarán 75 millones de turistas y los inversores extranjeros apuestan por nuestro país. Nos estamos ahorrando miles de millones en la financiación de la deuda, que se pueden destinar a mayor inversión en educación, sanidad, infraestructuras, I+D+i y políticas sociales en cuanto el nuevo Gobierno pueda aprobar los Presupuestos.

El próximo año se cumplirán el septuagésimo aniversario del inicio del Plan Marshall y el sexagésimo aniversario del Tratado de Roma, respectivamente. Merece la pena recordar que George Marshall, Robert Schuman, Konrad Adenauer, Jean Monnet y Alcide De Gasperi fueron estadistas europeístas y atlanticistas que forjaron la CEE y la relación transatlántica. Gestionar la demagogia, el brexit, las provocaciones de Putin y la mayor afluencia de inmigrantes a Europa desde 1945 exige mucha habilidad. Los líderes actuales deben mostrar la misma valentía que los padres fundadores de la integración europea.

Alexandre Muns Rubiol es profesor de EAE Business School.

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